Charles Darwin sobre por qué los ignorantes suelen creerse más listos que el resto: "La ignorancia genera confianza más frecuentemente que el conocimiento"
El autor de "El origen de las especies" dio con una tecla igual de vigente. A pesar de pronunciar la frase en 1871, sigue describiendo el mundo actual.
La frase tiene más de un siglo y sigue describiendo con precisión incómoda muchos debates actuales. "La ignorancia genera confianza más frecuentemente que el conocimiento". La escribió Charles Darwin en The Descent of Man (1871) y no iba dirigida a la política ni a las redes sociales, que aún no existían, sino a la forma en que los seres humanos evaluamos nuestras propias capacidades.
Darwin no hablaba de arrogancia gratuita ni de estupidez como rasgo moral. Hablaba de algo más profundo y universal: cuanto menos sabemos, menos conscientes somos de lo que ignoramos, y esa falta de perspectiva suele traducirse en seguridad excesiva. El conocimiento, en cambio, introduce duda, matices y límites. Y eso, paradójicamente, reduce la confianza.
Una observación científica, no un insulto
Darwin no estaba atacando a nadie. Su reflexión aparece en un contexto científico y filosófico, ligado a la evolución del comportamiento humano y a la psicología social incipiente del siglo XIX. Para él, la autoconfianza no siempre era señal de competencia, sino a menudo de desconocimiento.
La lógica es sencilla. Aprender amplía el mapa mental, pero también deja al descubierto todo lo que queda fuera. Quien estudia un tema en profundidad descubre excepciones, contradicciones y zonas grises. Quien apenas lo conoce, en cambio, cree dominarlo porque no ve su complejidad.
Por qué saber más suele hacernos dudar más
El conocimiento no solo aporta datos: enseña a medir la incertidumbre. En ciencia, dudar no es un defecto, es una virtud. Darwin lo sabía bien. Su teoría de la evolución no se construyó a partir de certezas inmediatas, sino de años de observación, correcciones y preguntas abiertas.
Ese mismo mecanismo opera en la vida cotidiana. Cuanto más sabes de economía, más consciente eres de sus variables imprevisibles. Cuanto más estudias medicina, más entiendes lo que no se puede asegurar. Cuanto más lees historia, menos te atreves a dar respuestas simples.
Un fenómeno que hoy tiene nombre
Más de un siglo después de Darwin, la psicología moderna puso nombre a esta intuición: el efecto Dunning-Kruger, descrito en 1999 por los psicólogos David Dunning y Justin Kruger. Sus estudios demostraron que las personas con menos habilidades tienden a sobreestimarse, mientras que las más competentes suelen infravalorarse.
Darwin no conocía ese término, pero había identificado el patrón con claridad. Y lo había hecho observando el comportamiento humano del mismo modo que observó la naturaleza: con paciencia y sin moralizar.
Redes sociales, debates y exceso de certeza
La frase de Darwin, como ocurre con tantas otras de filósofos o científicos de otra época, resuenan hoy con fuerza por su vigencia: en este caso, vivimos rodeados de opiniones rotundas. En debates públicos, tertulias o redes sociales, la seguridad con la que se afirma algo suele ser inversamente proporcional al conocimiento real que hay detrás.
No es casual. Las plataformas digitales premian la contundencia, no la duda. Explicar que algo es complejo, incierto o provisional tiene menos impacto que afirmar una verdad simple y absoluta. Darwin habría reconocido el patrón al instante.
Pero su advertencia no iba dirigida solo a "los otros". También es un recordatorio incómodo para quien sabe: el conocimiento auténtico exige humildad.
En su época, esa actitud le costó críticas feroces. Hoy, sigue siendo incómoda. Porque aceptar que sabemos menos de lo que creemos no resulta agradable, pero es el primer paso para aprender algo de verdad.