Nicolás Copérnico, científico: "La naturaleza nunca hace nada superfluo, nada inútil, y sabe sacar múltiples efectos de una sola causa"
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Nicolás Copérnico, científico: "La naturaleza nunca hace nada superfluo, nada inútil, y sabe sacar múltiples efectos de una sola causa"

El hombre que sacó a la Tierra del centro del universo esperó casi 25 años, temiendo a la Iglesia, antes de dejar que alguien leyera cómo lo había hecho.

Una estatua de Nicolás Copérnico en Torún (Polonia), su ciudad natalJakub Porzycki/GETTY

Nicolás Copérnico (1473-1543) nació en Toruń y murió en Frombork, en la actual Polonia. En 1543, el mismo año de su muerte, se imprimió De revolutionibus orbium coelestium, la obra que hoy se considera el punto de partida de la astronomía moderna.

En sus páginas defendió que el Sol, y no la Tierra, ocupaba el centro. La idea rompía con el modelo geocéntrico de Ptolomeo, que la cultura occidental había dado por bueno durante casi catorce siglos, y degradaba a nuestro planeta a uno más entre los que giran.

Copérnico dedicó unos 25 años a perfilar ese modelo. Pero tardó en publicarlo, consciente de que chocaba de frente con la visión que la teología medieval consideraba cerrada. El motivo de esa demora explica buena parte de su leyenda.

¿Quién fue realmente Nicolás Copérnico?

No fue un astrónomo de profesión. Se matriculó en la Universidad de Cracovia en 1491 y completó su formación en Italia —Bolonia, Padua, Ferrara—, y ejerció como canónigo en la catedral de Frombork, un cargo administrativo dentro de la Iglesia.

Esa formación amplia —lenguas clásicas, derecho, medicina— es la que le valió la etiqueta de polímata. Y observó el cielo sin instrumentos ópticos: el telescopio no llegaría hasta décadas después, ya en manos de Galileo.

¿Por qué esperó casi 25 años para publicarlo?

Su modelo no solo corregía cálculos: desplazaba a la humanidad del centro de la creación. Ese giro contradecía la lectura que la Iglesia hacía de las Escrituras, y Copérnico temió el rechazo. Prefirió circular sus ideas entre unos pocos allegados.

Fue el joven matemático Georg Joachim Rheticus quien le convenció de imprimir la obra. Se publicó de forma póstuma, en 1543, con un prólogo anónimo (añadido sin permiso por el teólogo Andreas Osiander) que presentaba el heliocentrismo como mera hipótesis para suavizar el golpe.

¿Todas las frases que se le atribuyen son suyas?

No. Una de las citas que más circula con su nombre —"saber que sabemos lo que sabemos, y que no sabemos lo que no sabemos, ese es el verdadero conocimiento"— no es de Copérnico. Procede de las Analectas de Confucio y se popularizó en Occidente a través de Thoreau.

El error es habitual en las recopilaciones de frases célebres, que se copian unas a otras sin volver a la fuente. Por eso conviene separar lo que Copérnico escribió de lo que la posteridad le fue colgando.

Las frases que sí escribió Copérnico

Sus citas verificables proceden casi todas de De revolutionibus. En el Libro I sostiene que "en primer lugar, debemos saber que el universo es esférico", y razona que la propia Tierra también lo es porque, durante los eclipses, proyecta sobre la Luna una sombra con el arco de un círculo perfecto.

La más recordada describe el nuevo orden que él mismo había propuesto: "Como sentado en un trono real, el Sol gobierna la familia de astros que giran alrededor suyo". Y la que encabeza este texto resume su confianza en una naturaleza que no gasta nada de más.

Copérnico murió sin saber que su reordenación del cielo abriría la revolución científica. Su frase sobre una naturaleza que no hace nada superfluo sobrevivió al hombre: describía el cosmos, pero también, sin pretenderlo, su forma de pensarlo.

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