Cuando pensar se convierte en un lujo: la lectura profunda se fractura por clases sociales mientras la pantalla sustituye al texto en la vida diaria
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Cuando pensar se convierte en un lujo: la lectura profunda se fractura por clases sociales mientras la pantalla sustituye al texto en la vida diaria

Un experto relata que los estudiantes reconocen no logran acabar la lectura de un texto de 20 páginas por ser demasiado largo y que no dejan de perder el hilo.

Un profesor leyendo a una clase de adolescentesGetty Images

Un profesor pone como tarea a sus alumnos leer un ensayo de 20 páginas y ninguno la termina. Le ha pasado a Tyler Jagt, que ha contado esta experiencia vivida en su clase de retórica y escritura. Y es que los académicos llevan tiempo advirtiendo de que las habilidades de lectura y la capacidad de atención de los estudiantes son muy bajas,  según un artículo publicado en Chronicle of Higher Education.

El texto en cuestión “tenía la misma extensión que había asignado durante cinco años y la misma extensión que había leído sin quejarme cuando era estudiante de pregrado hace una década”, relata Tyger Jagt, que ha impartido clases de literatura y escritura crítica en las universidad estadounidenses de Mercer, de James Madison y de Wake Forest.

"Cuando pregunté por qué no habían terminado, una estudiante reconoció con toda sinceridad que el texto era demasiado largo y no dejaba de perder el hilo del contenido", relata este docente. Además, no se trataba de una clase de recuperación de estudiantes poco aplicados, éstos habían superado el proceso de admisión y escrito ensayos lo suficientemente buenos como para entrar. Sin embargo, una lectura académica rutinaria los había superado.

Numerosos colectivos de profesores están alertando sobre la falta de habilidades de lectura y capacidad de atención de los estudiantes actuales. Además, mientras la pantalla sustituye al texto, en la vida diaria la lectura profunda se fractura según la clase social a la que pertenezcan los alumnos. Como también ha publicado The College Fix, algunos estudiantes universitarios tienen dificultades para leer incluso unas pocas frases. Algunos estudiantes de universidades de la Ivy League no pueden terminar un libro completo. De hecho, algunos estudiantes ya no tienen la capacidad de atención suficiente para terminar de ver una película.

Jagt menciona tres problemas principales que están contribuyendo a esta situación: las ramificaciones de los teléfonos inteligentes, la IA y el currículo básico común. "Mis alumnos de distritos que fomentaron la lectura sostenida mediante clases reducidas, políticas estrictas sobre el uso del teléfono y profesores que se negaban a preparar a los alumnos para los exámenes, llegan con la atención relativamente intacta", escribió. «Mis alumnos de distritos que se rindieron ante los dispositivos y las pruebas estandarizadas llegan agotados cognitivamente».

Según opina este experto, "una democracia que exige un electorado alfabetizado está, en realidad, privando a una parte de ese electorado de la alfabetización, mientras que a la otra le vende un estilo de vida de "trabajo profundo" como un bien de lujo. Es decir, esos estudiantes que hoy no pueden leer un artículo de 20 páginas "son los votantes que mañana no podrán leer un proyecto de ley, o los jurados que no podrán seguir un alegato final", advierte el docente.

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Soy redactora en HuffPost España, donde escribo de temas sociales y estilo de vida.

 

Sobre qué temas escribo

Hablo cada semana sobre varios temas en los que nos aporta una nutricionista sus consejos para llevar una vida saludable, sigo los temas de okupaciones en todo el mundo e intento reflejar cómo los problemas y las buenas noticias nos afectan ya de forma global con ejemplos de casos de particulares y poniendo el foco en especial en estudios científicos que demuestren todos los avances que estamos viviendo.

 

Mi trayectoria

Estudié Periodismo en la Universidad Complutense e hice el Máster de Periodismo de la UAM/ELPAÍS, así como el de desarrollo de directivos de PRISA y el IESE. He sido jefa de diversas secciones en EL PAÍS, después, directora de comunicación en diversos organismos, pero, sobre todo, lo que me gusta es escribir. Por eso estoy aquí, para contar historias y buscar temas exclusivos para los lectores. Antes de todo esto, mi especialidad fue durante años la educación. Soy madrileña, de padre catalán y abuelos vascos y de las dos castillas, por lo que me siento de toda España y no entiendo tanta confrontación. Y, sobre todo, me considero muy europea. He recibido el Premio de Periodismo de la Fundación Conocimiento y Desarrollo, así como el Premio de Periodismo Educativo Esteban Barcia. He escrito un par de libros sobre El papel de los padres en el éxito escolar de los hijos.

 


 

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