De banqueros en Madrid a nómadas en el Pacífico: la pareja que lo dejó todo atrás confiesa la parte fea del viaje y por qué "tuvieron que parar"
Celia y Álvaro llevan cinco años navegando por el mundo, pero reconocen que no todo es paradisiaco: una avería en el Atlántico y un desastre en Panamá casi hunden su proyecto.

¿Quién no ha soñado alguna vez con dejar la oficina y echarse a la mar para recorrer el mundo? Puede que lo hayas pensado alguna vez. Celia y Álvaro, una pareja de jóvenes españoles, han convertido ese sueño realidad tras cambiar sus trajes de banqueros por el bañador. Ahora llevan cinco años documentando su vuelta al mundo en el canal de YouTube Nómadas del Mar.
Sin embargo, en uno de sus últimos vídeos han decidido mostrar la cara oculta de esa vida idílica. Porque pasar de la comodidad de la Castellana a la incertidumbre del océano tiene un precio.
De la oficina al mar
"Antes de tener esta vida teníamos otra bastante distinta, ambos vivíamos en Madrid, ambos trabajábamos en banca. Teníamos nuestra rutina, nuestros horarios, esa vida estaba bien, pero la verdad es que sentíamos que nos faltaba algo. Siempre nos había gustado el mar y la naturaleza, pero jamás habíamos pensado nunca en ello como forma de vida", indica al inicio del video Celia.
La madrileña explica que decidieron cambiar sus respectivas oficinas y estilo de vida rutinario para abordar y navegar el mundo en un barco. "Ambos queríamos una vida conectada con la naturaleza, empezamos a unir puntos y Álvaro ya conocía el mundo de la navegación, ya que navego durante muchos años por el Mediterráneo y el Caribe, pues se empezó a formar esta idea.", manifiesta ella.
No fue un inicio sencillo: "Al principio no era una vida a tiempo completo y es que empezamos yendo fines de semana a Valencia, que es donde teníamos el barco, mientras continuábamos nuestra vida trabajando en Madrid. Así estuvimos un par de meses, aprendiendo, liándola, que se nos rompieron un montón de cosas porque todavía no conocíamos el barco, y fue enfrentarnos a ser dueños de un barco y aprender de los errores cada vez que salíamos a navegar", detalla Álvaro.
La pandemia del covid fue el impulso definitivo para la aventura marítima para la pareja. "Tuvimos que rehacer todo nuestros planes y fue el empujón final que necesitábamos para tirarnos al mar y empezar nuestra vida abordo. Tras la cuarentena dejamos nuestros trabajos en Madrid y comenzamos nuestra vida abordo de nuestro barco", explica Álvaro.
Una avería en el camino
Luego de tener más experiencia navegando, ya habiendo trabajo en equipo, conviviendo en un espacio muy pequeño, y lidiando con todo tipo de problemas. Celia y Álvaro navegaron en primera instancia hasta las islas del Caribe.
Una vez soltaron amarras, el mar les puso a prueba. El momento más crítico llegó en el cruce del Atlántico, camino a las islas de Cabo Verde. En plena noche, les sorprendió un squall (un chubasco repentino con vientos muy violentos).
"Se nos rompió un obenque, que es uno de los cables que sujeta el mástil y fue un momento crítico. Hicimos un apaño en medio del Atlántico y lo bueno es que conseguimos llegar a Barbados después de 16 días", declara Álvaro.
Un percance que casi acaba con su aventura
Posteriormente, llegaron a la isla de San Blas, en Panamá, donde tomaron un respiro del ritmo de viaje que llevaban. "Tras todo lo que habíamos vivido, necesitamos parar, necesitábamos asentarnos un poco, trabajar, recuperar los ahorros que nos habíamos gastado en el viaje", detalla Celia.
Ambos tomaron la decisión de dejar el barco unos meses en una marina en Panamá mientras pasaba el periodo de lluvias, y aprovecharon ese tiempo para trabajar en España durante el verano europeo. Sin embargo, al regresar a Centroamérica en busca del barco se llevaron una sorpresa.
"Dejamos el barco en una marina en medio de la jungla y no nos dejaron poner un deshumidificador para la humedad. El barco se quedó allí y cuando volvimos se nos rompieron muchísimas cosas. El barco estaba muy mal y todo lo que ahorramos durante cuatro meses en España nos lo gastamos en poner en marcha de nuevo a Nómadas", confiesa Álvaro.
"El barco estaba destrozado, la verdad es que te daban ganas de llorar y nos hizo incluso plantearnos si seguir con este estilo de vida porque fue un mes muy duro de volver a poner el barco a punto", apunta Celia. Un recordatorio brutal de que, en la vida del nómada digital, el paraíso a veces se convierte en infierno.
