El as bajo la manga que convirtió a los Tercios Españoles en el ejército más imparable del mundo

El as bajo la manga que convirtió a los Tercios Españoles en el ejército más imparable del mundo

Los Tercios Españoles se dividían en diversas unidades según su función o arma. Y una de las unidades más importantes eran los arcabuceros.

Representación libre de un soldado del Tercio españolDALL-E

Las armas de fuego son una presencia cotidiana en la actualidad, ya tan familiares que apenas nos impactan visualmente, gracias en gran medida a décadas de exposición a través del cine. Sin embargo, su uso regular y portátil se remonta a finales del siglo XV y principios del XVI. Entre los destacados usuarios de este tipo de armamento se encuentran los renombrados Tercios Españoles.

Uno de los ejemplos más destacados de estas armas de fuego fue el arcabuz, el primer tipo de arma de fuego que se volvió común en los ejércitos europeos de la época. Posteriormente, el mosquete se sumó a mediados y finales del siglo, ofreciendo incluso más potencia de impacto. Ambas armas requerían ser recargadas por la boca, utilizando una baqueta para empujar la bala hacia el extremo del cañón.

Aunque su alcance efectivo oscilaba entre los 100 y 200 metros, su precisión era limitada a unos 50 metros. No obstante, la potencia de fuego que desplegaban estas armas podía resultar devastadora para las formaciones cerradas de los soldados enemigos. Hasta bien avanzado el siglo XVII, los Tercios Españoles hicieron un amplio uso del arcabuz, convirtiéndose los ejércitos de la monarquía hispánica en expertos en este tipo de armamento.

Los arcabuceros de los Tercios Españoles

Los renombrados Tercios se enfrentaban en formaciones considerables. Mayormente, los contingentes estaban compuestos por piqueros, guerreros vestidos con una larga lanza de entre cuatro y seis metros, respaldados por tropas de disparo. Su táctica para enfrentarse al enemigo era directa. En primer lugar, los fusileros lanzaban su munición a una distancia de entre 50 y 60 metros contra el enemigo.

Posteriormente, conforme los adversarios se aproximaban, los arcabuceros (armados con un arma considerablemente menos potente) salían de entre las filas y les disparaban varias ráfagas a unos 20 metros. Una vez agotadas las bajas posibles a distancia, llegaba el momento de que los camaradas demostraran su habilidad en el combate cuerpo a cuerpo, usando el acero.

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La función de los arcabuceros en los Tercios españoles era crucial, ya que constituían uno de los elementos más ofensivos y capaces de causar bajas (entre la infantería) dentro de la gran maquinaria de guerra. Su efectividad era tal que, a pesar de que inicialmente representaban un tercio del total de las unidades, su número aumentó hasta alcanzar el 80% en la última etapa.