El dilema de los jóvenes que no dejan de viajar en avión: "En cada vuelo me siento culpable por reventar mi huella de carbono"
Estos son los motivos por los que la juventud ignora los principios ecológicos y coge un avión.
Manon ha viajado por el mundo desde que era una niña. Según ella misma cuenta en el diario francés Le Monde, lo sigue haciendo regularmente, y cada vez con más frecuencia. Tanto con su familia, como con sus amigos. Pero hay algo que le carcome la conciencia cada vez que saca un billete: la huella de carbono.
"Cada vez que vuelo, me siento culpable por haber explotado mi huella de carbono", dice. "No duermo bien ni antes, ni después del viaje", asegura en su conversación con el medio de comunicación. Y, aunque dice que cada vez que surge un nuevo plan busca alternativas al avión, reconoce que "todavía no tengo convicciones lo suficientemente fuertes para decirles '¡vete sin mí!'".
En un estudio publicado en 2025 por la Federación Nacional de Aviación y sus Oficios (FNAM) de Francia, se descubre que los jóvenes de 18 a 34 años, aunque se declaran más sensibles que sus mayores a los problemas del impacto ambiental del avión, ahora representan el 46% de los pasajeros en ese país. Esto supone un aumento de 9 puntos respecto a 2016.
Las aerolíneas de bajo coste
Todos los jóvenes entrevistados en el periódico francés insisten en que son clientes de aerolíneas de bajo coste. "Cuando tienes 20 años, no posees mucho dinero, pero sí el deseo de disfrutar un poco de tu independencia, es difícil resistirse a un viaje de ida y vuelta de 70 euros a Italia ofrecido por una aerolínea de bajo coste...", señala Laurent Timsit, delegado general del FNAM.
Según él, esto debería verse como el efecto de la "democratización del transporte aéreo". Su principal explicación: "La significativa caída en las tarifas aéreas en los últimos veinte años, así como el fuerte desarrollo de las aerolíneas de bajo coste." Estas últimas representan más del 44% del tráfico aéreo francés, frente al 19% en 2010.
Por su parte, Alexis Chailloux, jefe de transporte de la ONG Climate Action Network, está muy al tanto de estos problemas. Según él, "los precios muy bajos de los billetes de avión baratos crean, especialmente entre los jóvenes, un efecto de inducción económica: generan una demanda que antes no existía". Sin embargo, tener una fuerte sensibilidad ecológica no es suficiente: "Las ciencias sociales muestran que también es necesario actuar sobre el medio ambiente para anclar los valores y cambiar las prácticas".
Mientras tanto, las aerolíneas apuestan por el motor de crecimiento que representan estos grupos, en particular ofreciendo tarifas para jóvenes y estudiantes. Porque si los jóvenes de 18 a 34 años aparecen en los estudios como los nuevos defensores de los vuelos "de corta distancia" y los llamados vuelos "VFR".