El verdadero cíclope: hace 600 millones de años vivió un antepasado tuerto; los investigadores lo consideran el origen de nuestros ojos
La posible evolución a partir del 'gusano tuerto' cambia de lleno lo que se creía hasta ahora.
Volver la pista sobre los pasos de nuestros ancestros no es solo una opción, sino una necesidad para conocer de dónde venimos. Pero si se echa la vista mucho más atrás, se observan otros detalles nada secundarios.
Es lo que ha ocurrido con un estudio de carácter internacional desarrollado por la Universidad de Lund (Suecia) y la Universidad de Sussex (Inglaterra), que ha 'viajado' hasta hace casi 600 millones de años, para estudiar el caso del 'gusano tuerto', una suerte de cíclope que habitaba el mar y que presentaba características aún hoy vigentes.
Aquel era un animal diminuto, como explican los investigadores, pero tenía algo especial. En su cabeza había un solo órgano fotorreceptor, que probablemente solo detectaba el brillo y la dirección, nada más le hacía falta a un organismo minúsculo que se alimentaba de plancton. Un ojo prehistórico, para entendernos. Y un primer paso que, con los millones de años posteriores, evolucionaría hasta los ojos tal y como los entendemos desde hace miles y miles de años.
Para llegar a esa conclusión, los científicos de las universidades sueca e inglesa han reconstruido aquel ojo prehistórico del microscópico gusano basándose en diferentes tipos de células fotosensibles. El resultado choca de lleno con lo que se creía hasta ahora, que existía un desarrollo lineal desde un ojo simple hasta uno progresivamente más potente.
Lo que se desprende aquí es que los ancestros de los vertebrados poseían inicialmente órganos fotosensibles pares, pero posteriormente los perdieron. Y fue entonces cuando comenzaron a aparecer nuevos ojos laterales a partir de un ojo central.
Con todo, los investigadores intentan poner algo de pausa en la tentación de querer reescribir ya el pasado de nuestros ojos y de paso de nuestra evolución biológica. "Desconocemos si los ojos pares de nuestra rama del árbol genealógico surgieron únicamente de la sensibilidad a la luz. La cuestión radica en si las células existían o ya producían imágenes simples", apunta a la revista Focus Dan-E Nilsson, profesor emérito de biología sensorial de la Universidad de Lund.
Del gusano apuntan él y sus colegas que no quedó nunca completamente ciego, sino que consiguió mantener unas células fotosensibles en el centro de su cabeza, punto de origen de lo que sería un ojo mediano simple. Y de ahí, célula a célula, los organismos comenzarían a adaptar sus necesidades de más luz, más detalle y más profundidad para ir dando forma a la construcción ocular moderna, en línea con entornos más complejos.