Expertos militares confirman la razón por la que el Ejército de EEUU no puede reparar a menudo su material, desde aviones a fusibles: "Me parece ridículo"
Restricciones en los contratos con fabricantes obligan a depender de empresas externas incluso para arreglos básicos, con costes millonarios y equipos inutilizados durante meses.
Un avión de combate parado durante meses. Un barco militar sin poder cumplir misiones. Soldados esperando a que llegue un técnico externo… para cambiar un simple fusible.
No es una escena de ficción.
Es, según denuncian expertos y militares, una realidad habitual dentro del propio Ejército de Estados Unidos.
El problema no es técnico, es contractual
La clave no está en la falta de capacidad de los militares. Está en los contratos.
Según explican distintos informes y testimonios recogidos en EE.UU., el Pentágono firma acuerdos con fabricantes que impiden a los propios soldados reparar parte del material que utilizan.
En la práctica, eso significa que solo las empresas pueden hacerlo. Incluso cuando se trata de arreglos sencillos.
Aviones en tierra… por falta de permiso
Las consecuencias son tan llamativas como costosas. Cazas valorados en decenas de millones de dólares pueden quedar inmovilizados durante largos periodos porque el personal militar no tiene autorización para intervenir.
Y no porque no sepa. Sino porque no puede.
El caso del F-35 Lightning II es uno de los más citados: mecánicos cualificados han reconocido que no pueden realizar reparaciones rutinarias por falta de acceso a la información técnica necesaria.
El problema se agrava en situaciones más complejas.
En la Marina, por ejemplo, se han dado casos en los que se han gastado millones de dólares en trasladar contratistas civiles hasta buques en mitad del mar para realizar reparaciones básicas.
¿El motivo?
La tripulación no tenía autorización para hacerlo.
Un oficial naval llegó a resumir la situación de forma contundente: "Me parecería exagerado decir que cumplíamos misiones. Muchas veces estábamos allí simplemente porque teníamos que estar. Era ridículo".
Detrás de todo esto hay un elemento central: el acceso a la información técnica.
Para reparar un equipo, no basta con saber cómo hacerlo. Hace falta disponer de los datos necesarios para diagnosticar problemas, fabricar piezas o intervenir correctamente.
Y esos datos, en muchos casos, están protegidos como propiedad intelectual de los fabricantes. Sin ellos, los militares quedan atados de manos.
Un cambio que viene de los años 90
No siempre fue así.
Hasta principios de los años 90, el Pentágono adquiría paquetes completos de datos técnicos que permitían a los militares reparar equipos o contratar a terceros en condiciones competitivas.
Pero ese modelo cambió con la consolidación de la industria de defensa, que pasó de decenas de grandes empresas a apenas un puñado.
Menos competencia, más poder para los fabricantes. Y más dependencia para el Ejército.
El debate del "derecho a reparar"
Todo esto ha alimentado en Estados Unidos un debate creciente: el llamado "right to repair" o derecho a reparar.
Una propuesta que busca dar más autonomía a los militares para arreglar su propio material.
La iniciativa ha contado con apoyos tanto demócratas como republicanos… pero no ha logrado salir adelante en el Congreso.
En gran parte, según denuncian algunos legisladores, por la influencia de la industria de defensa.
¿Seguridad o negocio?
Los fabricantes defienden su postura.
Argumentan que proteger su propiedad intelectual es clave para mantener la innovación y el desarrollo tecnológico.
Pero algunos informes del propio Pentágono cuestionan esa idea.
Señalan que gran parte de la investigación ya está financiada con fondos públicos y que el sistema actual puede incluso incentivar mayores costes.
El resultado es una paradoja difícil de ignorar. El Ejército más potente del mundo… que no siempre puede reparar su propio material. Ni siquiera en situaciones críticas.
Ni siquiera cuando la solución está al alcance de sus manos. Y todo, según denuncian expertos y militares, por una cuestión que poco tiene que ver con la tecnología… y mucho con los contratos.