Expulsados de sus propias playas por los hoteles de lujo: los jamaicanos luchan contra el muro de los resorts y el "turismo de plantación"
Reclaman el derecho a disfrutar de su propio país.

Durante décadas, las playas de Jamaica han sido uno de los grandes reclamos turísticos del Caribe. Millones de visitantes llegan cada año atraídos por sus aguas cristalinas, sus paisajes tropicales y los complejos hoteleros que se extienden junto al mar.
Sin embargo, detrás de esa imagen de postal, cada vez más jamaicanos denuncian sentirse excluidos de espacios que siempre consideraron parte de su vida cotidiana. Es la realidad que retrata un reportaje publicado por The Guardian, que recoge la lucha de activistas y vecinos contra la privatización de varios tramos de costa en la isla.
Su denuncia es contundente: el modelo turístico dominante beneficia a grandes inversores y visitantes extranjeros mientras limita el acceso de las comunidades locales a playas con un enorme valor social, económico e incluso espiritual. Para muchos residentes, la batalla ya no es solo por la arena o el mar, es una pelea por la identidad, la memoria y el derecho a disfrutar de su propio país.
"Esa playa nos crió y nos alimentó"
Devon Taylor, fundador del movimiento Jamaica Beach Birthright Environmental Movement (Jabbem), recuerda una infancia muy distinta en Mammee Bay, una playa situada en la parroquia de St Ann.
"Esa playa nos crió. Nos alimentó", comenta el jamaicano, quien recuerda que allí fue donde él aprendió a nadar, vio trabajar a generaciones de pescadores y acompañó a su familia durante años.
Pero ahora todo eso ya no es posible. Todo cambió, según relata, cuando en 2019 la zona fue cerrada con vallas y vigilada por personal de seguridad vinculado a nuevos desarrollos hoteleros.
"Cuando nos cortan el acceso al mar, nos están condenando a pasar hambre", afirma Taylor. El activista explica que las comunidades locales no usan este espacio solo para ocio, sino que dependen de estos espacios para la pesca, el pequeño comercio y actividades fundamentales para su día a día.
El debate sobre el "turismo de plantación"
Taylor y otros activistas de la isla utilizan una expresión especialmente dura para describir el modelo turístico actual: "Turismo de plantación".
"Lo llamamos así porque tiene todas las características de una plantación: explotación de trabajadores mal remunerados y una riqueza que no permanece en el país o que acaba únicamente en manos de las élites", denuncia. "Estamos generando los ingresos, pero no nos estamos beneficiando de ellos", lamenta otro activista, Damion Coombs.
La crítica se repite en distintos puntos de Jamaica. Desde la Blue Lagoon hasta las playas de Montego Bay, diversas organizaciones han llevado varios casos a los tribunales para intentar frenar proyectos que consideran una privatización encubierta de espacios públicos.
"No deberíamos luchar por algo que ya es nuestro"
Para muchos vecinos, el conflicto trasciende el turismo y conecta directamente con la historia colonial de Jamaica. "Nuestros antepasados derramaron sangre por esta tierra. No deberíamos estar obligados a luchar por algo que ya es nuestro", afirma el activista Olando Brown.
Los colectivos denuncian que algunas playas utilizadas por generaciones de familias jamaicanas están quedando cada vez más condicionadas por hoteles, villas privadas y nuevas infraestructuras turísticas y temen que el acceso público acabe dependiendo de permisos, horarios o incluso pagos.
Mientras el Gobierno promete nuevas medidas para ampliar el acceso a la costa, los activistas mantienen la presión. Su objetivo es claro: garantizar lo que denominan "derechos libres, legales y permanentes" sobre unas playas que consideran parte inseparable de la vida jamaicana.
