Una casa de pescador de 30 metros vendida por medio millón para convertirla en piso turístico: la rebelión contra el turismo de Canarias y Baleares ya salta al resto del Mediterráneo
Cuando el turismo asfixia la vida.

Durante años, las protestas contra la masificación turística parecían concentrarse en destinos como Mallorca, Menorca, Ibiza o Canarias. Sin embargo, el malestar también empieza a extenderse por otros rincones de Europa que hasta hace poco presumían de conservar una identidad local alejada de los grandes circuitos turísticos.
El último ejemplo llega desde Marsella. El escenario es el Vallon des Auffes, un pequeño puerto pesquero encajado bajo la Corniche Kennedy y considerado uno de los enclaves más fotografiados de la ciudad francesa donde los vecinos han decidido plantar cara a nuevos proyectos vinculados al turismo y la restauración.
Este hartazgo vecinal llega en un momento en el que, según denuncian los residentes, la presión sobre la vivienda, el incremento del ruido y la pérdida de población local "ya han transformado profundamente el barrio".
La chispa ha sido la apertura prevista de un nuevo espacio cultural y gastronómico, pero detrás de la protesta se esconde una preocupación mucho más amplia: la sensación de que un lugar tradicional está dejando de pertenecer a quienes lo habitan.
"Parece que vivimos como sardinas"
Según recoge el diario francés 20 Minutes, una veintena de vecinos se concentró para rechazar la llegada de un nuevo establecimiento que combinará actividades culturales y restauración.
Los residentes aseguran que la afluencia de visitantes se ha disparado en la última década. "Por la noche puede haber entre 400 y 500 personas", comenta Fabienne, un vecino que denuncia además un incremento de ruido acompañado de altavoces portátiles y reuniones que se prolongan hasta la madrugada. "Los que se comportan bien son bienvenidos, pero ya basta. Hay tanta gente que parecemos sardinas", resume Serge, vecino de 72 años que asegura haber pasado toda su vida en el barrio.
De puerto pesquero a escaparate turístico
La transformación también se refleja en el mercado inmobiliario. Algunos de los antiguos cobertizos de pescadores se han convertido en alojamientos turísticos tras alcanzar precios impensables hace apenas unos años.
"Estamos siniestrados por el turismo", afirma Guy, vecino de la zona desde hace más de cuatro décadas. Otro residente, Patrick, recuerda que el barrio ha pasado de contar con unos 400 habitantes a apenas 150.
La cifra que más indignación provoca entre los vecinos resume el fenómeno: pequeñas casas de pescadores de apenas 30 metros cuadrados se han llegado a vender por unos 500.000 euros para transformarlas en apartamentos turísticos.
Una batalla que ya recorre el Mediterráneo
El Ayuntamiento de Marsella defiende el proyecto y sostiene que permitirá recuperar un edificio histórico actualmente degradado. Sus promotores aseguran además que no habrá música y rechazan que se trate de una operación especulativa. Pero muchos vecinos no se lo creen. Temen que cualquier nueva atracción siga aumentando la presión sobre un espacio ya saturado y acelere la desaparición de la comunidad local.
La escena recuerda cada vez más a los debates que desde hace años sacuden Baleares, Barcelona o Canarias. Allí las protestas se centran en la vivienda, la masificación y la pérdida de calidad de vida. Ahora, esa misma conversación ha cruzado fronteras y empieza a instalarse también en otros destinos emblemáticos del Mediterráneo.
