Francisco, ingeniero jubilado de 85 años con tres doctorados: "Quiero ser un ejemplo para mis nietos, que sepan que todo es posible"
El anciano ha completado un viaje de 68 días en solitario con el que ha dado la vuelta al mundo.

Francisco Sayáns es un ingeniero jubilado de 85 años que tras hacer tres carreras universitarias (con sus correspondientes doctorados) ha optado por poner fin a su etapa en la universidad y enfrentarse a un reto incluso mayor: dar una vuelta al mundo en solitario.
El hombre ha concedido una entrevista al medio de comunicación Hoy en la que ha expresado que "la etapa de la universidad fue muy exigente, y lo de dar la vuelta al mundo era mi otro reto desde el punto de vista físico, espiritual y de superación personal".
No obstante, Sayáns ha destacado que decidió dar la vuelta al mundo a sus 85 años de edad para enseñarles a sus 15 nietos que "todo es posible". Al respecto, Francisco ha precisado que "sobre todo me pregunté, ¿qué puedo hacer que sea importante para mí y que sirva de ejemplo para mis nietos, que se sientan orgullosos de un abuelo que para ellos es peculiar y por eso me llaman 'friki'?".
En ese sentido, el ingeniero jubilado ha resaltado que "para viajar hay que atreverse, estar preparado intelectualmente, hace falta una actitud, una intención de saber más y de ver cómo hacen las cosas los demás y, sobre todo, no tener prisa".
"Una de las primeras condiciones que me puse fue no coger un solo avión porque en un avión no viajas, te transportas, que no es lo mismo. Lo que pasa es que no conseguí cumplirla porque para cruzar el Pacífico con los barcos que había era imposible", ha detallado Francisco.
"Primer paso épico" en el transatlántico Queen Mary
Como en toda historia, el comienzo es clave. "Algo así requiere un primer paso que sea épico", ha enfatizado Sayáns. Por ello, se desplazó hasta Southampton (Inglaterra) y se embarcó en el Queen Mary, un trasatlántico británico de más de 300 metros de eslora que en seis días le llevó hasta Nueva York (EEUU).
Después de visitar varios museos neoyorquinos, tomó un tren hasta San Francisco haciendo escala en Chicago. Desde allí, para llegar a Asia, no tuvo otra alternativa que coger un avión con el que aterrizó en Japón. "De Asia oriental me interesaba sobre todo el tema religioso y ver de qué manera se practicaba el budismo en Japón, Corea y China", ha explicado Francisco.
Viaje en tren de 2.700 kilómetros hasta Mongolia
Tras estar en China, disfrutar del Museo Naval Militar del país y quedar asombrado con Pekín, el ingeniero jubilado de 85 años realizó un viaje en tren de 2.700 kilómetros hasta Mongolia. "Desde allí decidí viajar a Kazajistán, el problema es que no hay trenes sino unas cordilleras altísimas y nevadas, así que tuve que hacer el trayecto en autobús, 36 horas de viaje", ha seguido contando Sayáns.
Respecto a esa parte del viaje, el hombre ha señalado que "cuando acabé me sentía fatal y pensé que, ya en la frontera, me tendrían que mandar de vuelta a España en ambulancia, sobre todo cuando vi el consultorio. Al final compré ibuprofeno en una farmacia, descansé dos días en el hotel y se me pasó".
Llegada a Rusia en tren transiberiano
Con la salud ya recuperada, Francisco tomó el tren transiberiano. Llegó hasta Omsk (Rusia), una ciudad cubierta de hielo pero que le llamó la atención por la existencia de una estatua que homenajea a Cervantes.
"Vi una ciudad muy pobre, todo muy viejo y sin mantener, las estaciones muy antiguas. No percibí a Rusia como una potencia, la verdad, aunque luego San Petersburgo parecía ya otra cosa", ha indicado el jubilado.
Regreso a Europa en autobús hasta Tallin (Estonia)
El autobús también fue el medio de transporte en el que Francisco Sayáns regresó a Europa, concretamente a Tallin (Estonia). Desde allí, se dirigió a Letonia, Lituania y Polonia, unos países a los que igualmente llegó por carretera y en los que el hombre de 85 años comenzó a notar el cansancio.
Sin embargo, su llegada a Alemania fue para él un chute de energía en la fase final de su vuelta al mundo. "Berlín me cautivó, me pareció muy interesante, tanto la ciudad como sus museos", ha asegurado el ingeniero jubilado.
El último destino de Francisco fue Bruselas, donde viven una de sus hijas y uno de sus nietos. "Llegué al hall de la estación antes que ellos y no me di cuenta de que este viaje terminaba hasta que no vi al fin algo mío, mi hija. Es una sensación rara, pero me quedé como en paz", ha subrayado Sayáns, quien ha completado su vuelta al planeta en 68 días.
