La prohibición de acceso a redes sociales a los menores de 16, una medida necesaria pero que por sí misma no frenará "los abusos de las plataformas digitales"
Es necesario acompañar la medida con una apuesta férrea por una educación que garantice una "ciudadanía digital responsable".

Mientras el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunciaba en Dubái que España prohibirá el acceso a redes sociales a las personas menores de 16 años, a casi 7.000 kilómetros de la ciudad más poblada de los Emiratos Árabes Unidos, la unidad de delitos informáticos de la Fiscalía de París se preparaba para registrar, junto con Europol, las oficinas de la red social X en la capital francesa para recabar información acerca de supuestas manipulaciones del algoritmo. El algoritmo, esa suerte de esencia intangible que, bajo las órdenes de los grandes magnates tecnológicos, guía nuestras vidas por derroteros que, a veces, hasta pensamos elegir con absoluta libertad.
Australia fue el primer país en abogar por la prohibición. En Francia y Portugal van por el mismo camino, y ahora en España. Como sucede con el tabaco o el alcohol, el Gobierno australiano aprobó la medida con el convencimiento de que las redes sociales hacen "daño". Hace apenas unos días, Save The Children recordaba que "Internet no solo se ha convertido en un nuevo canal para ejercer la violencia, sino que también ha dado lugar a nuevas formas de violencia propias del entorno digital". Lo decían tras anunciar la publicación de un informe acerca de la "violencia sexual contra la infancia en el entorno digital". Solo en dos años, las denuncias por abusos sexuales digitales contra niños y niñas aumentaron un 13%, de 954 en 2022 a 1.078 en 2024.
La evidencia empírica, desde luego, atestigua el daño que provocan las redes. En 2025, Save The Children publicó también un informe realizado en colaboración con la Asociación Europea para la Transición Digital que dejaba un dato incontestable: el 97% de los más de 1.000 jóvenes encuestados, de entre 18 y 21 años, "afirmó haber sufrido algún tipo de violencia sexual en entornos digitales cuando eran menores de edad".
Pero hay muchas más violencias. En 2024, la UNESCO advirtió del daño que las redes, sobre todo las basadas en imágenes, "pueden exponer a las niñas a materiales que van desde contenidos sexuales a vídeos que ensalzan comportamientos poco saludables o estándares corporales poco realistas", una "exposición que puede tener efectos especialmente perjudiciales en la autoestima y la imagen corporal de las niñas", algo que "repercute en su salud mental y bienestar, que son esenciales para el éxito académico". Este último aspecto, el de la academia y los estudios, también se ve afectado por los diseños "adictivos" que influyen "en la atención y los hábitos de aprendizaje, dificultando la concentración prolongada en tareas educativas y extracurriculares".
Y luego está la desinformación, que es donde Sánchez acostumbra a poner el foco. "Las redes sociales se han convertido en un Estado fallido en el que se ignoran las leyes, se toleran los delitos, la desinformación vale más que la verdad y la mitad de los usuarios sufren ataques de odio", dijo el presidente del Gobierno esta mañana. En las principales redes sociales, desinformación y odio suelen ir de la mano y son, en muchas ocasiones, el primer paso para un desencadenante violento.
Estas consecuencias violentas pudieron verse en 2024 en Reino Unido, con los pogromos contra inmigrantes tras el asesinato de tres niñas. La reportera Carole Cadwalladr escribió en The Guardian que aquello fue "el globo sonda de Elon Musk". "Este verano", escribió, “hemos sido testigos de algo nuevo y sin precedentes: el multimillonario propietario de una plataforma tecnológica se ha enfrentado públicamente a un líder electo [el laborista Keir Starmer] y ha utilizado su plataforma para socavar su autoridad e incitar a la violencia. [...] Y se salió con la suya".
La importancia de la educación
Las redes sociales y su toxicidad, pero sobre todo los objetivos e intenciones de sus propietarios, personas con nombres y apellidos, dañan a todo el mundo, tengan la edad que tengan. No obstante, como ha señalado la ministra de Infancia y Juventud, Sira Rego, su "impacto negativo se hace más evidente en la infancia". Es en la infancia y la adolescencia donde uno comienza a construirse como individuo, de ahí que los magnates quieran poner sus cimientos en esas fases.
Tal y como explica a El HuffPost Catalina Perazzo, directora de Influencia de Save The Children, "hay una serie de necesidades, habilidades y competencias que se desarrollan con la edad". "El impacto de, por ejemplo, el scroll infinito es diferente según la edad y el grado de madurez. Al final, se trata no solo de proteger a los menores sino también garantizar sus derechos. Del mismo modo que hay que poner el foco sobre la infancia y la adolescencia en el entorno físico, hay que hacerlo en el digital", explica. Para Perazzo, "la prohibición en sí misma no es la mejor medida" que puede tomarse para proteger o garantizar los derechos de los menores. "Se puede generar una falsa sensación de seguridad y conlleva también la expulsión de los chicos de espacios en los que pueden acceder a información que no tienen de otra manera", dice. Desde Save The Children abogan por acompañar esta restricción con otro tipo de medidas, como "mecanismos de verificación fiables, sobre todo para controlar el acceso a contenidos nocivos", como pueden ser los "discursos de odio o misóginos".
Perazzo señala que desde su organización siempre han defendido la importancia de "educar y ofrecer herramientas para saber utilizar las redes sociales": "Hay que educar para poder ser una ciudadanía digital responsable, conocedora de los riesgos que conlleva internet, pero también ofrecer otro tipo de herramientas, como puede ser la educación afectiva sexual, que es clave. Tú no puedes patear el problema a los 16 o 18 años si no haces antes una formación que permita que luego puedan hacer un uso responsable. Además, debe ir acompañada de herramientas para las familias. Siempre nos dicen que tenemos que dar ejemplo porque aprenden de lo que hacemos".
La directora de Influencia de la organización sí celebra que por fin se ponga el foco en los responsables de las plataformas digitales. "Es fundamental que se apuesta por exigirles responsabilidades. Es inaceptable que no se esté teniendo en cuenta la obligación de respetar los derechos de la infancia y la adolescencia desde el diseño mismo", comenta.
El periodista Ekaitz Cancela, autor de Utopías digitales. Imaginar el fin del capitalismo (Prometeo Editorial), si bien considera que se trata de una "de las medidas más fuertes que hemos visto en España contra las grandes tecnológicas y los discursos de odio", entiende que por sí sola no es suficiente para 'matar' a un algoritmo que quiere embrutecer a la sociedad. "Si se quisiera acabar con el algoritmo, en lugar de depender de leyes y de los tribunales para castigar a las empresas de Sillicon Valley y a sus directivos, el Estado debería promover protocolos o redes que cuenten con sistemas inteligentes donde haya una centralidad mucho mayor de moderadores humanos que de algoritmos. Es decir, un sistema donde los periodistas, científicos, expertos o la sociedad civil tengan más peso", explica el periodista también a El HuffPost.
¿Por qué es importante apostar por otro tipo de redes? Porque, a pesar de que la medida anunciada este martes sea de lo más "agresivo" que se haya visto en cuanto a regulación y nivel de protección, "no va a impedir que se sigan cometiendo abusos en las plataformas. Sabemos que el capitalismo siempre busca las maneras más ingeniosas para sortear la ley, y las medidas anunciadas no garantizan que esto no vaya a ocurrir".
Cancela deja para el final un inciso sorpresivo, el lugar escogido por Sánchez para avanzar la medida: "Es paradigmático que lo haya hecho en Dubái, un lugar conocido por su poco respeto a los derechos humanos y que es más bien conocido por usar herramientas de inteligencia artificial y de tecnología avanzada para perseguir a los disidentes".
El anuncio del presidente ya tiene una primera reacción de peso, colérica incluso, la de Elon Musk. El magnate tecnológico y dueño de X ha acusado a Sánchez de ser un "tirano", un "traidor al pueblo" y una persona "sucia" por poner límites en el acceso a las redes... entre ellas su X.
