Gayle, estilista de celebrities de 53 años, dejó Londres por una finca en la sierra de Tramuntana: "Nunca volvería"
Ahora tiene un estilo de vida más relajado y alejado de la hiperconexión.

Cada vez más personas cambian el ruido de las grandes ciudades por una vida más lenta, más verde y menos acelerada. Lejos de ser solo una fantasía de escapada, la búsqueda de equilibrio, tiempo en familia y bienestar se ha convertido en una prioridad real para quienes sienten que el ritmo urbano ya no compensa. Gracias al teletrabajo, vivir lejos del estrés ya no se ve como una renuncia, sino como una nueva forma de éxito.
Una de las personas que decidió dar ese paso fue la estilista británica Gayle Rinkoff, de 53 años, conocida por trabajar en el mundo de la moda y las celebrities. Después de décadas viviendo en Londres, en 2023 hizo las maletas junto a su marido y su hija para instalarse en una finca en plena Serra de Tramuntana, en Mallorca. Lo que comenzó como una idea recurrente terminó convirtiéndose en un cambio de vida radical que, asegura, no cambiaría por nada.
La mujer cuenta que el deseo de mudarse a Mallorca siempre ha estado presente en la pareja, sobre todo durante sus vacaciones en la isla. “Tras el confinamiento, cuando Mallorca introdujo el visado para nómadas digitales, la cosa se puso seria”, reconoce en The i Paper. La posibilidad de teletrabajar y llevar una vida más tranquila terminó de convencerles para dar el paso. Mientras su marido podía continuar trabajando a distancia y ella decidió mantener su carrera como estilista freelance, aunque a un ritmo más bajo.
La adaptación no fue sencilla
Un factor que también influyó bastante en su decisión es que, durante la pandemia, sus hijas adolescentes quedaron atrapadas en la dinámica de las redes sociales y sintió que Londres amplificaba esa tensión permanente. Con su hija menor, Leni, la pareja quiso romper con ese estilo de vida hiperconectado y ofrecerle una adolescencia más tranquila, más vinculada al aire libre y alejada de la presión constante que, según explica, marcaba el día a día de muchos jóvenes en la capital británica.
Sin embargo, la adaptación no fue sencilla. La familia pasó por trámites de visado lentos y burocráticos, y el aterrizaje escolar de Leni exigió decisiones importantes. Aun así, Gayle asegura que el cambio les ha compensado: la niña se adaptó, aprendió español con fluidez en menos de dos años y ya hace vida propia en la isla, mientras sus padres disfrutan de un ritmo más amable y de más tiempo en familia.
La estilista también reconoce que vivir en Mallorca no es barato, ya que todo cuesta más por la insularidad y los precios en Palma pueden rozar los de Londres. A pesar de eso, Gayle dice haber encontrado una versión más selectiva y equilibrada de su profesión, con más margen para elegir trabajos y una rutina que le permite estar más presente en casa. En sus propias palabras, la conclusión es clara: “Nunca volvería”.
