Ramón, recientemente jubilado, alquila el salón de casa por horas: "Me saco un dinero extra y disfruto de la gente que viene"
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Ramón, recientemente jubilado, alquila el salón de casa por horas: "Me saco un dinero extra y disfruto de la gente que viene"

El alquiler de espacios domésticos para cumpleaños y reuniones gana terreno como ingreso complementario, con límites de aforo y normas para evitar conflictos.

Imagen de un salón, uno de los espacios domésticos que algunos propietarios alquilan por horas.Maria Casinos

Desde el alquiler de habitaciones hasta la cesión de jardines para eventos, el mercado inmobiliario está explorando fronteras insospechadas. Hay quienes, sin embargo, han decidido ir un paso más allá y poner en el mercado el corazón de su hogar: el salón. No es una anécdota aislada, sino una fórmula que gana tracción entre propietarios que buscan ingresos complementarios sin las ataduras ni los riesgos del alquiler residencial tradicional.

En este nuevo ecosistema encaja Ramón, de 65 años. Recién jubilado, desde hace unos meses arrienda por horas las zonas comunes de su vivienda, una experiencia que relató recientemente en el programa Y ahora Sonsoles de Antena 3. “Obtengo un beneficio extra y disfruto de la compañía de quienes vienen”, resume con satisfacción.

La idea surgió poco después de retirarse, casi como una prospección de mercado. “¿Por qué no rentabilizar el espacio para sufragar el mantenimiento del jardín o hacer pequeñas reformas?”, se planteó. Su actividad, que apenas suma seis meses, se gestiona a través de una plataforma digital especializada en el alquiler puntual de espacios domésticos. Ramón ya tenía experiencia compartiendo su hogar mediante intercambios con allegados en Baleares o Canarias. “Nunca tuvimos problemas, así que decidimos aprovechar esta oportunidad”, relata.

El modelo de negocio es sencillo pero estricto. Ramón percibe entre 200 y 300 euros por reservas de cuatro o cinco horas, dependiendo del volumen del grupo, y establece un límite de aforo innegociable. “Yo dicto mis normas; el máximo son 14 personas”, señala. Sus reglas básicas de convivencia incluyen el uso de menaje desechable y la obligación de entregar el espacio impecable. “Hasta ahora no me he encontrado ni una mancha; como mucho, alguna migaja”, asegura. A cambio, la experiencia suele ser gratificante: “A veces me han dejado un detalle, como un obsequio o dulces… siempre lo dejan todo en orden”.

El auge del alquiler por horas

Este caso ilustra una tendencia al alza. Según datos de las plataformas del sector, el 70% de las reservas se destinan a cumpleaños y encuentros familiares, seguidos de comidas y reuniones privadas. Los precios oscilan desde los 20 euros por hora hasta varios cientos, condicionados por la ubicación y las dimensiones del espacio. Ya no solo se cotizan los salones: sótanos reformados, cocinas de diseño e incluso dormitorios ganan protagonismo en este catálogo de "espacios compartidos".

Más allá del rendimiento económico, Ramón destaca el factor humano. Le reconforta ver cómo otros disfrutan de una casa que ha construido con esmero. Recuerda con especial afecto el pasado 26 de diciembre, día de San Esteban: “Vino una pareja joven que vive en un piso pequeño; querían celebrar el festivo con su familia frente a la chimenea y con una decoración acogedora. Me conmovió ver su ilusión”.

La clave de este modelo reside en la flexibilidad absoluta. Ramón es quien decide qué fechas acepta. “Según el perfil del usuario, puedes rechazar la reserva. Es fundamental saber a quién abres las puertas de tu casa”, explica. Respecto a la fiscalidad, se muestra transparente: “Lo gestiona mi asesor”, afirma, consciente de que estos ingresos deben tributar y de que la plataforma retiene una comisión por el servicio.

Mientras el debate sobre el acceso a la vivienda y los usos residenciales sigue candente, historias como esta proponen una vía intermedia. Son propietarios que, sin retirar su inmueble del mercado de larga estancia, optimizan su propiedad y evitan intermediarios opacos, convirtiendo su hogar en un espacio compartido de forma efímera. Para Ramón, el balance es inequívoco: “Me ayuda económicamente y, además, me da alegrías”. De momento, no tiene intención de detenerse.

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