Julia, joven, pensó que iba a comprar una casa y acaba adquiriendo un granero destartalado
El edificio había sido demolido y reconstruido anteriormente sin permisos.

Comprar una vivienda se ha convertido hoy en un proceso cada vez más complicado. Entre precios elevados, trámites administrativos y la necesidad de revisar cuidadosamente toda la documentación, dar el paso puede resultar una auténtica carrera de obstáculos. A ello se suma la incertidumbre sobre el estado real del inmueble o posibles problemas legales que no siempre son fáciles de detectar a primera vista.
Aun así, la mayoría de quienes logran firmar una compraventa lo hacen con la tranquilidad de pensar que todo está en regla y que, por fin, han encontrado el hogar que buscaban. Sin embargo, para Julia la ilusión de adquirir una casa en plena naturaleza terminó convirtiéndose en una pesadilla judicial cuando descubrió que lo que había comprado no era exactamente la vivienda que pensaba.
La joven adquirió en septiembre de 2019 una propiedad en la región francesa de los Vosgos por 136.000 euros. Convencida de que estaba comprando una casa con terreno suficiente, la joven comenzó a planear mejoras en la vivienda, tal y como recoge Le Figaro. Sin embargo, cuando en 2021 solicitó al ayuntamiento un permiso para ampliar la casa con una habitación adicional de 30 metros cuadrados, descubrió que el edificio había sido demolido y reconstruido anteriormente sin los permisos urbanísticos necesarios.
A favor de la compradora
Lo que parecía una vivienda legalmente consolidada resultó ser, según los registros, un antiguo cobertizo agrícola deteriorado transformado en casa sin autorización. Frente a estas irregularidades, la adquiriente demandó la nulidad de la venta por error sobre la naturaleza del bien: afirma que fue inducida a creer que compraba una vivienda lista para su uso y que, de producirse un siniestro, no podría reconstruirse “a idéntico” por haberse edificado fuera de la normativa.
Por otro lado, la parte vendedora sostuvo que la compradora había tenido acceso a los documentos urbanísticos y que el contrato contiene una cláusula por la que el comprador acepta el inmueble “tal como está”. Los antecedentes jugaron en favor de la demandante, ya que los antiguos títulos de la parcela no mencionaban una vivienda: el acto de 1966 describía la presencia de una caseta en estado de ruina, y en 1996 la finca constaba con destino agrícola o forestal.
Finalmente, el tribunal falló a favor de la compradora, declaró la nulidad de la venta y condenó al vendedor a devolver los 136.000 euros abonados. También responsabilizó al notario por negligencia, quien deberá restituir los gastos notariales (junto con el vendedor y las aseguradoras), reintegrar las tasas y pagar 5.000 euros por daño moral, además de asumir el 50% de la indemnización. La sentencia es, por el momento, ejecutable aunque el vendedor pueda recurrirla.
La abogada de la compradora, Amandine Labro, celebró la victoria y destacó el calvario vivido por su clienta durante los cuatro años de procedimiento. Dijo que, mientras vivía en el inmueble, la situación había sido “una pesadilla” por la amenaza constante de que la construcción no cumplía las normas urbanísticas y por la incertidumbre sobre el futuro de la vivienda. Con la sentencia, Julia puede cerrar finalmente un capítulo marcado por la preocupación y recuperar la tranquilidad tras años de pleito.
