"Hoy ha sido un día tranquilo, solo me han llegado 14 multas": la pesadilla de un jubilado al que robaron el DNI
El caso destapa el agujero legal de la usurpación de identidad que existe en Francia, con más de 200.000 víctimas al año y apenas 4.200 condenas judiciales.
“Hoy ha sido un día tranquilo, solo me han llegado 14 multas”. Christian lo dice sin levantar la voz, como quien comenta el tiempo o el precio del pan. Tiene 72 años, está jubilado y desde noviembre de 2024 vive atrapado en una pesadilla burocrática que no se la desea ni a su peor enemigo. A alguien le bastó robarle el DNI para convertirlo, sobre el papel, en el gerente de una supuesta empresa de compraventa de coches. Desde entonces, su buzón y su cuenta bancaria no han vuelto a conocer la paz.
El caso lo ha contado BFM RMC y sirve para poner cifras y rostro a un problema que en Francia se desborda mientras las condenas avanzan a paso de tortuga. Según datos del Ministerio de Justicia francés, en todo 2024 solo se dictaron 4.208 condenas por usurpación de identidad. El contraste resulta casi ofensivo si se compara con las más de 200.000 personas que cada año sufren este tipo de delitos en el país.
En el caso de Christian, los estafadores no se anduvieron con chiquitas. Tras hacerse con sus datos personales, lo inscribieron sin su conocimiento como responsable de una empresa de automoción. A partir de ahí, compraron más de 3.000 coches que acabaron matriculados a su nombre. El resultado lo resume él mismo con una mezcla de ironía y agotamiento: “Este mañana es una pequeña jornada, solo he tenido 14 PV, pero lo normal es recibir entre 30 y 40”.
La cuenta ya ronda las 600 multas por infracciones que jamás cometió. Christian las recurre una a una, pero el sistema no juega a su favor. La ausencia de un servicio centralizado para gestionar este tipo de reclamaciones provoca que, mientras él presenta pruebas y escritos, la administración siga a lo suyo y le cargue directamente el dinero en la cuenta. “Escribes y nadie responde, llamas y te pasan de un lado a otro. Llevo un año demostrando que esos vehículos no son míos”, explica.
La investigación policial sigue abierta, aunque de momento no ha logrado identificar a los responsables. Una fuente policial reconoce que muchos de estos delitos se cometen desde el extranjero y lamenta la falta de medios para seguir el rastro digital de los estafadores. El diagnóstico no sorprende si se mira el balance general: miles de víctimas, muy pocas condenas y delincuentes que se esconden tras direcciones imposibles de rastrear.
Eso no significa que no existan recursos. En Francia operan brigadas especializadas en investigación digital formadas por unos 350 agentes, y la gendarmería ha prometido sumar otros 700. Aun así, el desfase entre el volumen del problema y la capacidad real de respuesta sigue siendo evidente, sobre todo para quienes, como Christian, se ven obligados a dedicar su jubilación a pelear con formularios y cargos bancarios.
Las autoridades y los expertos insisten en la prevención como primer cortafuegos. Recomiendan extremar la precaución al compartir documentos personales, sobre todo en trámites online, y utilizar herramientas oficiales como el servicio gratuito “filigrane facile”, que permite añadir una marca digital a copias y escaneos para evitar su reutilización fraudulenta. Y, cuando el daño ya está hecho, no queda otra que denunciar de inmediato y oponerse a cada trámite realizado en nombre propio. “Es largo, es pesado y rara vez se soluciona con un solo escrito, pero es imprescindible”, resume una abogada especializada.
Mientras tanto, Christian sigue contando multas como quien tacha días en el calendario. Algunas jornadas son “tranquilas”, otras no tanto. Todas tienen algo en común: ninguna debería existir.