Los psicólogos especializados en personalidades oscuras coinciden: "Los mentirosos dan respuestas más cortas y vagas; hazles una pregunta inesperada y lo verás en 10 segundos"
Importa más el contenido del mensaje que el comportamiento no verbal.
Hay personas a las que se les nota enseguida cuando no dicen la verdad, ya que dudan, se contradicen o su historia suena poco convincente. Pero también existen quienes mienten con sorprendente naturalidad, capaces de sostener una versión creíble sin apenas levantar sospechas. Para quienes intentan distinguir entre una cosa y otra, los psicólogos que estudian las llamadas “personalidades oscuras” aseguran que hay pequeñas pistas en la forma de responder que pueden ayudar a detectar un engaño en cuestión de segundos.
La psicóloga Leanne ten Brinke, profesora asociada en la Universidad de British Columbia, ha dedicado más de dos décadas a estudiar lo que a menudo se agrupa como la “tétrada oscura de rasgos”: psicopatía, narcisismo, maquiavelismo y sadismo. En su nuevo libro, ‘Personas tóxicas: cómo resistirlas y mejorar tu vida’, expone diversas herramientas para identificar y manejar esas conductas en la vida cotidiana.
Dado que mentir es común entre este tipo de personas, la experta propone lo que denomina una sencilla “prueba de 10 segundos”: hacer una pregunta abierta y observar cómo responde la otra persona. Según explica en declaraciones a Business Insider, quienes dicen la verdad suelen ofrecer relatos más largos y con más detalles, mientras que “los mentirosos dan respuestas más cortas y vagas; hazles una pregunta inesperada y lo verás en 10 segundos”.
Hacer preguntas inesperadas
Aunque no es un indicador infalible de mentiras, es un detalle a tener en cuenta, dado que los mentirosos suelen dar respuestas más sencillas, por lo que prefieren responder preguntas directas de sí o no. Por eso recomienda ir un paso más allá y pedir que amplíen la información o plantear preguntas inesperadas, algo que suele resultar más difícil de sostener cuando la historia ha sido inventada.
“Quienes dicen la verdad no tendrán problemas con las peticiones sencillas de más información, pero a los mentirosos les resultará más difícil dar más”, asegura ten Brinke. La explicación psicológica es sencilla: contar una mentira plausible exige esfuerzo cognitivo y memoria. Una respuesta espontánea y amplia es más fácil para quien relata hechos reales, pero quien miente debe controlar incongruencias y recordar lo dicho para no contradecirse después, por lo que tiende a ofrecer narrativas más esquemáticas y simples.
En contra de los mitos populares, la experta advierte que señales como evitar la mirada o moverse en el asiento no han mostrado ser fiables para detectar mentiras. En cambio, el contenido verbal ofrece pistas más sólidas, aunque tampoco determinantes por sí mismas. Cuando se enfrentan a una pregunta inesperada, los mentirosos pueden empezar a hablar despacio, tartamudear o simplemente aparentar que están pensando mucho, explicó.
En este sentido, ten Brinke aconseja preguntar cosas inesperadas como por ejemplo cuál era el lugar favorito para almorzar en un antiguo trabajo o algún detalle concreto de una reunión. Este tipo de cuestiones obligan a improvisar y, precisamente ahí, es donde suelen aparecer las respuestas más reveladoras. Aun así, la experta insiste en que estas señales no deben usarse para etiquetar o diagnosticar a nadie a la ligera, sino para aprender a reconocer ciertos patrones que puedan ayudarnos manejar mejor las relaciones sociales del día a día.