Manuel, gallego de 58 años, lanza un aviso a los 'turigrinos' del Camino de Santiago: "El Camino no es un parque temático"
"Antes caminabas para encontrarte; ahora parece que caminas para subirlo a Instagram".

El Camino de Santiago ya no es lo que era. O, al menos, eso es lo que sienten cada vez más peregrinos que lo han recorrido durante años y que ahora miran con cierto pesar una ruta que, según critican, ha cambiado demasiado.
La popularidad internacional que han ganado estas rutas de peregrinación religiosa han transformado el Camino de Santiago en un fenómeno global, pero esa fama también ha traído consigo nuevas formas de recorrerlo.
La fama de la ruta ha traído consigo la masificación, lo que ha hecho que se alcen voces como la de Manuel, gallego de 58 años nacido en Santiago, aunque lleva años viviendo en Mallorca, y peregrino habitual: "Ya no es lo que era. Ahora hay tramos que parecen una calle comercial y más de la mitad son turigrinos".
La popularidad, un arma de doble filo
Entre mochilas ligeras, móviles en alto y etapas recorridas con el fin de llegar a un bar, ha surgido este nuevo término: "Turigrino". Esta palabra se usa literalmente para describir a quienes hacen más el Camino por moda que por tradición, creencia religiosa o búsqueda personal.
"Antes caminabas y había silencio, silencio de verdad. Podías estar horas andando sin encontrarte con nadie. Tenías tiempo para pensar, para estar contigo mismo", recuerda el gallego, que ha hecho cinco veces el Camino de Santiago. Sin embargo, la última vez que lo hizo, en 2025, la experiencia le dejó un sabor distinto. Por primera vez algo no encajó: "A veces era hasta agobiante, todo eran grupos grandes, ruido, gente con altavoces…".
Y no es solo una cuestión de cantidad, sino de actitud. Manuel censura que ahora hay muchas personas que hacen el Camino "porque toca", porque lo han visto en redes o porque "hay que hacerlo al menos una vez en la vida".
"No tengo nada en contra de que la gente venga, faltaría más. El problema es cuando se pierde el respeto por lo que es esto", explica. "El Camino no era solo llegar a Santiago. Era introspección, era todo lo que pasaba antes", apunta el gallego.
Del recogimiento al escaparate
Manuel habla de una transformación progresiva, pero evidente. "Ahora ves a gente más pendiente del móvil que de por dónde pasa", afirma. "Antes te cruzabas con alguien y compartías conversación o incluso silencio; ahora te cruzas con alguien y está grabando un vídeo con sus amigos", añade.
La crítica no es una romantización nostálgica de que cualquier tiempo pasado fue mejor, sino que tiene que ver con el significado, con como la masificación de la experiencia lleva a la pérdida de sentido.
"Esto nació como un peregrinaje, religioso o no, pero con un sentido de búsqueda. Ahora muchas veces parece una experiencia de ocio, de consumo. Antes caminabas para encontrarte; ahora parece que caminas para subirlo a Instagram", critica Manuel.
"Se consume el Camino igual que se consume un destino turístico. Rápido, tachado de la lista, grabado y a otra cosa", expone con indignación. "Cuando un sitio se pone de moda, pasa esto. Pero el Camino no es un parque temático", advierte.
Además, para Manuel el Camino no es solo una experiencia más, es identidad. Como gallego nacido en Santiago, para él ha sido siempre algo que ha sentido muy cerca, para él recorrerlo nunca fue una moda ni una experiencia más que tachar de una lista. "El Camino forma parte de quién soy", expone.
La masificación que lo cambia todo
La masificación, insiste, cambia completamente la forma de vivir la experiencia: "Hay etapas en las que cuesta encontrar sitio para dormir si no reservas con días. Eso antes no era así". Y añade: "Cuando tienes tanta gente, todo cambia: los ritmos, la planificación, incluso la forma en la que te relacionas".
Para alguien que lo ha vivido tantas veces, el contraste es claro. "Mis otras veces fueron… no sé, más auténticas. Más duras también, pero más reales". Ahora, según dice, hay momentos en los que cuesta encontrar ese espacio personal que definía la experiencia: "Si quieres recogimiento, tienes que ponerle empeño y buscarlo mucho más".
Así, Manuel pone palabras a una sensación difícil de medir pero fácil de percibir: la de que, entre la masificación y la viralidad, el Camino de Santiago corre el riesgo de perder parte de su sentido más profundo.
No habla desde el rechazo, sino desde la preocupación. "Me alegra que la gente lo descubra, de verdad. Pero ojalá se entienda un poco mejor y se respete un poco más lo que significa", anhela el gallego. Porque, para él, sigue significando mucho. Tanto que, a pesar de todo y quizá siguiendo otras rutas, sabe que volverá: "Claro que volveré. Es como volver a casa".
