Marino, ganadero e ingeniero: "Con 15 años cargaba ovejas de 60 kilos a mano y le decía a mi padre: esto hay que cambiarlo"
El aragonés aplica sus conocimientos técnicos para revolucionar el día a día de su granja en Zaragoza.
La ganadería es uno de los motores indispensables de la economía rural en nuestro país y la pieza clave para que los alimentos de primera necesidad lleguen a la mesa de los consumidores. Sin embargo, se trata de un sector tradicionalmente ligado al esfuerzo físico duro y a metodologías de trabajo que, en algunos casos, apenas han cambiado en décadas.
Para romper con esa inercia está Marino Casanova, un joven aragonés que combina su pasión por el campo con su formación como ingeniero. Criado entre animales junto a su padre, Paco, Marino ha estado volcado en las tareas del campo desde niño.
Ahora, en una reciente entrevista para el programa especializado El campo es nuestro, el ganadero ha mostrado la innovación que ha transformado por completo el funcionamiento de su explotación ovina en el municipio de Quinto (Zaragoza).
Su gran aportación ha sido el diseño e instalación de un sistema de vallas retráctiles, una solución ideada para optimizar la organización de los corrales y eliminar de un plumazo los esfuerzos innecesarios en el manejo del ganado.
Ingeniería aplicada al bienestar del ganadero
Marino explica que, a medida que iba creciendo en la granja, se daba cuenta de la urgente necesidad de modernizar las instalaciones. Los antiguos corrales carecían de uniformidad y el trabajo diario exigía una paliza física evitable. “Yo quería por lo menos un poco de orden y olvidarnos de las varillas”, comenta.
El transporte y la separación de los animales era, sin duda, la tarea más dura del día a día. "Con 15 años cargaba ovejas de 60 kilos a mano, una a una, y le decía a mi padre: esto hay que cambiarlo", complementa.
El toque 'Da Vinci' en el corral
Hoy en día, gracias a la capacidad de repliegue de estas vallas diseñadas a medida, tanto el desplazamiento del rebaño como la separación de los animales en grupos se han convertido en tareas infinitamente más ágiles y sencillas.
El joven ingeniero destaca las enormes ventajas del nuevo diseño frente al esquema tradicional. "Al final es el mismo principio de varillas y vallas, pero, claro, estas están integradas, no se pueden perder y mantienen siempre la misma estructura", detalla sobre su invento.
Orgulloso de haber aplicado la innovación a la tradición familiar, el aragonés deja claro que la creatividad también tiene un hueco fundamental en el campo. "Esto no es normal en ninguna explotación. Nosotros, como somos un poco Da Vinci, nos gusta inventar y hemos podido diseñarnos nuestras propias vallas”, concluye.