Mercedes Carvajal, comerciante del centro de Palma, sobre las taquillas para turistas que proliferan en la ciudad: "A mí no me aportan nada"
"Debemos pensar qué tipos de barrios queremos".
Las taquillas para guardar maletas y mochilas se multiplican en el centro de Palma. Estos negocios, orientados principalmente a turistas que necesitan dejar su equipaje durante unas horas antes de marcharse o tras abandonar el hotel, han encontrado un hueco creciente en calles secundarias próximas a enclaves clave como Plaza Mayor, Plaza de España o Sant Miquel.
Un modelo de negocio totalmente enfocado al turismo en el corazón de la ciudad que reabre el debate sobre el modelo comercial de la isla. Mientras estos servicios ganan espacio en calles del centro, parte del pequeño comercio denuncia que además de que apenas generan consumo, el auge de estos negocios de consignas automáticas propician la desaparición de las tiendas tradicionales.
La información, publicada por el Diario de Mallorca, recoge la preocupación de comerciantes y asociaciones del sector ante una tendencia cada vez más visible en las zonas más transitadas de la capital balear.
El comercio local, en contra
La estrategia de este nuevo modelo de negocio es instalarse cerca de las zonas de mayor tránsito del centro de la ciudad, pero en locales más asequibles que los situados en las arterias principales. Así, ofrecen comodidad al visitante sin asumir los elevados alquileres de las calles más comerciales.
Uno de los puntos donde más se aprecia este fenómeno es en las galerías comerciales Els Geranis, donde ya operan dos establecimientos de este tipo separados por apenas cien metros.
Mercedes Carvajal, presidenta del las galerías comerciales Els Geranis y comerciante de la zona, resume con claridad su visión sobre esta nueva actividad. "Suelen venir cuando dejan el hotel y guardan la mochila aquí. Durante los meses que hay turistas se ve movimiento, el resto del tiempo, nada", asegura la mallorquina.
Carvajal lo tiene claro: "¿Qué aporta? A mí, nada", afirma sin rodeos mientras explica que el perfil de usuario de estas consignas suele ser un turista que viaja con un equipaje limitado y que, por tanto, prioriza la practicidad y no realiza grandes compras.
"El turista que viene suele ser tipo mochilero. No le cabe nada más y, en mi caso, no compran ropa, que es a lo que me dedico", señala la presidenta de las galerías Els Geranis.
Como mucho, añade, algunos consumen algo en un bar o compran objetos pequeños y fáciles de transportar, como un libro. "Vienen con lo justo para llevarse lo justo", resume, haciendo hincapié en el poco dinero que se gastan en el comercio local de la zona.
Un negocio en expansión que dispara la preocupación
Además de en Els Geranis, este tipo de locales ya se encuentran en calles como Caputxines, d’en Vilanova o en pequeños callejones próximos a Plaza Mayor.
También algunos supermercados del carrer Sindicat han incorporado servicios similares para mochilas y maletas, aunque con horarios más limitados. La proliferación de estas taquillas refleja una transformación silenciosa del tejido comercial urbano del centro de la isla: menos comercio local y más espacios dedicados a servicios automatizados vinculados al turismo rápido.
Un nuevo escenario que preocupa, y mucho, a los comerciantes. De hecho, desde PIMECO, la patronal del pequeño y mediano comercio de Mallorca, también manifiestan su inquietud ante esta situación.
Su presidenta, Carolina Domingo, advierte de que se trata de "nuevos modelos de negocio que están creciendo" y que, en muchos casos, ocupan locales donde antes había comercio de proximidad.
Una reflexión pública
Aunque reconoce que existe demanda, pide abrir una reflexión pública. "Debemos pensar qué tipos de barrios queremos porque estos establecimientos no implican venta directa ni generan impacto", sostiene.
Domingo reclama que las administraciones intervengan para buscar equilibrio entre innovación y comercio local. "Nos preocupa que esto crezca tanto y que vaya desapareciendo el comercio tradicional", afirma. En una ciudad marcada por la presión turística y el encarecimiento del centro histórico (y, en general, de toda la isla), el debate ya no gira solo en torno a quién visita Palma, sino también a qué negocios permanecen abiertos cuando los turistas se marchan.