Michael Gerlich, profesor que investiga el impacto social de la IA: "Quien externaliza el 80% de su trabajo a ChatGPT se está sustituyendo a sí mismo, porque la IA es más barata"
"La mayoría de la gente caerá en la trampa de la comodidad".
El gran dilema que puede parecer "tirar piedras contra tu tejado": usar la inteligencia artifical (IA) en tu trabajo puede ser una gran idea o una nefasta: para ser mejor y más productivo o "alimentando" a tu enemigo para que te sustituya. ¿Son ambas verdad, solo una o ninguna? El debate está ahí, y hay expertos que investigan el impacto social de la IA académicamente, como Michael Gerlich, que lo tiene claro: "Quien externaliza el 80% de su trabajo a ChatGPT se está sustituyendo a sí mismo, porque la IA es más barata". Pero va mucho más allá de lo laboral.
La IA está en el día a día de cada vez más personas, en lo laboral, pero también en lo personal. Pero hay una advertencia clara desde el ámbito académico: si delegas demasiado, puedes perder algo más que tiempo. Este profesor cree que no es una opinión aislada. La investigación empieza a poner datos encima de la mesa.
Gerlich no dice en su entrevista en Taz que ChatGPT te vuelva "estúpido", pero sí señala el riesgo real de lo que llama externalización cognitiva, es decir, dejar que la IA piense por ti y que delegues todas tus decisiones en ella. Y eso cambia la forma en la que trabajas y aprendes.
¿Qué pasa cuando delegas el pensamiento a la IA
Delegar tareas no es nuevo. Antes memorizabas números de teléfono. Hoy no recuerdas ninguno porque el móvil lo hace por ti. Eso libera espacio mental. Pero con la IA ocurre algo distinto: no solo delegas datos, delegas procesos de pensamiento completos.
Según explica Gerlich, el problema aparece cuando la IA no solo ayuda, sino que sustituye tu razonamiento. En ese punto entra en juego el llamado efecto anclaje, un sesgo psicológico bien documentado. "Las personas se ven fuertemente influenciadas por la primera información que reciben", asegura.
Un ejemplo sencillo: si consultas a un chatbot sobre democracia, la primera respuesta influye en cómo interpretas todo lo demás. Analizar críticamente esa primera idea resulta más difícil.
Lo que dice el MIT sobre ChatGPT y el cerebro
Hay datos concretos. Investigadores del MIT (Massachusetts Institute of Technology) analizaron la actividad cerebral de personas que usaban ChatGPT para escribir textos. Detectaron dos patrones claros:
- Menor activación neuronal en comparación con quienes escribían por sí mismos.
- Peor retención de la información generada por la IA días después.
Es decir, cuando no piensas, no solo trabajas menos el cerebro: también recuerdas peor. Estos resultados encajan con otra idea: el aprendizaje profundo requiere esfuerzo cognitivo. Si ese esfuerzo desaparece, el conocimiento también se debilita.
El riesgo en el trabajo: eficiencia a cambio de mediocridad
La IA sí mejora la eficiencia. Eso no se discute. Permite hacer tareas más rápido. Pero aquí aparece el matiz importante: mejora la velocidad en tareas de nivel medio. Gerlich lo plantea así: las empresas pueden producir más, pero no necesariamente mejor. Y eso tiene consecuencias directas para ti como trabajador.
Si tu valor es ejecutar tareas que la IA ya puede hacer, estás en riesgo. La lógica es simple: la IA es más barata, escala mejor y no se cansa. En principio, es imbatible frente al humano. Por eso insiste en que, si externalizas la mayor parte de tu trabajo, te estás reemplazando a ti mismo. "Ahí es donde entramos en un terreno en el que deberíamos empezar a reflexionar", advierte.
La trampa de la comodidad y el círculo vicioso
El problema no es solo tecnológico, es humano. La IA facilita el trabajo. Y eso genera un patrón:
- Usas la IA para ahorrar tiempo.
- Confías en sus respuestas.
- Dejas de cuestionarlas.
- Vuelves a usarla más.
Ese ciclo reduce el pensamiento crítico. Y cuanto menos cuestionas, más dependes. "La mayoría de la gente caerá en la trampa de la comodidad", augura el profesor.
Gerlich advierte en la entrevista que esto se agrava en entornos con presión, como el trabajo. Cuando falta tiempo, lo primero que se recorta es el análisis crítico. No hay aún estudios a largo plazo que demuestren si el uso intensivo de IA reduce la inteligencia. Pero sí hay indicios claros que, en ciertos contextos, pueden debilitar el pensamiento independiente.
Y eso plantea una cuestión mayor: ¿qué pasa si una sociedad entera delega su capacidad crítica? "Hay motivos para preocuparse", concluye Gerlich.