Michele, socorrista desde hace 30 años: "Los clientes de hoy son muy exigentes y también bastante estresados"
“Vivir junto al mar significa crecer en un entorno turístico".

Michele Bergamo lleva tres décadas viendo el amanecer desde la arena de Jesolo, Venecia, Italia. A sus 56 años, este socorrista y gerente del establecimiento Oro Beach resume con una frase el cambio que ha vivido el turismo de playa: “Los clientes de hoy son muy exigentes y también bastante estresados”. Una percepción que nace de la experiencia de quien ha pasado prácticamente toda su vida laboral atendiendo a miles de veraneantes.
Nacido en Jesolo en 1968, Michele empezó a trabajar en la playa siendo muy joven, casi como una forma de ganar algo de dinero mientras estudiaba. Con el tiempo, lo que empezó como un empleo estacional se transformó en una vocación.
“Vivir junto al mar significa crecer en un entorno turístico. Siempre hay gente que viene a relajarse, a divertirse, y tú formas parte de eso”, explica al medio italiano Corriere del Veneto. Desde 2009 dirige Oro Beach, uno de los complejos más conocidos de la zona.
¿Crisis en las playas?
Pese a los debates recurrentes sobre una posible caída del turismo, Bergamo asegura que, al menos en su establecimiento, la playa sigue llena. “Quizá haya menos gente que se queda largas temporadas, pero nunca faltan visitantes. Muchos vienen solo por el día”, señala. Por eso, Oro Beach ha adaptado su oferta, reservando parte de sus más de 1.200 plazas para clientes de un solo día y apostando por las reservas online.
El gran cambio, según Michele, no está tanto en el número de turistas como en su actitud. “Antes la gente empezaba las vacaciones con otro ritmo. Hoy todos parecen tener prisa desde el primer momento”, afirma. El saludo al personal ya no es automático y el respeto, en su opinión, ha ido disminuyendo con los años. “Antes el socorrista era casi una institución; hoy a veces nos encontramos en dificultades incluso cuando intentamos mantener el orden”.
Del turismo juvenil a las familias
También ha cambiado el perfil del visitante. Según cuenta Michele si hace 30 años Jesolo era sinónimo de jóvenes que llenaban las discotecas los fines de semana, hoy predominan las familias. Muchas llegan entre semana con abuelos y niños, mientras los padres se incorporan el fin de semana. Esta transformación ha obligado a los establecimientos a replantear servicios y espacios.
“Antes bastaba con una sombrilla y dos tumbonas”, recuerda Bergamo. Ahora los clientes piden mucho más: bienestar, relajación y experiencias. Clases de yoga por la mañana, masajes en la playa o servicios pensados para desconectar del trabajo forman parte de los planes de futuro. “La gente viene aquí para no pensar en nada”, resume.
Cambian las costumbres
Las grandes mochilas llenas de comida casera son cada vez menos habituales. “Hoy como mucho traen algo para la merienda de los niños. Lo normal es ir al quiosco y olvidarse de todo”, explica.
Tras 30 veranos de trabajo, Michele Bergamo sigue defendiendo su oficio. Para él trabajar en la playa es cuidar del bienestar de los visitantes y, al mismo tiempo, sostener uno de los motores económicos de su ciudad, aunque los clientes ya no sean los de antes.
