Ni hidroaviones ni cortafuegos con maquinaria: los pueblos españoles que confían la prevención de incendios a burros con GPS que caminan 19 kilómetros al día
La presencia de asnos en los montes de nuestro país demuestra ser una herramienta clave para desbrozar el monte y reducir drásticamente el riesgo de grandes fuegos.
Para gran parte de la sociedad, el verano es sinónimo de vacaciones y descanso; sin embargo, para el medio rural significa todo lo contrario: una época de máxima alerta y preocupación constante. Las asfixiantes temperaturas que se vienen registrando durante los meses estivales en España han acelerado la aparición de hdevastadores incendios forestales por buena parte de nuestra geografía.
Solo el pasado año, cerca de un millón de hectáreas ardieron en varias regiones del país, firmando el peor balance ecológico en tres décadas y obligando a declarar zonas de desastre en comunidades como Castilla y León, Galicia, Asturias, Extremadura, Madrid o Andalucía, según datos recogidos por EuroNews.
Detrás de la voracidad de estos fuegos se encuentra, entre otros un enemigo silencioso: la acumulación masiva de combustible forestal. Es decir, toda esa matorralera, maleza y materia orgánica seca que, tras el abandono del campo, se convierte en el polvorín perfecto para la propagación de las llamas.
Los 'burros bomberos' que le ganan la partida al matorral
Para hacer frente a esta emergencia, cada vez más municipios están volviendo la vista hacia el pasado, rescatando una metodología tradicional que la mecanización del campo terminó por orillar. Se trata del uso de los conocidos como "burros bomberos" o ganado herbívoro de desbroce.
El pastoreo controlado de estos animales resulta crucial para limpiar el monte. A diferencia de las vacas o las ovejas, los asnos tienen un sistema digestivo capaz de procesar vegetación mucho más dura, seca y áspera, devorando de forma continuada el matorral bajo que actúa como mecha en los grandes incendios.
Rosa María Canals, catedrática de Ecología de la Universidad Pública de Navarra, defiende rotundamente esta estrategia natural. “El pastoreo de burros reduce la carga vegetal y ayuda a contener incendios en paisajes cada vez más densos y secos”, apunta la especialista.
Tecnología y tradición en los montes gallegos
Esta alianza entre la naturaleza y la prevención está dando resultados allí donde se aplica. Un ejemplo paradigmático es el de Allariz, en Ourense, donde la Asociación Andrea emplea piaras de asnos para mantener limpias unas 1.000 hectáreas dentro de una reserva natural.
Equipados con collares GPS para monitorizar su avance y garantizar su bienestar, los animales recorren hasta 19 kilómetros diarios alimentándose de la maleza más inaccesible para la maquinaria humana.
Sin embargo, los expertos recuerdan que los burros no son una solución milagrosa por sí sola, sino un complemento de valor incalculable. La correcta planificación forestal, el ordenamiento del territorio y la sustitución progresiva de monocultivos altamente inflamables, como los pinos o los eucaliptos, siguen siendo los pilares fundamentales para proteger nuestros bosques antes de que sea demasiado tarde.