Niall Ferguson, historiador de Harvard: "El peligro es que, como en 1915, los líderes no consideren los riesgos de aplicar soluciones militares a problemas económicos y diplomáticos"
Según el experto, hay dos grandes beneficiados.
La historia está llena de advertencias que los líderes suelen ignorar en momentos críticos. Esa es la tesis central del historiador Niall Ferguson, profesor en Harvard, que ve paralelismos inquietantes entre la actual guerra con Irán y episodios históricos como la Primera Guerra Mundial. Su aviso es claro: recurrir a soluciones militares para problemas económicos y diplomáticos puede desencadenar consecuencias imprevisibles y desastrosas.
En un reciente ensayo, Ferguson recuerda que este patrón se repite desde la Antigüedad —desde Guerras del Peloponeso— hasta conflictos modernos como Vietnam o Irak. La diferencia ahora no está tanto en la tecnología —aunque habla de la primera “guerra de IA”— como en el impacto que ciertos puntos estratégicos pueden tener en la economía global.
El estrecho de Ormuz, clave del conflicto
Para Ferguson, el factor decisivo no es solo militar, sino geográfico: el estrecho de Ormuz. Este enclave, por donde circula una parte crucial del petróleo mundial, se ha convertido en el equivalente moderno de otros cuellos de botella históricos.
El historiador advierte que cuando estas rutas comerciales se ven afectadas por la guerra, las consecuencias económicas pueden ser mucho mayores de lo previsto. Y ahí es donde entra la comparación con 1915.
El precedente de Gallipoli
Ferguson recupera el caso del intento británico de forzar el paso de los Dardanelos durante la Primera Guerra Mundial. La operación, impulsada por Winston Churchill, buscaba romper el bloqueo otomano y asegurar rutas comerciales vitales.
El resultado fue la desastrosa batalla de Gallípoli: cientos de miles de bajas y un fracaso estratégico que agravó, en lugar de resolver, los problemas económicos del Imperio británico. El cierre de rutas comerciales disparó los precios de alimentos y desestabilizó a aliados clave como Rusia.
La lección, según Ferguson, es evidente: decisiones militares tomadas para resolver crisis económicas pueden empeorar la situación de forma dramática.
Seis lecciones que se repiten
El historiador identifica varios patrones que se repiten entonces y ahora. Entre ellos, la incapacidad de prever consecuencias indirectas, la presión política interna que condiciona decisiones estratégicas o la tendencia de los gobiernos a intervenir en los mercados sin comprender completamente sus efectos.
A esto se suma un factor clave: la velocidad. En momentos de crisis, las decisiones se aceleran, aumentando el riesgo de errores graves.
Un paralelismo con la actualidad
Ferguson ve similitudes claras entre la situación actual de Estados Unidos —bajo el liderazgo de Donald Trump— y la posición de Reino Unido en 1914. En ambos casos, una entrada confiada en el conflicto, una subestimación del adversario y un creciente coste económico y político.
Ahora, Washington se enfrenta a un dilema clásico: continuar la estrategia actual o escalar el conflicto con una intervención más directa, incluso con tropas sobre el terreno. Una decisión que, históricamente, ha tendido a agravar los problemas en lugar de resolverlos.
Beneficiarios indirectos: China y Rusia
El análisis de Ferguson también apunta a los efectos globales del conflicto. Potencias como Rusia y China podrían salir reforzadas: Moscú por el aumento de los precios energéticos y Pekín por su estrategia de acumulación de reservas y transición hacia energías alternativas.
Además, Estados Unidos se enfrenta a un límite estratégico: no puede sostener simultáneamente múltiples frentes —Oriente Medio, Ucrania y Asia— sin sacrificar recursos y atención en alguno de ellos.
Una advertencia que la historia ya hizo
Una advertencia que la historia ya hizo
El mensaje final del historiador es contundente: los errores del pasado están bien documentados, pero eso no garantiza que no se repitan.
“El peligro reside en que, como ocurrió en 1915, quienes toman las decisiones no tengan en cuenta los riesgos de aplicar soluciones militares a problemas económicos y diplomáticos”, advierte Ferguson. Una advertencia que, vista la evolución del conflicto actual, resulta más vigente que nunca.