Paula, tras seis años viviendo entre países: "Viajar constantemente tiene un precio que casi nadie cuenta"
"Viajar te aporta mucho, pero también te hace sentir que ya no perteneces del todo a ningún sitio".
Las redes sociales han convertido el hecho de viajar casi en un ideal de vida. Playas paradisíacas, atardeceres de ensueño, cafeterías con vistas espectaculares y la sensación de libertad permanente llenan cada día miles de publicaciones.
Para muchos, vivir viajando representa el éxito absoluto. Pero la realidad, según cuenta Paula, una chica española que lleva años haciéndolo, suele ser bastante más compleja.
Paula hace seis años que decidió salir de España para recorrer el mundo. Desde entonces, nunca ha pasado más de cinco meses seguidos en un mismo país. Ha vivido en numerosos países, enlazando proyectos y cortas estancias, pero sin llegar a establecerse definitivamente en ninguno.
"Vivir viajando suena romántico, pero también tiene muchos contras", comenta Paula, quien asegura que ha cumplido un sueño, pero también que detrás de esa vida hay dificultades de las que casi nadie habla.
Lo que hay detrás de la parte bonita que se enseña
Paula reconoce que, en su caso, no cambiaría la experiencia por nada, pero cree que existe una visión demasiado idealizada de este estilo de vida. "La gente piensa que vivo de vacaciones, pero no es así", expone.
"Las redes sociales enseñan el atardecer en la playa o la cima de un volcán espectacular, pero no cuando tienes fiebre en un pueblo donde nadie te entiende y no hablas el idioma", destaca la española. Porque detrás de cada cambio de país también hay burocracia, incertidumbre y un esfuerzo constante por empezar de cero. "Es difícil aprender a integrarte en una sociedad distinta y, cuando por fin entiendes cómo funciona todo y empiezas a sentirte parte de ella, tener que marcharte otra vez", explica la viajera.
Estar lejos en momentos importantes pesa
Sin embargo, Paula asegura que el mayor coste no tiene que ver con ponerse enfermo en la otra parte del mundo o volver a empezar constantemente. "Sin duda lo más difícil de todo es estar lejos de la gente que quieres y perderte acontecimientos importantes", asegura.
"Durante estos años he ganado experiencias que no cambiaría por nada, pero también me he perdido cumpleaños, bodas, Navidades y momentos con los míos que ya no vuelven", lamenta la española.
"La libertad absoluta también puede sentirse muy sola. Cuando ya tienes amigos en un lugar, una rutina y conoces el barrio, normalmente ya estás comprando otro billete. A veces echo de menos cosas tan simples como tener un supermercado al que vas siempre", comenta.
"Que sea una decisión no significa que no haya renuncias"
Pese a todo esto, Paula es consciente de que la vida que lleva es una elección propia y asegura que "fue una decisión muy meditada" de la que no se arrepiente. "En mi caso es una decisión, claro. Pero que sea una decisión no significa que no conlleve muchas renuncias", matiza.
Y después de seis años saltando de un país a otro, cree que la mayor lección no ha sido conocer nuevas culturas, sino entender que toda elección implica dejar algo atrás.
"Cada país te regala una versión distinta de ti mismo, pero también hace que nunca termines de echar raíces. Lo más complicado es que, después de tantos años, no sabes muy bien dónde está tu casa”, explica la viajera.
Y concluye con una reflexión que rara vez aparece en las fotografías de Instagram: "Viajar te cambia mucho, pero también te hace sentir que ya no perteneces del todo a ningún sitio".