Un experto en sociología revela por qué cada vez nos da más pereza invitar a gente a cenar a casa: "Es dejarles entrar en tu vida privada y en tu intimidad"
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Un experto en sociología revela por qué cada vez nos da más pereza invitar a gente a cenar a casa: "Es dejarles entrar en tu vida privada y en tu intimidad"

Cuando el tamaño importa...

  Unos amigos brindan en una cena.Getty Images

Tener invitados en casa cada vez está menos de moda. El estrés, la conciliación laboral, la fatiga social, o incluso la pereza son las culpables. En declaraciones recogidas por el diario francés Le Figaro, en su suplemento Madame, Émilie, una arquitecta de 37 años, cuenta que han pasado dos años desde que no invita a sus amigos a casa. 

"La última vez fue por mi cumpleaños. Pasé semanas estresándome: qué iba a preparar, si mi piso era lo suficientemente grande, cálido, limpio", confiesa. Pero todo ha cambiado a su vida en la infancia, dice, cuando las mesas de los sábados por la noche "eran habituales". "Ocho, diez personas alrededor de la mesa. Mi madre sacaba su cazuela o la máquina de raclette, mi padre abría una botella y ya está".

Según los datos de la OCDE consultados por el medio de comunicación, la proporción de europeos que se reúnen diariamente con sus amigos ha caído del 21% en 2006 al 12% en 2022. Solo en Francia, una encuesta reciente sobre tendencias alimentarias realizada por el Observatorio de Sociedad y Consumo de la Fundación Jean Jaurès indica que una media del 43% de nosotros comemos solos en casa habitualmente, frente a aproximadamente el 29% hace 20 años.

"Un gesto trivial"

Para Jean-Pierre Corbeau, profesor emérito de sociología de la alimentación y el consumo en la Universidad de Tours, al centro de ese país, tener invitados en casa significa "dejarles entrar en tu vida privada, en tu intimidad". Dependiendo del tamaño de la vivienda, explica el especialista, no siempre es posible mantener una frontera entre lo que consideramos presentable y lo que queremos mantener oculto, como cuando el dormitorio también es el salón, o el baño es demasiado visible. 

Esto le ocurre a Nora, una dependiente de 29 años que vive en un estudio de París y que en declaraciones también recogidas por el periódico, asegura que "mi piso es pequeño, un poco un desastre permanente". "La idea de traer a compañeros y guardar todo tres días antes me estresa. Incluso con amigos o familia, me cuesta hacerlo, tengo demasiado miedo de que por este lío digan cosas negativas sobre mí", asegura. Ella prefiere trasladar la reunión a restaurantes o cafés.

Por su parte, el profesor y geógrafo Luc Gwiazdzinski asegura que todos estos cambios forman parte de una transformación en los estilos de vida. "Pasamos de un espacio con el comedor sagrado a algo mixto donde dormimos, comemos, trabajamos, navegamos por el móvil". "Ya no hay identidad en nuestras habitaciones. Nuestras sociabilidades no permiten la proximidad en el sentido físico", añade.

La presión de hacer las cosas bien

Jean-Pierre Corbeau pone encima de la mesa la presión de hacer las cosas bien. La casa debe estar ordenada, la comida un éxito, el ambiente controlado. El experto tiene varios culpables: las redes sociales, los programas de cocina y los blogs. Aunque asegura: "No recibes más si no estás a la altura de la tarea".

"La gran cena da paso a la cena de aperitivos en el bar local, el asado del domingo se convierte en brunch en un restaurante de moda. En verano, nos encontramos más al aire libre, en pícnics improvisados en el parque o barbacoas en el jardín", concluye.

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