Un profesor deja las llaves de la escuela a la señora de la limpieza y se desata una gran trama: "Ha desaparecido sin dejar rastro"
Un gesto de confianza que acabó en desastre.
Un simple acto de confianza terminó convirtiéndose en una compleja trama de robo, mulas de dinero y una investigación incompleta. El profesor y filósofo Ad Verbrugge, residente en la ciudad de Leiden, en los Países Bajos, nunca imaginó que dejar las llaves a su empleada de la limpieza antes de irse de vacaciones acabaría costándole más de 13.000 euros y una profunda sensación de impotencia.
Antes de marcharse, Verbrugge dejó en su vivienda las tarjetas bancarias y de crédito de dos entidades que preside: la Escuela de Filósofos y el Fondo de los Filósofos. También confió a su empleada doméstica las llaves de la casa para que cuidara de su gato durante su ausencia. Días después, el dinero había desaparecido.
Dinero perdido y un intermediario
Como recoge el medio AD, según se expuso en el tribunal de La Haya, en apenas dos días se retiraron más de 13.000 euros de las cuentas de ambas organizaciones. Parte del rastro condujo hasta un joven de 21 años, identificado como I.A., que fue grabado por cámaras de seguridad retirando dinero en un cajero automático del Hobbemaplein, cerca del mercado de La Haya.
El botín que él manejó directamente no superó los 400 euros, explicó ante el juez. Aun así, el tribunal consideró probado su papel como mula de dinero y lo condenó a 60 horas de trabajos comunitarios y dos semanas de prisión condicional.
Durante la audiencia, I.A. aseguró que no fue el cerebro del robo. Según su versión, fue contactado a través de redes sociales por una mujer llamada Melissa y su madre, quienes sabían que él realizaba trabajos ocasionales como intermediario financiero ilegal. A cambio de retirar el dinero con las tarjetas robadas, recibió 50 euros.
La empleada de la limpieza
Para Ad Verbrugge, la sentencia deja un sabor amargo. El profesor asistió personalmente a la vista judicial y mostró su decepción por la falta de avances contra la principal sospechosa: su empleada de la limpieza. “Ha desaparecido sin dejar rastro”, declaró, visiblemente frustrado.
Verbrugge sospecha que el joven condenado sabe más de lo que ha contado y que otras personas participaron en la desaparición del dinero. Sin embargo, hasta el momento, ni la policía ni la fiscalía han logrado localizar a la mujer ni esclarecer el destino del resto de los fondos.