Una británica esperaba una isla saturada de turistas en Gran Canaria y descubre pueblos donde "parecía que le han bajado el volumen al mundo"
"Sentí esa profunda sensación de calma".
Las Islas Canarias llevan meses apareciendo en titulares por las protestas contra la masificación turística, el aumento de los precios de la vivienda y el creciente debate sobre los límites del modelo turístico. Una situación ha empezado a generar incertidumbre entre muchos viajeros, quienes se preguntan si realmente sigue siendo buena idea visitar el archipiélago.
Una duda que también tenía Natalie King, una turista británica que finalmente se decidió a visitar Gran Canaria pese a las advertencias sobre la masificación de la zona. Sin embargo, al llegar se encontró con una realidad muy distinta a la que esperaba.
Lo que pensaba que sería una isla completamente dominada por las multitudes acabó convirtiéndose en una experiencia marcada por pueblos tranquilos, paisajes casi intactos y rincones donde, según relata, "parecía que le han bajado el volumen al mundo".
Más allá de las playas y las multitudes
La viajera explica que decidió visitar Gran Canaria después de ver que el archipiélago figuraba en la lista de destinos que Fodor recomienda evitar debido a la presión turística que sufren algunos lugares.
Aunque la británica reconoce que determinadas zonas sí que le parecieron excesivamente orientadas al turismo, también asegura que Gran Canaria le sorprendió por su diversidad.
A diferencia de otros destinos donde resulta difícil escapar de los circuitos más populares y masificados, King describe esta isla como un lugar donde todavía es posible descubrir espacios alejados de las aglomeraciones.
"Si solo quieres llegar en avión y tumbarte en una tumbona, puedes hacerlo sin problema, pero el resto de la isla parece haber conservado su cultura intacta", explica la viajera.
Impresionada por la tranquilidad y la vida local
Uno de los momentos que más le impactó fue su visita a Tejeda, considerado uno de los pueblos más bonitos de España. Rodeado de montañas y paisajes volcánicos, el lugar le transmitió "una sensación difícil de encontrar" en otros destinos turísticos.
La autora describe el municipio como un enclave tan tranquilo que "parecía que el mundo entero se había apagado". También destaca las vistas desde las zonas más altas de la isla y la sensación de “estar contemplando un territorio prácticamente virgen”.
La experiencia continuó en Las Palmas de Gran Canaria, donde la británica quedó especialmente impresionada por el barrio histórico de Triana y por la amplia presencia de pequeños comercios y restaurantes frecuentados por residentes.
Un lugar donde bajar revoluciones
Sin embargo, también admite que no todos los lugares le dejaron la misma impresión. La británica reconoce que la famosa Playa del Inglés no terminó de convencerla debido a la insistencia de algunos establecimientos y vendedores para atraer clientes.
En cambio, señala Puerto de Mogán como uno de los grandes descubrimientos del viaje. El pequeño pueblo pesquero, conocido por sus canales y su ambiente relajado, logró combinar, a su juicio, la comodidad de un destino turístico con el encanto de una localidad tradicional.
"Sentí esa profunda sensación de calma que solo unas buenas vacaciones de playa a la antigua usanza pueden brindar", concluye Natalie, desmontando así, gratamente sorprendida, gran parte de la imagen que esperaba encontrar antes de aterrizar en Gran Canaria.