Una empresa expone un bolso de "cuero de tiranosaurio rex" valorado en más de medio millón de euros, pero los paleontólogos son escépticos: "Parece más una fantasía"
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Una empresa expone un bolso de "cuero de tiranosaurio rex" valorado en más de medio millón de euros, pero los paleontólogos son escépticos: "Parece más una fantasía"

El bolso, creado con material cultivado en laboratorio inspirado en proteínas del T-Rex, se exhibe en Ámsterdam y saldrá a subasta por más de 600.000 euros, aunque expertos cuestionan su base científica.

T. Rex StanEl HuffPost

Un bolso de lujo hecho con "cuero de T-Rex" y valorado en más de medio millón de euros ya existe. O al menos eso asegura la empresa que lo ha desarrollado. El problema es que los científicos no lo ven tan claro.

Hay ideas que parecen sacadas directamente de una película. Y luego están las que directamente intentan venderte una. Un bolso de cuero de tiranosaurio rex entra claramente en esa categoría.

La pieza, desarrollada por varias empresas de biotecnología y diseño, ya se expone en un museo de Ámsterdam y partirá de una puja inicial de más de 500.000 libras -unos 600.000 euros- cuando salga a subasta. Un objeto exclusivo, experimental y, sobre todo, viral.

Pero también profundamente cuestionado.

El bolso imposible

El bolso no es una recreación estética sin más. Según sus creadores, está fabricado con un material cultivado en laboratorio a partir de secuencias de proteínas del T-Rex reconstruidas científicamente.

El proceso, explican, parte de fragmentos de colágeno encontrados en fósiles. A partir de ahí, mediante biología sintética asistida por inteligencia artificial, se habrían creado células capaces de generar un material similar al cuero.

El resultado es un bolso de tono verde oscuro, con detalles inspirados en la doble hélice del ADN y una estética que mezcla ciencia y lujo. Un objeto pensado para posicionarse en la gama más alta del mercado.

No como alternativa al cuero tradicional, sino como algo incluso más exclusivo.

Lujo, biotecnología… y marketing

Detrás del proyecto hay una intención clara: cambiar la percepción del cuero cultivado en laboratorio.

"El cuero sintético suele verse como una imitación", explican desde las empresas implicadas. "Con el cuero de T-Rex queremos romper esa idea y situarlo directamente en el lujo".

La estrategia no es casual. En lugar de competir con materiales tradicionales, buscan crear una categoría nueva basada en lo extraordinario.

Y pocas cosas suenan más extraordinarias que llevar algo hecho, supuestamente, a partir de un dinosaurio.

El problema: no hay ADN de T-Rex

Aquí es donde entra la ciencia. Y donde la historia empieza a desinflarse. Porque, aunque la idea suene espectacular, hay un detalle clave: no existe ADN de tiranosaurio rex utilizable.

Al menos, no en el sentido que sugiere el proyecto.

Varios expertos han señalado que lo que se está utilizando no es material genético real del dinosaurio, sino reconstrucciones teóricas basadas en fragmentos muy limitados de proteínas conservadas en fósiles.

Y eso cambia completamente el relato.

"Parece más una fantasía"

La crítica más clara ha llegado desde la paleontología. El experto Thomas Holtz Jr., de la Universidad de Maryland, lo resumió sin rodeos: "Lo que esta empresa está haciendo parece más una fantasía".

El motivo es simple. Sin ADN completo ni piel real del T-Rex, el material no puede considerarse auténticamente derivado del animal. Es, en el mejor de los casos, una reinterpretación basada en datos incompletos.

O, dicho de otra forma, una idea inspirada en el pasado… pero construida en el presente.

Entre "Jurassic Park" y la realidad

La comparación es inevitable. La idea de reconstruir algo a partir de restos fósiles recuerda directamente a Jurassic Park, donde el ADN de dinosaurio permitía traerlos de vuelta a la vida.

Pero la diferencia es abismal.

En el cine, el ADN está completo. En la realidad, no. Lo que existe son fragmentos, pistas, aproximaciones. No un manual de instrucciones completo. Y eso convierte proyectos como este en algo más cercano a la ciencia ficción que a la biología pura.

¿Innovación o exceso?

Aun así, la propuesta tiene elementos que sí son relevantes desde el punto de vista tecnológico. El uso de biología sintética para crear materiales podría tener aplicaciones importantes en el futuro.

Los propios creadores insisten en que este tipo de cuero no requiere procesos contaminantes como el curtido tradicional, lo que lo convierte en una alternativa potencialmente más sostenible.

Pero entre esa base tecnológica y la idea de un "cuero de T-Rex" hay un salto narrativo evidente. Uno que, para muchos, tiene más de marketing que de ciencia.

Más allá del debate científico, hay otro factor que define el proyecto: el precio.

El bolso saldrá a subasta con un precio inicial de más de 500.000 libras. Es, por ahora, una pieza única, pensada para coleccionistas y para generar impacto. No es un producto pensado para el gran público. Es un objeto diseñado para llamar la atención.

Y lo ha conseguido.

Cuando la historia importa más que el objeto

Al final, el bolso funciona casi mejor como idea que como producto.

Porque lo que realmente se está vendiendo no es solo un accesorio, sino una historia: la posibilidad de llevar algo conectado, aunque sea de forma indirecta, con una de las criaturas más icónicas que han existido.

El problema es que esa conexión, según los expertos, es mucho más débil de lo que parece. Y ahí está el verdadero debate.

Entre la ciencia y la fantasía

El bolso de "cuero de T-Rex" resume perfectamente una tendencia actual: la de mezclar innovación real con narrativas espectaculares.

Por un lado, hay avances tecnológicos indiscutibles. Por otro, una forma de contarlos que roza la ficción.

Y en ese punto intermedio -entre laboratorio y marketing- es donde surgen las dudas.

Porque no todo lo que suena a dinosaurio… lo es.

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Soy redactor de actualidad en El HuffPost España. Mi objetivo es que no te pierdas nada, sea la hora que sea, estés despierto o dormido.

 

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Lo hago desde una perspectiva informativa, sin perder esa mirada crítica con la que aportar algo diferente a lo habitual.

 

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Creo que soy periodista desde que nací, o eso dice mi madre. Desde ese momento hasta ahora han pasado muchas cosas. Soy de Azuébar, un pueblecito de apenas 300 personas del interior de Castellón y, aunque estudié, entre en mi querida ‘terreta’ (Grado en Periodismo por la Universitat Jaume I) y Salamanca (Máster en Comunicación e Información Deportiva por la Universidad Pontificia de Salamanca), aprendí la profesión en la Agencia EFE, donde cubrí los Juegos de Río 2016, los de Tokio 2020, los de París 2024, así como también los Juegos Olímpicos de Invierno de Pieongchang 2018 y de Pekín 2022. Además, cubrí los Mundiales de fútbol de Rusia 2018 y Qatar 2022.

 

Por otra parte, abrí una extensa etapa como autónomo en la que he colaborado con ‘El Independiente’, el ‘Playas de Castellón, la ‘Revista Volata’, ‘Súper Deporte’, ‘Yo Soy Noticia’ o ‘Ciclo 21’, antes de aterrizar en el Huffington Post. 

 

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