El porqué del fin de Sora: un cierre, una inversión de 1.000 millones de Disney que se esfuma y una reorientación de OpenAI
Tecnología
Tecnología

El porqué del fin de Sora: un cierre, una inversión de 1.000 millones de Disney que se esfuma y una reorientación de OpenAI

Nadie esperaba que la herramienta de generación de vídeos de la firma de Sam Altman iba a cerrar casi dos años después de su lanzamiento. La caída en descargas y su alto coste han propiciado la drástica decisión.

El CEO de OpenAI, Sam Altman, en una imagen de archivo.The Washington Post via Getty Im

Del terremoto en Hollywood al acuerdo histórico multimillonario con Disney. Sora, la aplicación de generación de vídeos con IA de OpenAI, empresa desarrolladora de ChatGPT, ha vivido dos años de muchas emociones. Tantas que la firma que dirige Sam Altman anunció hace unos días su cierre definitivo.

Sí, sé que estamos acostumbrados a que la inteligencia artificial nos sorprende un día sí y otro también. Pero esta sí que no la vimos venir y más cuando una empresa como The Walt Disney Company había puesto 1.000 millones de dólares sobre la mesa para convertirse en su principal socio estratégico.

Si viajamos en el tiempo, retrocedemos al pasado 11 de diciembre, cuando OpenAI hizo oficial la firma para poder crear vídeos cortos con unos 200 personajes de la franquicia y tratar de impulsar contenidos incluso en Disney+, cualquier experto en tecnología no habría creído que tan sólo tres meses después todo se esfumaría.

Está claro que todo lo que sube, acaba bajando. Pero lo que ha sucedido con Sora en estos casi dos años es digno de película. Pero película de verdad, no de una generada con inteligencia artificial a través de un prompt, mensaje que recoge nuestras ideas para mandárselas a la IA.

Su prometedora aparición ha quedado en nada. Su uso cayó de forma preocupante, en un 70% desde el pasado mes de noviembre. Según las cifras que ha recogido Forbes y que OpenAI no ha confirmado, la aplicación llegaba a costar unos 15 millones de dólares diarios. Pero el adiós de Sora se produce en un momento de reorientación para la compañía de Altman.

Sora aquí, Sora allá

OpenAI apostó bastante por Sora. El impulso que le dio el éxito de ChatGPT permitió a la compañía de Sam Altman a dar el siguiente salto: un nuevo modelo "de creación de vídeos realistas a partir de texto".

"Los usuarios pueden crear vídeos con una resolución de hasta 1080 píxeles y una duración máxima de 20 segundos, con una relación de aspecto panorámico, vertical o cuadrado. Puedes usar tus propios recursos para ampliar, mezclar y combinar o crear contenido completamente nuevo a partir de texto", explicó en un comunicado la compañía. 

Todo el mundo hablando de ChatGPT y llega la misma empresa que lo desarrolló y saca una aplicación que genera vídeos en cuestión de segundos y con un sólo mensaje. Su famoso tráiler de un hombre viajando en por el espacio lo revolucionó todo.

Tal fue su impacto que, como era de esperar, provocó un importante revuelo en Hollywood. Muchos usuarios, saltándose los derechos de autor, recreaban y montaban escenas con personajes conocidos, como el difunto actor Robin Williams. Su hija, Zelda Williams, pidió que dejen de enviar vídeos de su padre creados por IA.

"Deja de creer que quiero verlos o que los entenderé; no los entiendo ni los entenderé. Si solo intentas burlarte de mí, he visto cosas mucho peores, los bloquearé y seguiré adelante. Pero, por favor, si tienes un mínimo de decencia, deja de hacerle esto a él, a mí y a todo el mundo. Es una tontería, una pérdida de tiempo y energía, y créeme, no es lo que él querría", advirtió el pasado mes de diciembre en Instagram.

  Imagen de archivo de la app Sora, de OpenAI.Samuel Boivin

El miedo a Sora 2

A principios del pasado mes de octubre, la destacada agencia de Hollywood CAA emitió un comunicado en el que advertía de los riesgos graves que suponía el modelo de vídeo Sora 2 de OpenAI.

"CAA mantiene su firme compromiso de proteger a sus clientes y la integridad de sus creaciones. El mal uso de las nuevas tecnologías conlleva consecuencias que van mucho más allá del entretenimiento y los medios de comunicación, planteando riesgos graves y perjudiciales para las personas, las empresas y las sociedades de todo el mundo", aseguró en el escrito.

La misma agencia advirtió de que era evidente "que OpenAI/Sora expone a nuestros clientes y su propiedad intelectual a un riesgo significativo". De hecho, acusó a la compañía de Sam Altman de ignorar "los principios globales de derechos de autor y desestimar flagrantemente los derechos de los creadores".

Con las alarmas encendidas en Hollywood, OpenAI dio un paso sorprendente. Después de las quejas de actores como Bryan Cranston por aparecer en vídeos generados con IA sin su autorización, la compañía de Altman se unión a SAG-AFTRA y Cranston para proteger a los artistas.

"OpenAI está profundamente comprometido con la protección de los artistas intérpretes o ejecutantes contra la apropiación indebida de su voz e imagen. Fuimos de los primeros en apoyar la Ley NO FAKES cuando se introdujo el año pasado y siempre defenderemos los derechos de los artistas intérpretes o ejecutantes", aseguró Altman.

Si no puedes contra el enemigo, únete a él

Con OpenAI convirtiéndose en la start-up de mayor valor a nivel mundial, The Walt Disney Company activó la maquinaria y cerró un histórico acuerdo por valor de 1.000 millones de dólares.

No, no contemplaba la idea de comprar la compañía de Altman, ni ChatGPT. Simplemente, por convertirse en "el primer socio importante de licencias de contenido en Sora".

Un acuerdo que contemplaba, ya hablo en pasado, una licencia de tres años para poder generar vídeos "cortos para redes sociales a partir de prompts del usuario, que los fans podrán ver y compartir". Un contenido que se basaba en "un catálogo de más de 200 personajes animados, con máscara y criaturas de Disney, Marvel, Pixar y Star Wars, que incluye vestuarios, accesorios, vehículos y escenarios icónicos".

Pero lo que igual nadie pensaba aquel 11 de diciembre es que tres meses después estamos hablando del cierre de la herramienta de OpenAI. Y la forma de comunicarlo ha sido bastante poco inteligente.

Lejos de emitir un extenso comunicado oficial, explicando todos los motivos, la cosa ha sido bastante más breve. "Nos despedimos de la app Sora. A todos los que crearon con Sora, la compartieron y construyeron una comunidad a su alrededor: gracias. Lo que crearon con Sora fue importante, y sabemos que esta noticia es decepcionante. Pronto compartiremos más información, incluyendo los plazos para la aplicación y la API, así como detalles sobre cómo conservar tu trabajo. – El equipo de Sora", han detallado.

Claro, el fin de Sora pone fin, por completo, al acuerdo con Disney y a esos 1.000 millones de dólares de inversión. Poquita cosa. Un portavoz de la compañía ha señalado a Hollywood Reporter que pone fin a su colaboración y no cierra puertas en otros gigantes de IA.

"A medida que el incipiente campo de la IA avanza rápidamente, respetamos la decisión de OpenAI de abandonar el negocio de la generación de vídeo y reorientar sus prioridades hacia otros ámbitos", ha contado.

El portavoz también ha puesto en valor la "colaboración constructiva entre nuestros equipos y lo que hemos aprendido de ella". "Seguiremos colaborando con plataformas de IA para encontrar nuevas formas de conectar con los fans allí donde se encuentren, adoptando de forma responsable las nuevas tecnologías que respetan la propiedad intelectual y los derechos de los creadores", ha expuesto.

Ahora la clave está en si hay una reorientación real de OpenAI. Lo que está claro es que algo está cambiando en la empresa de Sam Altman. Con el objetivo marcado en salir a Bolsa, desde The Wall Street Journal aseguran que los directivos buscan unificar ChatGPT, Codex y su navegador Atlas para poner en marcha una "superaplicación" para ordenador. Quizá busquen ser un todo en uno, potenciándolo de inicio a fin.

El adiós a Sora puede suponer un duro golpe o no. Eso solo lo determinará el tiempo. El interés en la app cayó y sus costes eran muy elevados. Pero lo que está claro es que su cierre demuestra que, en ocasiones, la inteligencia artificial no lo puede hacer todo, todo. Al menos, en esta ocasión.

MOSTRAR BIOGRAFíA

Redactor de tecnología, economía y actualidad y responsable de fin de semana de El HuffPost. Lleva más de un año cubriendo los principales movimientos, novedades y eventos de la industria tecnológica y siempre pendiente de la actualidad política, económica y global. Contándolo todo de una forma más cercana y rigurosa. Graduado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, trabajó antes en 20 Minutos, El Mundo, Bankinter, LaSexta y ElPlural.com.

Más de Tecnología

Comentar:
comentar / ver comentarios