Elon Musk "aparca" el Tesla y se desvía hacia la autopista de la robótica para inundar el mundo de Optimus
Elon Musk impulsa su robot humanoide de Tesla, con el objetivo de fabricar millones y llevar la automatización de fábricas al hogar. El horizonte: 2028.

Después del coche eléctrico, la conducción autónoma y los cohetes reutilizables, Elon Musk ha puesto el foco en otra frontera: los robots humanoides. Y no como experimento de laboratorio, sino como producto industrial a escala. El nombre es Optimus, el robot desarrollado por Tesla que aspira a transformar primero las fábricas y, después, el hogar.
Musk suele fallar en los plazos, pero no en la dirección estratégica. Y la dirección ahora apunta a la robótica generalista, tanto, que va a dejar de fabricar modelos de Tesla para ocupar esas factorías en sacar no automóviles con ruedas, sino humanoides con piernas, brazos, ojos y veremos qué nivel de inteligencia y habilidades.
Según ARK Invest, los robots humanoides son hasta 200.000 veces más complejos de desarrollar que los robotaxis. La comparación no es menor: si el coche autónomo ya es uno de los mayores desafíos tecnológicos actuales, un robot que camina, manipula objetos y actúa en entornos abiertos multiplica el problema.
Adiós Model S y X, hola Optimus
Según anuncios recientes de Elon Musk a principios de 2026, Tesla planea dejar de fabricar el Model S y el Model X. Pero no es dejar una cosa y ponerse a otra. La complejidad de lo que viene es abrumadora, y con una competencia feroz, en pleno desarrollo robótico, que ríete tú de la inteligencia artificial.
Un coche hace esencialmente una cosa: conducir. Lo hace en carreteras con normas claras y entornos relativamente estructurados. Un robot humanoide, en cambio, debe enfrentarse a millones de situaciones posibles: cada fábrica, cada casa, cada objeto es diferente.
Optimus no es solo un androide con brazos. Es una plataforma que integra locomoción bípeda, manipulación avanzada y un sistema de inteligencia artificial derivado del stack de conducción autónoma (FSD) de Tesla. La estrategia es reutilizar lo aprendido en percepción, visión artificial y redes neuronales para trasladarlo al mundo físico.
Ficha técnica: lo que sabemos de Optimus
Según publicó Javier Martín en su blog especializado en robótica, Integrarobot, ya tenemos una idea clara, con datos, de cómo será el nuevo producto estrella de Musk, con el que quiere cambiar el mundo, junto con su proyecto aeroespacial (Space X) y de redes (Starlink).
- Altura aproximada: 173 cm.
- Peso estimado: 55-60 kg.
- 28 actuadores en la versión Gen 2.
- Mano avanzada Gen 3 con 22 grados de libertad.
- Arquitectura neuronal end-to-end.
El robot integra cámaras para visión, sensores de fuerza y par en articulaciones, sensores táctiles en la mano e IMU interna para estabilidad. El hardware de computación deriva del sistema FSD y el entrenamiento se apoya en centros de datos propios y en el superordenador Dojo de Tesla.
Estrategia: primero fábrica, después hogar
La hoja de ruta no empieza en el salón de casa. Empieza en entornos controlados. Tesla planea desplegar Optimus internamente en sus propias plantas para tareas como:
- Manipulación y clasificación de piezas.
- Recogida de datos para entrenar modelos de IA física.
- Aprendizaje por imitación mediante teleoperación.
La idea es que el robot aprenda trabajando. La supervisión humana será clave en esta fase piloto. A medio plazo, Musk habla de tareas domésticas generalistas. Pero ahí el reto es exponencial. Un hogar no es una línea de montaje.
Producción, coste y competencia: el verdadero campo de batalla
El diferencial competitivo de Tesla no es solo tecnológico. Es industrial. La compañía domina la fabricación a gran escala y la integración vertical. Los objetivos son:
- 2025: miles de unidades.
- 2026: decenas de miles.
- Largo plazo: millones.
La producción masiva aún no ha comenzado. El coste objetivo de fabricación es inferior a 20.000 dólares (unos 16.800 euros), con un precio estimado entre 20.000 y 30.000 dólares (entre 16.800 y 25.300 euros) cuando se alcance volumen. Aquí está la clave: no basta con que funcione. Tiene que fabricarse barato.
Y por supuesto, está la creciente competencia, con gigantes y startups que evolucionan rápido fabricando prototipos y modelos que quizá nos acompañen en hogares e industria más pronto que tarde.
Optimus compite en una carrera cada vez más poblada: Figure AI, 1X Technologies con su modelo Neo, Apptronik con Apollo o Boston Dynamics con Atlas. Seguro que has visto vídeos de cada uno de ellos haciendo cosas que emocionan y asustan el mismo tiempo. Y, además, el ecosistema chino, que podría entrar con producción agresiva y costes bajos.
¿Transformación real o una promesa más con algo o mucho de "humo"?
Si ARK acierta, la ventana de transformación industrial podría abrirse en 2028 o 2029. Pero el salto desde demostraciones controladas a robots autónomos en millones de hogares es otra liga.
El precedente está ahí: el coche autónomo prometía plena autonomía hace años y aún está en transición regulatoria y tecnológica. Veremos qué ocurre con los robots.
Optimus representa algo más que un producto. Es la apuesta de Musk por la automatización física total. Si funciona, no cambiará solo una industria. Cambiará el mercado laboral. Y si no funciona, será la promesa más ambiciosa que Tesla haya intentado cumplir.
