Un joven jubilado instala un rocódromo de alta tecnología en su casa y lo abre a los escaladores locales: "La diferencia es enorme con varias personas"
Tras jubilarse después de una carrera internacional en la banca, decidió invertir entre 30.000 y 40.000 euros en una espectacular pared de escalada conectada. Lo más sorprendente es que cualquiera puede usarla gratis.
Hay quien celebra la jubilación con un gran viaje. Otros se compran una autocaravana o se mudan al campo. Philippe Sigal optó por algo bastante menos habitual: instalar en su casa una de las paredes de escalada más avanzadas que existen.
Y después decidió abrirla gratuitamente a otros aficionados.
La historia ha llamado la atención en Francia porque no se trata de un rocódromo cualquiera. Sigal ha instalado en una vivienda de Limogne-en-Quercy, un pequeño municipio del departamento de Lot, una sofisticada Kilter Board, un sistema de entrenamiento utilizado por escaladores profesionales y centros especializados de todo el mundo.
Un capricho de jubilación de hasta 40.000 euros
Tras décadas trabajando en la banca internacional, con etapas en ciudades como Londres, Tokio o Lisboa, Philippe y su esposa decidieron instalarse en el sur de Francia. Allí compraron una gran casa y transformaron una antigua dependencia en una sala de escalada de última generación.
La pieza estrella es una Kilter Board de 3,7 metros por 3,7 metros equipada con unas 600 presas fijas y un complejo sistema tecnológico. Su precio puede oscilar entre los 30.000 y los 40.000 euros.
"Muchos escaladores sueñan con tener una pared en casa", explica Philippe. Sin embargo, él quería evitar los problemas de mantenimiento de los rocódromos tradicionales, donde hay que cambiar constantemente las presas y diseñar nuevas rutas.
Un rocódromo inteligente
La gran particularidad del sistema es que las presas incorporan iluminación LED. A través de una aplicación móvil, el usuario selecciona el nivel de dificultad y automáticamente se iluminan únicamente las presas que forman la ruta elegida.
Además, la pared puede modificar su inclinación entre 15 y 70 grados gracias a un sistema mecánico. "Las posibilidades son infinitas", explica su propietario.
Los propios usuarios pueden diseñar recorridos y compartirlos con otros escaladores de todo el mundo mediante la aplicación.
"A varios, todo cambia"
Lo que realmente ha sorprendido a los vecinos no es la tecnología, sino la decisión de Philippe de compartirla. Lejos de reservarla para uso privado, comenzó a invitar a escaladores de la zona a entrenar gratuitamente.
Y pronto descubrió que la experiencia mejoraba considerablemente cuando había más gente. "Es mucho más motivador estar varios juntos", asegura. "Podemos aconsejarnos, desafiarnos mutuamente y mejorar la técnica." Para él, los ánimos de otros escaladores marcan la diferencia.
"Soy de los que se supera cuando recibe apoyo. Si estoy solo, escucho demasiado a mi pequeña voz interior", bromea.
Mucho más que escalada
La iniciativa también ha servido para algo que Philippe y su mujer valoraban especialmente tras mudarse a una zona donde apenas conocían a nadie: crear relaciones. Aunque llevaban casi treinta años viviendo fuera de Francia, ambos quedaron enamorados de la región y decidieron instalarse allí definitivamente.
La escalada terminó convirtiéndose en una forma inesperada de integrarse. "Nos han acogido extraordinariamente bien", asegura. Mientras tanto, los aficionados de la zona disfrutan de una instalación que normalmente solo encontrarían en grandes centros especializados.
Y todo gracias a un jubilado que decidió que el mejor regalo para esta nueva etapa de su vida no era disfrutarlo solo, sino compartirlo con los demás.