Un pueblo de 400 habitantes tumba un centro de datos de 2.000 millones del que nadie sabía quién estaba detrás: usaron una moratoria urbanística
La intrahistoria de cómo un macrocentro de datos oteó una zona rural de EEUU y las protestas vecinales y las decisiones locales acabaron alejando sus intenciones.

Desde el auge de la IA a la ansiedad por la automatización: son varios los factores que explican que el mundo se esté llenando de macrocentros de datos. Pero no todos convencen a los vecinos que los tendrán que aguantar cerca: la instalación de este tipo de infraestructura tecnológica está poniendo en pie de guerra a colectivos vecinales y medioambientalistas en todo el planeta por su consumo energético y de agua.
Los macrocentros de datos aspiran a dar esa capacidad de computación que la IA y los nuevos desarrollos digitales requieren: son grandes campus en los que hay racks con máquinas encendidas que necesitan ventilación. Y un ventilador o un aire acondicionado no es suficiente, por lo que se suele hacer uso de sistemas de refrigeración líquida que implica consumir el agua de los acuíferos o ríos cercanos.
Cada vez se está documentando más cómo este tipo de instalaciones tienen un impacto variopinto en muchos pequeños municipios latinoamericanos. Incluso en España el tema ha llegado al Congreso de los Diputados y activistas organizados en torno a la plataforma Tu nube seca mi río han llegado a explicar en ese espacio que hay que reivindicar e incluso regular la posibilidad de alcanzar el "decrecimiento digital".
Precisamente que cada vez existan más ejemplos, documentación y decisiones políticas a lo largo del mundo ha pillado desprevenido a Ron Brisbois, el director de desarrollo económico del condado rural de Grant de Wisconsin, en EEUU. Un grupo de promotores (cuya identidad no ha trascendido aun) le propuso levantar en esta zona un campus de unas 200 hectáreas con centros de datos, todo por valor de 2.000 millones de dólares.
Ahora esos promotores han salido espantados del proyecto y no se ha vuelto a saber nada de ellos. ¿Qué ha pasado?
Cassville, un pueblo de 400 personas que espantó a una gigacorporación
Ha sido el medio Wisconsin Watch quien ha hecho una cronología de los hechos con varias entrevistas en profundidad con Ron Brisbois, el director de desarrollo de Grant, en Wisconsin. El propio Brisobis se siente decepcionado por la extraña situación en la que los promotores, que no se sabe quiénes son, han pasado de estar entusiasmados con la idea de levantar un macrocentro de datos en la zona a acabar ghosteándole.
Por el camino hasta llegar a ese punto se han vivido circunstancias curiosas: por ejemplo, los intentos de los promotores por encontrar exenciones fiscales que les permitiese ahorrar en impuestos, o la posibilidad de emplear el pago de impuestos por parte del complejo tecnológico para financiar algún desarrollo concreto.
Esta es una figura fiscal habitual en EEUU, aunque Brisbois dejó claro a los promotores dos cosas: que no creía que dicha figura se pudiese aplicar para un pueblo de 400 personas y que la idea de que una instalación de esta naturaleza tuviese beneficios fiscales no sería bien recibido por los vecinos. De forma paralela, los vecinos empezaron a organizarse y protagonizaron una sonada manifestación en marzo de este año.
Todo ello desembocó en que el pueblo de Cassville acabara aprobando una moratoria de centros de datos. Esta figura urbanística no implica una prohibición sine die de la construcción de nuevos centros de datos, pero sí supone posponer temporalmente la aprobación de cualquier proyecto relacionado con algo así. Parece evidente que la iniciativa ha acabado alejando el interés de los promotores.
Promotores que no se sabe todavía quiénes son (o quiénes fueron), pero cuyo centro de datos parece ahora más lejos que antes en este pequeño pueblo de esta zona rural de EEUU.
