Jordi Cruz, chef con tres estrellas Michelin: "Cuando intento irme de vacaciones me pongo enfermo o suelo caer en la ansiedad, es preocupante"
"Hay que lograr ser feliz y en el trabajo hay que lograr sentirte realizado".

Detenerse no siempre resulta fácil para quienes viven inmersos en un ritmo de trabajo constante. El chef Jordi Cruz, uno de los cocineros más reconocidos de España y poseedor de tres estrellas Michelin, ha reconocido que su nivel de exigencia profesional es tan elevado que, cuando intenta desconectar, su propio cuerpo reacciona con ansiedad o incluso con alguna enfermedad.
"Cuando intento hacer vacaciones, que no hago muchas, me suelo poner enfermo o suelo caer en la ansiedad cuando paro", confiesa el cocinero en el podcast Vidas Ajenas. Asimismo, el chef admite que su forma de trabajar le mantiene "a 300" de manera permanente.
La ilusión como motor de su carrera
Además, Jordi reflexiona sobre la importancia de conservar intacta la ilusión por cocinar y crear. Para él, esa motivación representa un auténtico tesoro que teme perder. El chef compara esa ilusión con una pequeña llama que mantiene viva a una persona en medio de una tormenta. "Es como si estuvieras en una ventisca y tuvieras un fueguecito. Estás aterrorizado porque si esa luz se apaga, te mueres", explica.
Ese miedo a perder la pasión por su profesión es, según reconoce, una de las razones que le llevan a mantener un nivel de actividad constante. "No quiero que se apague esa lucecita. Qué vida más triste sería sin tener ganas de hacer algo", asegura.
Un cuerpo que no sabe frenar
Esa intensidad tiene también un coste personal. Cruz reconoce que apenas disfruta de vacaciones y que cuando intenta bajar el ritmo aparecen problemas físicos y emocionales. "Mi cuerpo va a 300. Cuando digo: 'vamos a ponernos a 20', no tengo capacidad de frenazo", admite.
El chef incluso bromea con la posibilidad de necesitar una larga pausa para reaprender a descansar. "Debería parar e ir a una clínica de reinserción humana y darme tres meses para ir frenando progresivamente. Lo mío es preocupante", comenta con ironía. Aun así, reconoce que disfruta trabajando a ese nivel de intensidad y que esa forma de vivir forma parte de su personalidad.
Aprender a poner límites
Cruz también explica que con los años ha aprendido a centrar sus esfuerzos únicamente en aquello que realmente puede controlar. Recuerda que antes sufría por las opiniones ajenas y por situaciones que escapaban a su capacidad de actuación, hasta que decidió limitar su responsabilidad a lo que denomina "su metro cuadrado".
"Donde termina mi libertad y mi opinión empiezan las de los demás", afirma. Ese cambio de perspectiva le ha permitido reducir parte de la presión que sentía y concentrarse en aquellos aspectos de su trabajo de los que realmente puede hacerse responsable.
Para Jordi Cruz, después de alcanzar el reconocimiento profesional, el siguiente gran objetivo es otro mucho más personal. "La vida es lograr ser feliz y en el trabajo, lograr sentirte realizado. Eso ya lo tengo cubierto. Ahora lo estoy intentando hacer a nivel familiar y estoy disfrutando mucho del proceso", concluye.
