Manuel Vicent usa un acontecimiento que marcó la Transición para criticar lo que pasa hoy en el Congreso
"La violencia verbal de baja calaña de algunos políticos tiene ya el mismo impacto que la metralla", asegura el escritor y articulista.
El aniversario de la llegada de la Constitución Española y el 50 aniversario de la muerte de Franco están dejando titulares en los medios de comunicación. Manuel Vicent ha aprovechado la ocasión para poner encima de la mesa su más sincera opinión y ha comparado las balas que dejó en el techo del Congreso de los Diputados el intento golpista de Antonio Tejero en 1981 con el odio entre los políticos en la actualidad, que "está creciendo cada día".
"Cuando los ciudadanos el día de puertas abiertas del Congreso de los Diputados invadan el hemiciclo, no es necesario que miren el techo. Basta con que imaginen que entre los escaños la violencia verbal de baja calaña de algunos políticos tiene ya el mismo impacto que la metralla", dice, de este modo, el escritor en un artículo para el diario El País.
Del intento golpista de Tejero, asegura que fueron "45 impactos", "algunos han sido borrados, pero quedan los suficientes para satisfacer el morbo, hoy convertido casi en un divertimento". "Puede que si hubiera muerto algún diputado la sangre habría reclamado más sangre y el golpe hubiera triunfado después de una gran escabechina, pero al final la ráfaga de metralleta quedó solo como una rúbrica de plomo que certificaba el odio que un bando de españoles sentía contra la libertad y la democracia consagradas en la Constitución", continúa.
Pero no solo usa las balas del Congreso. También, dice, en Madrid se conservan otros impactos de metralla "más dramáticos". El fotógrafo Robert Capa los inmortalizó con su cámara durante la Guerra Civil en 1936, asegura el escritor. Están en la pared de una calle de Puente de Vallecas. "El odio y la muerte habían pasado por allí, pero ahora en la fotografía de Capa, contra esa pared de fondo roída por las mordeduras de la metralla, aparecían unos niños desarrapados jugando en la acera bajo la mirada sonriente de la madre que los vigilaba desde la puerta de casa".
"Mientras los balazos del hemiciclo y los de la pared de Entrevías están a punto de convertirse en una atracción turística, es evidente que en este país el odio entre los políticos está creciendo cada día y a la hora de insultarse ya van cargadas de plomo las palabras que usan", concluye, contundente Vicent