BLOGS
21/03/2018 07:27 CET | Actualizado 21/03/2018 07:27 CET

Santiago Gamboa: “Como Rimbaud, Colombia tiende a la autodestrucción”

Daniel Mordzinski
El escritor Santiago Gamboa

Por Winston Manrique Sabogal

El escritor colombiano recrea en 'Volver al oscuro valle' la necesidad incesante del nomadismo con el telón de fondo de la doble crisis económica de Europa y el proceso de pacificación en Colombia. Y como dios tutelar el poeta francés que lo toca todo.

Él abrió el camino, así es que la presencia de Arthur Rimbaud lo cubre todo, lo toca todo. Su adiós a la poesía y huida, a los 19 años, en una exploración sin rumbo aparente en busca de sí mismo es la metáfora del ser humano que habría de instalarse en este mundo. Y su sombra es la luz de Volver al oscuro valle.

"Él vivió su vida como si fuera un poema, como construyendo un poema... Seguir la vida de Rimbaud es casi como una novela... un poema novelado", dice Santiago Gamboa (Bogotá, 1965) con voz pausada a la caza de que cada palabra encaje en la frase.

Aquel joven genio rebelde y adulto expedicionario es la figura tutelar de Volver al valle oscuro (Literatura Random House), la novela de Gamboa sobre la vida de cinco personajes unidos por la venganza y el eterno movimiento físico y emocional hacia el pasado. La nostalgia como paraíso e infierno. El hilo invisible del tiempo que les descubrirá que huir de él no es más que volver al origen, y que "la literatura es el único lugar al que se puede volver". En su camino dos crisis actuales, la económica-social de Europa y la social-política de Colombia en el laberinto del proceso de paz.

Y aunque Manuela, que fue violada encuentra su refugio en la literatura y la poesía del genio francés, Tertuliano, Ferdinand, Juana y el Cónsul son nómadas que cargan sus angustias por el borde del abismo, la novela cumplirá un sueño de Rimbaud.

W Magazine
Arthur Rimbaud, según Giacometti (1962).

Winston Manrique Sabogal. La presencia de Rimbaud es total. Son varias novelas en una, las vidas como espejos, los personajes abandonados por los padres y recuerda que el ser humano es nómada eterno, tanto físico como espiritual y emocional. Sus personajes miran al pasado y señalan que por ese nomadismo mental nunca terminamos de estar en el presente.

Santiago Gamboa. Ahí tocaste varios temas centrales. La propuesta mía de mirar desde Rimbaud la época contemporánea. Al fin y al cabo, la novela también es una fotografía del mundo contemporáneo de estos años de crisis económica y de seguridad en España y Europa; y de una Colombia en proceso de pacificación, pero una pacificación incompleta y con un cierto temor... Y, en medio de eso, los viajeros...

Yo desde El síndrome de Ulises hablo de los emigrantes que se fueron. Y esta novela es como el regreso... Creo que estoy cerrando una época. El nomadismo al que se refiere, esa necesidad permanente de ir a buscar en otros lugares un personaje que puede ser diferente del que uno era ese es el espejo de Rimbaud. El espejo de Rimbaud es el que nos lleva a querer ser otro, otro en otro lugar. En otros lugares aprendemos a ser otros, como decía Rimbaud. Y, al mismo tiempo, Rimbaud es el viajero del siglo XX y XXI pero en el siglo XIX; es tal vez el primer migrante al estilo del siglo XX, es decir, ese personaje que se va sin ningún tipo de ayuda económica, que vagabundea, busca trabajo, busca establecerse, que está solo.

W. Manrique. Más que una huida de un lugar físico, lo que Rimbaud hace es ir en busca de sí mismo porque no termina de encontrarse.

S. Gamboa. La metáfora de Rimbaud es muy profunda. En el fondo lo que nos está diciendo es que uno debe encontrar un lugar para poder volver a él, y no es el lugar de donde uno salió. Esa es una propuesta poética. En el fondo, la literatura es el único lugar al que realmente uno puede volver. Eso es poesía. Uno vuelve a lugares físicos, pero ya no es el mismo. Yo volví a Colombia, y no a Bogotá sino a Cali. El volver a Colombia no es un regreso real, es más bien dar la vuelta y acercarme por otro lado...

W. Manrique. Rimbaud como gran metáfora del siglo XX y XXI.

S. Gamboa. Sí. Porque la mayoría viajaban para comprobar lo que para ellos era su superioridad cultural. Y Rimbaud no viajaba así. Él viajaba casi de polizón, no le importaba comer basura, dormía en la calle en París. Para mí Rimbaud es ese emigrante asustado que busca trabajo y que quiere ser feliz y que quiere transformar para formarse, del emigrante que yo conocí en los años ochenta y que hoy vuelve a su país tras no conseguir, muchas veces, lo que buscaba.

W. Manrique. En Rimbaud hay dos cuestiones clave: lo abandona el padre y luego el profesor que creía en él, y esto último lo vive como un cataclismo.

S. Gamboa. Rimbaud pierde la protección que estaría encima de él protegiéndolo... Reconoce la figura del padre en un profesor, lo pierde y se queda a la intemperie, y la intemperie es el lugar de los artistas... Los artistas buscan en el arte una protección; como diría Paul Bowles, un cielo protector, y el arte es ese cielo protector. Fíjate que yo no soy religioso, pero lo que me gusta de las religiones es que la religión es la suma de todas las artes, en la religión tú tienes la poesía, la literatura, el teatro, la música, la danza, la arquitectura, la pintura, tienes todas las artes...

W. Manrique. Y una promesa...

S. Gamboa. La religión occidental comienza con un tipo mirando hacia arriba diciendo a su padre: ¿Por qué me abandonaste? Y esa ausencia de padre, esa ausencia de idea protectora ya la trabajé en Plegarias nocturnas. Ese es, también, el gran grito del joven artista. Por eso me interesa ver a Manuela en el espejo de Rimbaud y analizar el arte de la literatura como ese grito de un joven que quiere sentir que está protegido por algo, que no está solo. Acuérdate de Houellebecq, él apunta hacia muchas cosas de estas cuando dice que el hombre sin una gran idea, sea religiosa o sea política que lo proteja, se siente solo, necesita de la sumisión.

W. Manrique. El epígrafe de William Blake que abre la novela es la clave: "Ese hombre debería trabajar y entristecerse y aprender y olvidar y volver al oscuro valle del que vino para iniciar de nuevo sus tareas".

S. Gamboa. Al misterioso extraño lugar. Lo que pasa es que nos da miedo la muerte porque no sabemos... Prácticamente toda la novela es un intento de darle una explicación a este verso de Blake. Aprender y olvidar está en el origen.

W. Manrique. Y Rimbaud lo que quiere es volver, es anterior a todo.

S. Gamboa. Porque él encontró un lugar... Él divide su vida en dos, hasta los 19 años escribe y después vive; pero la vida de Rimbaud es como un poema. Si sigues su vida hasta los 19 años, que es cuando escribe, no tiene ningún interés, bueno, sí, está la parte que tiene que ver con la Comuna de París haciendo sus locuras políticas, los amoríos con Verlaine son divertidos, pero todo eso es ínfimo si lo comparas con lo que hizo después... África, ese viajero, ese traficante de armas personaje extraordinario... Él vivió su vida como si fuera un poema, como construyendo un poema... Seguir la vida de Rimbaud es casi como una novela... un poema novelado.

W. Manrique. Los cuatro personajes de la novela terminan yendo al sitio donde Rimbaud quería volver. El emigrante nunca termina de estar donde tiene que estar.

S. Gamboa. El verdadero tema de toda novela es el paso del tiempo. Ese es el gran tema de la vida también, el angustiante y, a veces, placentero e imparable paso del tiempo. Es cuando la nostalgia quiere decir: ¡Hey! Uno quiere detenerse, quiere volver atrás, a algo, pero eso es imposible. El único modo con que contamos para poder hacer eso es a través de la literatura... Cuando entramos a la novela detenemos un poco nuestro tiempo y nos metemos en otro. Por eso la novela, en el fondo, es lo que más se lee, porque es una propuesta estética que se parece mucho a la vida, pero que nos permite dar con un tiempo diferente, y ahí sí retroceder o ir hacia adelante, detenerse y permite ver ese terrible paso del tiempo que es la vida de cada uno de nosotros. La nostalgia es querer ir atrás, no podemos ir atrás... es el paraíso perdido...

Santiago Gamboa avanza por la nostalgia y de cómo las personas no logran escapar del todo de ella, de una huida hacia ella. Y ese viaje verbal lo lleva a Colombia, al paraíso perdido o soñado de su país. Esta es la primera novela que Gamboa escribe en Colombia. Lo hizo en 2015, en plenas negociaciones de paz con la guerrilla y durante el referéndum en que la gente voto NO al proceso de paz del gobierno.

W. Manrique.Volver al oscuro valle es, también, Colombia.

S. Gamboa. Hay un poco de ironía, de exagerar la mirada con lente de aumento para ver los nuevos paradigmas, el perdón, la reconciliación... Pero yo veo que Colombia tiene una capacidad infinita de autodestrucción y que la gente sigue teniendo miedo. El estado de tranquilidad todavía no es una realidad. Tenemos un camino que podemos recorrer, pero tenemos la otra mitad de Colombia diciendo NO. Tenemos esa dicotomía.

W. Manrique.Hay un aspecto que aborda y es la capacidad moral de juicio de los colombianos de un lado y de otro, cada uno con su superioridad en muchos frentes, ninguno quiere perdonar cosas.

S. Gamboa. Claro. El perdón es el nuevo paradigma. Pero hay personas que todavía no están preparadas para eso. El perdón es una cosa muy íntima y eso es algo muy respetable. El perdón es como el amor, es algo que tiene que surgir de muy adentro. El dolor no es colectivo, el dolor es individual y, por lo tanto, uno no puede obligar a la gente a perdonar.

W. Manrique. Hace un momento ha dicho que Colombia tiene un infinito poder de autodestrucción. ¿Cree que Colombia, como dice de Rimbaud, es como el dios Shiva, con el don de la destrucción?

S. Gamboa. Sí, sí... Como Rimbaud, Colombia tiende a la autodestrucción. Tiene una especie de furia sicológica en contra de sí mismo, como de ese animal que se devora. Tal vez tiene que ver con nuestra historia, el hecho de que somos una república joven. En el fondo, Colombia es como un joven adolescente. Como los jóvenes poetas y escritores está buscando un camino y todavía no lo ha encontrado. Quiere como en El guardián entre el centeno que el mundo sea absoluta y perfectamente coherente, pero resulta que el mundo no es así, porque nosotros tal vez en eso somos una sociedad juvenil y adolescente, y el mundo adulto es el mundo de las contradicciones y hay que aprender a vivir con la contradicción. Colombia todavía no logra vivir en Colombia.

W. Manrique. Y aquí están los libros y la literatura como posible salvadores.

S. Gamboa. Sí, claro, porque el arte, en general, y los libros le dan sentido a las tragedias humanas. Y cuando eso se transforman en literatura se vuelven dos cosas: belleza y conocimiento, esa es la gran transformación que hace el arte sobre la vida. Contemplar la belleza de obras como el Guernica llega al conocimiento de lo que son esas líneas invisibles que la humanidad no debe cruzar, para que no sigan ocurriendo esas cosas. En la belleza hay un fondo de conocimiento. La belleza no es solamente algo sobre sí mismo, la belleza también nos informa y nos comunica estados humanos, eso es conocimiento. Eso es importante y ese es el camino de salvación que te ofrece el arte.

De ahí la presencia tutelar de Rimbaud con su vida y su arte. De ahí los ecos de los versos de Blake: "Ese hombre debería trabajar y entristecerse y aprender y olvidar y volver al oscuro valle del que vino para iniciar de nuevo sus tareas". Es el viaje perpetuo de Santiago Gamboa que salió de Colombia rumbo a París tras el sueño de escribir cuando contaba con los mismos años de Rimbaud cuando dejó todo y se echó a andar por el mundo con una sombra luminosa que llega hasta ahora mismo.

AOL

Este artículo se publicó originalmente en la web de WMagazín, la revista literaria online dirigida por el periodista Winston Manrique Sabogal, un espacio para conversar con sosiego sobre literatura, donde él es cronista de encuentros, reportajes y entrevistas a ambos lados del Atlántico, y los lectores son los coautores, con sus lecturas y comentarios

Síguenos también en el Facebook de HuffPost Blogs

NOTICIA PATROCINADA