POLÍTICA
20/11/2015 07:13 CET | Actualizado 20/11/2015 07:13 CET

¿Cómo hemos cambiado políticamente desde el 20 de noviembre de 2011?

GTRES

Sonaba a todo trapo por los altavoces la samba de Carlinhos Brown, la gente se abrazaba y movía las caderas, gritos de "Viva España" y "Rubalcaba, el sueño se te acaba". Era la imagen de la noche del 20 de noviembre de 2011. La calle Génova ardía con la absolutísima victoria del Partido Popular y con un Mariano Rajoy que, por fin, podía saltar en el balcón de la sede tras dos intentos fallidos.

Era una España sumida en la mayor crisis económica que recordaba en décadas, un país que aterrorizaba a los redactores de las páginas salmón, un socio al borde del rescate para los colegas europeos. Pero, además, era una nación que no conocía otro escenario más allá del bipartidismo y que llevaba meses indignada en la Puerta del Sol, mientras sufría con las dramáticas cifras del paro.

Este viernes se cumplen cuatro años de aquel día. El PP entonces prometía millones de empleos y un nuevo milagro económico de corte aznarista. Además, todos todavía conocían a Luis Bárcenas. El PSOE no sabía dónde mirar y comenzaba su agónica travesía por el desierto de la mano de Alfredo Pérez Rubalcaba. En los grandes think tanks y centros demoscópicos nadie pensaba en la palabra podemos y apenas había unos pocos ciudadanos en una esquina del Parlament en Barcelona.

Esta España nuestra ha presenciado en apenas cuatro años un significativo cambio en el mapa político, a la vez que ha sufrido los mayores recortes sociales de su historia. ¿Cómo hemos cambiado desde aquel día?

EL FIN DE LAS MAYORÍAS ABSOLUTAS

“Lo principal es que España ha pasado del bipartidismo a un posible multipartidismo. La mayoría absoluta parece muy lejos y difícil, está descartada. Ha habido un cambio profundo en la lógica política”, explica Víctor Lapuente, profesor de Ciencia Política y miembro del Instituto para la Calidad de Gobierno de la Universidad de Gotemburgo (Suecia).

La nueva “lógica” en el mapa político, señala Lapuente, es “más proporcional, de consenso”. En su opinión, esto puede ser una “oportunidad” para el país después de muchos años de confrontación, “de partidos que se desgastan el uno al otro con campañas muy negativas”. De hecho, considera que, a pesar de la situación a un mes de las elecciones, ya se puede palpar una “actitud diferente” entre nuestros políticos.

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Unos cambios que han sido impulsados también desde la calle. En estos años se ha producido un “profundo desencanto” de los ciudadanos respecto a las instituciones y los españoles están entre los europeos que más desconfían de sus partidos, recuerda este profesor. Agrega que esto tiene un componente “negativo” porque “favorece obviamente a las soluciones populistas”, pero también tiene uno “positivo”: la gente de nuevo es consciente de la importancia de la política. Los electores tienen, continúa Lapuente, “un sentimiento más crítico”.

Dentro de unos años, según Lapuente, se estudiará “desgraciadamente” de esta legislatura en el terreno socioeconómico la “salida desigual” de la crisis y la “fracturación” de las clases en el país. “Los efectos los vamos a ver en los próximos años”, reflexiona, a la vez que comenta que otro tema clave durante estos cuatro años ha sido la cuestión catalana. Además del debate de independencia sí o no, el problema que conllevará será la división de la sociedad catalana, incide. “Una salida de la crisis con cicatrices”, resume este politólogo.

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"LA LEGISLATURA DE LA PREPARACIÓN DEL CAMBIO"

Para Jorge Galindo, investigador del Departamento de Sociología de la Universidad de Ginebra y fundador del colectivo Politikon, ha sido una legislatura “excepcionalmente difícil”. “No ha sido la del cambio, sino la de la preparación del cambio. Se verá en la siguiente cuando tengamos a los nuevos partidos en responsabilidades a nivel estatal”, reflexiona.

Para comparar las dos fotografías cree que hay que fijarse en las preocupaciones de los españoles. En aquella fecha de 2011, rememora Galindo, España estaba “en plena recesión y en medio de la tormenta de la crisis europea” y el paro era el gran fantasma. Los partidos ya se habían colado también entre los temas sobre los que hablaban los ciudadanos, pero la corrupción no emergió como uno de los grandes problemas hasta 2012. Al igual que Lapuente, cree que ahora se abre paso también entre las prioridades la manera desigual de salir de la crisis.

Según Galindo, estos cuatro años no han sido comparables a la Transición. Más bien, se pueden asemejar a la llegada de Felipe González al poder en 1982 porque supuso un “cambio en el sistema de partidos”. Esto se está produciendo gracias a la irrupción de Podemos y Ciudadanos -el gran hit político de esta época en su opinión-. Para este sociólogo, Pablo Iglesias y Albert Rivera son, sin duda, las dos grandes figuras de estos años. Este cambio, prosigue, llegarán hasta dónde decidan los electores. Galindo subraya que parece que no tendrán la fuerza suficiente para alcanzar el poder el 20 de diciembre, pero que ya es “impresionante” lo que han logrado.

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Todo esto contrasta con la evolución del PP durante estas dos fechas. Galindo hace hincapié en que el Partido Popular llegó con un discurso precisamente de cambio respecto al Gobierno de Zapatero y con el mensaje de “solucionar” lo que estaba pasando, que le llevó a arrancar votos en el centro y en el centro-izquierda. En este punto, comenta que ahora los populares dicen que han hecho “lo que había que hacer” y sus palabras tienen “un deje conservador”. Nada que ver con el relato con el que asaltaron La Moncloa. Y en medio está un PSOE que se “ha movido un poco”, añade Galindo.

No obstante, indica que “no ha habido un cambio radical como algunos esperaban, en referencia a Podemos, y la política sigue marcada por los ejes izquierda-derecha y centro-periferia”. Lo que ha acaecido es que se han incorporado nuevas dimensiones en el tablero como la corrupción, la regeneración y el cambio en las élites políticas. Un debate al que se ha sumado como gran protagonista Cataluña. Pero, en su opinión, será precisamente la próxima legislatura la que marque el futuro político de esta autonomía.

"NADA VOLVERÁ A SER IGUAL"

“Llegamos a un mapa político y social que ha evolucionado muchísimo. La gente ha cambiado el chip respecto a la política. Eso se dejará notar o no en las elecciones, pero yo creo que nada volverá a ser exactamente igual que aquel 20 de noviembre, sobre todo para los grandes partidos”. Esta es la idea que transmite Toni Aira, experto en comunicación política y profesor en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

En su opinión, durante este tránsito “el PSOE ha perdido la frescura, el PP ha dejado a muchos desencantados y ahora tendremos que ver si los que han aparecido como alternativas se quedan finalmente como muletas o voto de rechazo”. Entre las dos fechas, se ha vivido en todo el país una crisis económica y financiera, pero también de confianza respecto a las instituciones, añade Aira.

Por el momento, apunta este experto, “no ha habido una gran revolución, sino que se han dado movimientos que apuntan que la gente necesita política de gestos, pero no radical. Quieren que se les escuche”. “Alguien dirá que es un gran paso, pero falta algo para que sea una gran transición”, apostilla Aira, que ve que hay “una antigua forma de hacer política que no acaba de morir y una nueva que no acaba de nacer”.

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¿Y qué recordaremos de esta época? Aira cita, entre los grandes momentos políticos, el ‘caso Rato’, los papeles de Luis Bárcenas, las elecciones europeas de 2014 y la consulta del 9 de noviembre en Cataluña, algo que ha “impregnado el resto del debate político”.

Lo que sí han vivido los españoles ha sido el surgimiento de una nueva forma de comunicar. Tertulias, grandes audiencias de programas políticos, nuevos formatos, unas redes sociales pendientes de los dirigentes... “Se ha forzado a los políticos a acercarse más al ciudadano y a comunicar más verdad”, entiende Aira, que explica que el momento de ese cambio lo refleja la intervención de Pedro Sánchez en Sálvame. “Se ha evolucionado a una política que intenta hablar más directamente a la gente, más a pie de calle, porque le han visto las orejas al lobo”, subraya.

Aquel 20-N ya está camino de los libros de historia contemporánea. Y los españoles ahora ya solo piensan en otra fecha: el 20-D. ¡Cómo hemos cambiado, qué lejos ha quedado aquella amistad!

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