POLÍTICA
21/03/2018 19:28 CET | Actualizado 21/03/2018 19:29 CET

La estrella Cifuentes se apaga

La presidenta madrileña acumula escándalos en los últimos meses y su carrera política se tambalea.

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Cristina Cifuentes

"He actuado y actúo con honradez", "defiendo la honradez", "la corrupción es una maldición para los partidos"... Una Cristina Cifuentes en tono duro y enfadada lanzaba estas frases hace apenas 24 horas en en el Congreso de los Diputados. Era la primera política en activo del PP que tenía que dar explicaciones en la comisión en la Cámara Baja sobre la financiación en B de los populares.

"Jamás" había participado en la financiación del PP madrileño, despejaba balones hacia Génova por Francisco Granados, Esperanza Aguirre y compañía. Y en apenas un día ha vuelto a las portadas con una sombra que amenaza con fulminar su carrera: podría haber obtenido un título de máster en la universidad Rey Juan Carlos I falsificando la nota de dos asignaturas, según ha desvelado eldiario.es.

Todo un golpe para una carrera política que apenas hace unos meses apuntaba a lo más alto -La Moncloa incluida-. Y es que Cifuentes fue la gran apuesta de Mariano Rajoy para desbancar a Esperanza Aguirre de Madrid, la pieza para renovar al partido en esta comunidad. Un bastión sentimental y de votos para el PP, pero sumido en un mar de corrupción entre 'púnicas' y 'lezos'. Hoy varias polémicas y espinosos temas también la cercan a ella.

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Enfrentada con Aguirre... y conexión con el PP nacional

Cifuentes había crecido a la sombra de ese PP, había conocido sus entrañas durante décadas... pero se había alejado en los últimos años de la todopoderosa Aguirre. Pero a la vez fue de manera paralela tejiendo una red de contactos a nivel nacional. Por un lado, consiguió la conexión gubernamental con Soraya Sáenz de Santamaría a través de su puesto en la Delegación del Gobierno -que dependía directamente de la vicepresidenta- y de la dirección nacional a través de la secretaria general, María Dolores de Cospedal.

Esperó el tiempo suficiente, lo que en el marianismo es muy apreciado. Y, llegado el momento, el dedo de Génova la nombró candidata a la Comunidad de Madrid en 2015. Era la aspirante perfecta, alejada supuestamente de los imputados, limpia de manchas 'marjalizas' y con aire de modernidad totalmente diferente al 'thatcherismo cañí' de Aguirre.

Republicana, motera, con cinco tatuajes, vecina del barrio de Malasaña, fan de Blade Runner. Cifuentes llegaba dispuesta también a taponar el ascenso de Ciudadanos, cuyo líder, Albert Rivera, es amigo personal. Eran unos días de muchos nervios en el PP, y logró ganar las autonómicas y sumar con Cs la mayoría absoluta frente al PSOE y Podemos. Había nacido una estrella.

Desde ese mismo momento, la presidenta autonómica entró con fuerza en todas las quinielas para la sucesión de Rajoy, junto a Alberto Núñez Feijóo y Soraya Sáenz de Santamaría. Una política con un discurso potente y liberal, sin complejos. Un personaje en ascenso moldeado y también asesorado por Marisa González, una de las mayores expertas en comunicación política de España. Con amigos dentro del partido, y también enemigos.

Pero Madrid no solo es brillo y alfombra roja, también es un pozo político. Y Cifuentes ha pasado de ser el mirlo blanco a acumular errores y escándalos en apenas unos meses. Su nombre ha salido en la Audiencia Nacional, de la mano del exconsejero Francisco Granados, que ha llegado a decir que la presidenta conocía lo que pasaba en la financiación de PP de Madrid por su relación sentimental con el exjefe del Ejecutivo regional Ignacio González.

EFE

Cifuentes ha interpuesto una querella por estas afirmaciones, pero la oposición sigue reclamando información sobre aquellos años y su papel en los comités de campaña como responsable de movilización territorial. ¿Pudo Cifuentes no enterarse de nada?

No es lo único que hace apagar su estrella política: el contrato de la cafetería de la Asamblea mientras era vicepresidenta segunda de la Cámara también le está dando quebraderos de cabeza. Ella recuerda siempre que nunca ha sido acusada de nada por la Policía y la Guardia Civil, pero este asunto está ahora en manos de la Justicia.

Pero hoy es ella y su currículum lo que está en duda. Se jacta siempre de dar la cara, pero han pasado las 18 horas y no ha dado explicaciones. Hay serias contradicciones entre las explicaciones dadas a través de su portavoz a el diario.es y las justificaciones de la Universidad Rey Juan Carlos I. La oposición exige que hable ya ante las cámaras y que explique ese cambio del no presentado al notable. No ha habido comentarios a ese error "de transcripción".

Cifuentes acumula estos meses titulares nada positivos. Y queda poco más de un año para las elecciones regionales, donde tendrá que enfrentarse previsiblemente a los rocosos rivales Ángel Gabilondo (PSOE) e Íñigo Errejón (Podemos), además de un Ciudadanos subido a la ola de las encuestas. Aquel pacto de investidura se ha convertido en un continuo tira y afloja entre los socios en las últimas semanas.

Pasan las horas y Cifuentes sigue guardando silencio. En Génova tampoco hablan. La estrella Cifuentes no brilla tanto ahora en el cielo madrileño.

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