POLÍTICA
24/10/2018 16:42 CEST | Actualizado 24/10/2018 17:05 CEST

Carmen Alborch, la mujer que ocupó espacios en los que sólo había hombres

Ha muerto este miércoles a los 70 años.

NurPhoto via Getty Images
Carmen Alborch al recibir el premio a las 'Mujeres que Triunfan' en Madrid.

El feminismo este miércoles está de luto por la muerte de la exministra Carmen Alborch. Era una incansable feminista, hasta el punto de decir que el "feminismo, como ha mejorado la calidad de vida de todos los ciudadanos y ciudadanas, debería ser declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad". Lo hizo en su último discurso, este nueve de octubre en un acto institucional en Valencia, en el dijo que lucharía por la igualdad "hasta el último suspiro".

Y así lo ha hecho. Es innegable que Alborch ha sido una de las voces más potentes del feminismo en la cultura y la política los últimos años. Su compromiso con la igualdad fue uno de sus ejes principales desde que era joven: ocupó espacios de poder masculinizados para su época y no se calló antes las injusticias.

Estudió Derecho en la Universitat de València y llegó a ser decana con 37 años. Pertenecía a la generación del 68, para la que era raro aún que una mujer cursase ese tipo de estudios. De hecho, fue la primera mujer decana de Derecho en su comunidad.

'El Segundo Sexo' le abrió los ojos

Fue en la universidad y allí se convirtió en activista y se rebeló contra la dictadura. Leyó El segundo sexo de Simone de Beauvoir, la obra feminista del siglo XX por excelencia, y fue entonces cuando descubrió el feminismo.

Ella misma confesó que el feminismo le cambió la vida. Se implicó en el nacimiento de las primeras asociaciones de mujeres a principios de los setenta y clamó por la despenalización del adulterio, del aborto o del divorcio.

EFE
Carmen Alborch en 1994

Además de ser la primera decana de Derecho, se convirtió en 1993 en la primera ministra de Cultura de la democracia, en el gobierno de Felipe González. Alguna vez ha recordado los murmullos que eso despertó en el Congreso de los Diputados.

Aseguraba que en el camino hacia la igualdad siguen existiendo "las brechas y los infiernos" y confesó que la primera y única vez que lloró en el Congreso de los Diputados fue cuando se aprobó la Ley contra la Violencia de Género en 2004.

Además, fue autora de varios libros dedicados al feminismo, como la trilogía que forman Solas, Malas y Libres. Ha recibido varios galardones por su lucha por la igualdad, como el del pasado 9 de octubre, cuando recogió la Alta Distinción de la Generalitat Valenciana y confesó que su motivación vital era cambiar el mundo.

Este fue su último discurso: