BLOGS
04/02/2013 08:10 CET | Actualizado 05/04/2013 11:12 CEST

Spain is (not so) different

Me irrita cada vez que escucho la frase "Spain is different" como la respuesta a cualquier cosa negativa que pasa aquí. Desde la atención al cliente pésima hasta las quejas políticas, esta frase representa una resignación cínica que España simplemente es así y no se puede cambiar nada y estoy harta de escucharla.

No soy partidaria del cinismo. Me parece demasiado fácil, intelectualmente vago y es un sentimiento que da luz a la inacción, algo muy dañoso a la democracia. Pero además de ser cínico, "Spain is different" trasmite la idea literal de la frase que España es diferente y la verdad es que no, España no es tan diferente.

España está lejos de ser el único país del mundo con problemas con la corrupción. Solamente hace falta echar un vistazo a la pagina web de transparency.org y ver los rankings para ver que España cae por el lado de los países menos corruptos en el mundo. No existe un país sin corrupción ni una democracia perfecta. La medida de una democracia saludable es la voluntad de la autocrítica y la búsqueda de soluciones y mejoras.

En su evaluación de España, Transparency.org no sorprende: identifica la falta de procesos democráticos de los partidos que se traducen en una falta de procesos democráticos en el poder legislativo. Los diputados deben sus escaños no a los ciudadanos sino el liderazgo del partido y por tanto, no tienen voto independiente en el parlamento.

Cuando me enteré por primera vez del sistema español y la disciplina de los partidos en el Congreso me parecía mentira. ¿Por qué tener diputados en el Congreso si solamente sirven para votar según manda el partido? Podríamos tener un sistema electrónico que refleje el peso del voto de cada partido y tener el mismo resultado. ¿Por qué tener diputados?

Conozco bastante diputados de Congreso para asegurar que suelen ser gente muy ocupada y comprometida. Pero falta un mandato de sus circunscripciones y falta un voto independiente para poder representar sus circunscripciones de forma auténtica. La idea detrás de tener un congreso o parlamento es acercar y representar al pueblo con una diversidad de voces. Pero tal y como está el sistema español, solamente cuentan unas pocas voces de arriba que mandan a todos los de abajo. Después de un viaje a los EE.UU. organizado por la Embajada de EE.UU., el joven político español Borja Cabezón observó muy correctamente que allí se puede entrar a la política a través de servicio a la comunidad mientras que en España hace falta servir al partido.

El sistema político en los EE.UU. tiene sus defectos, como la financiación privada de las campañas y partidos, pero un gran ventaja es el papel disminuido de los partidos políticos. Allí los partidos identifican, reclutan y apoyan candidatos. Claro que tienen valores y políticas en común, pero los líderes de los partidos, incluso el presidente, no pueden obligar lo miembros de congreso votar de cierta manera.

La falta de un proceso democrático en la selección de candidatos también sirve para concentrar el poder en muy pocas manos partidistas. Además sirve para excluir no solamente a los miembros militantes de los partidos sino a los ciudadanos. Aunque suelen tener menos participación en EEUU, las primarias fomentan la participación en los procesos de los partidos y de hecho, las listas de votantes de las primarias es el punto de partida para implicar más ciudadanos en las campañas. O sea, las primarias no son solamente más democráticas, son una buena estrategia electoral.

Hay una cosa que es muy importante entender sobre las primarias de los EE.UU.: es una tradición relativamente nueva. Hasta 1832 los congresistas de cada partido elegían a su candidato presidencial, luego los partidos empezaron a convocar las convenciones con delegados de los estados, pero dominados por los líderes del partido. En 1910, el estado de Oregon convocó la primera primaria y otros estados le siguieron, pero estas primarias no eran vinculantes. No fue hasta la caótica convención demócrata de 1968 que los partidos decidieron estructurar primarias vinculantes y los dos partidos adoptaron normas que entraron en vigor con la elección de 1972. El sistema es imperfecto, pero como la democracia misma, es un trabajo en construcción.

El cambio es posible, pero no viene sin una lucha que procede de los ciudadanos. Sabemos lo que haca falta cambiar para mejorar la democracia, tanto en España como en los EE.UU.: lo que impide el cambio es la falta de voluntad, el cinismo y la inacción. España no es tan diferente.

Las mías no son palabras vacías: antes de principios de marzo me comprometo a ofrecer talleres gratuitos en Madrid abiertos a todo el que quiera aprender de las mejores prácticas en la organización de activistas. Sígueme en Twitter o apúntate aquí para recibir los detalles cuando salgan.