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07/01/2015 18:57 CET | Actualizado 09/03/2015 10:12 CET

Por Cabu, Charb, Wolinski y todos los demás...

Han muerto mis amigos. Han dejado de existir firmas que nos resultaban familiares, víctimas de una barbarie indecible. Han liquidado a varios hombres. Abatidos como perros, como no nos atreveríamos a abatir a perros. Han decapitado una revista. No cualquier día. Ni cualquier revista.

Han muerto amigos. Han dejado de existir firmas que nos resultaban familiares, víctimas de una barbarie indecible. Han liquidado a varios hombres. Abatidos como perros, como no nos atreveríamos a abatir a perros.

Una revista decapitada. No cualquier día: el de la reunión de redacción de la que los asesinos habían sido visiblemente advertidos. No cualquier revista: la que había llevado más lejos la voluntad de transgresión del conformismo, que luchaba por que la caricatura y la blasfemia contra todos los dogmas siguieran siendo sagrados en el país de la laicidad y de la libertad.

Eran nuestros colegas. Eran mis amigos. Cabu, el dulce Jean Cabu, que me acompañó durante mis primeros pasos en la tele... Honro con tristeza tu memoria, tú, el tímido, el indignado, el inquieto, el eterno estudiante con un corte de pelo singular, de trazos suaves y mordaces a la vez. Nunca cruel, pero siempre chirriante, para arrimar el hombro ahí donde había que buscar las cosquillas a los poderosos, al ejército, a los sacerdotes de todas las religiones. Pienso en su familia, en su compañera, a la que mando un abrazo con inmensa tristeza, en sus amigos, entre los que tengo el honor de estar.

Seguir, resistir, dibujar, reírse de todo, es lo que hacen ante la adversidad los periodistas de Charlie y es lo que único que nos queda para decir a los que han muerto que les admirábamos por su talento y su adhesión a la libertad. Esta libertad tiene un precio, pero a veces nos olvidamos de que puede ser demasiado alto, de que no se resume en un anticuado lema. Esta libertad tiene una exigencia: proteger la paz civil, cueste lo que cueste, y no aceptar que nuestra voluntad de vivir todos juntos en esta Francia privilegiada se vea mermada por la sospecha, el odio, la confusión. A partir de ahí, el resto es insignificante.

Anne Sinclair y la redacción de Le HuffPost

Este post fue publicado originalmente en la edición francesa de 'Le Huffington Post' y ha sido traducido del francés por Marina Velasco Serrano