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05/07/2014 09:52 CEST | Actualizado 03/09/2014 11:12 CEST

Messi, Neymar y Suárez. Una pareja y un amante

¿Qué puede aportar Suárez cuando dos de las tres plazas de la delantera tienen dueño? Mucho, seguro. Pero imposibilitará el rápido crecimiento del brasileño y la mejor versión del diez. El brillo de uno conlleva las sombras de los otros, así como la grandeza del primero oprime a segundo y tercero.

Suárez o Suárez. Parece que en Barcelona el objetivo es claro y no hay alternativa en la delantera. El uruguayo es el delantero deseado para la delantera azulgrana y por lo que informan los medios estatales, las negociaciones están bien encaminadas.

No deja de ser curioso el hecho de reconocer la necesidad de reforzar la zaga urgentemente, e invertir una cantidad descomunal en una delantera poblada y repoblada con la vuelta de Rafinha y Deulofeu.

Es una evidencia que la calidad de Luis Suárez está solo al alcance de los elegidos, hasta el punto de haber sido posiblemente el jugador más en forma de Europa durante algunos tramos de la temporada, pero la necesidad de su llegada es cuestionable teniendo en cuenta la saturación del plantel ofensivo y las consecuencias de su aterrizaje.

Hubo un tiempo que el Barcelona conseguía vestir de azulgrana a los mejores jugadores del mundo, con el objetivo de dar un salto de calidad e impulsar una institución históricamente en zozobra constante. En los 70 fue Cruyff; Maradona llegó en los 80, Ronaldo en los 90 y el siglo XXI trajo a Ronaldinho. El no va más. ¿Cuántas Ligas se ganaron en las trece temporadas que suman entre todos? Tres. ¿Y Champions? Una. Escaso. El brillo de los astros no convirtió el equipo en un conjunto ganador, sino en una sonrisa de recuerdo diluido por el paso del tiempo.

Luis Suárez hubiera sido una excelente baza para el equipo el año pasado, cuando el colapso ofensivo era tangible; pero la llegada de Neymar y su potencial ilimitado deberían ser suficientes para secundar a Messi y cubrir las necesidades del equipo. Al menos eso se espera tras un primer año de adaptación y un Mundial que lleva su nombre.

Argumentar la llegada del uruguayo, además de por su gran talento, por su voracidad, ímpetu y hambre de triunfo es tan respetable como evidente que tanto Alexis como Pedro, los grandes damnificados, son los jugadores más briosos de la plantilla. Su aportación al equipo ha sido capital para sacudir la indolencia colectiva. Si Luis Enrique quiere implicación e intensidad, en el chileno y el canario tiene una buena muestra de compromiso y actitud, algo discutible en otros jugadores del plantel que ocupan puestos sin sustituto. Sí, hablo de Piqué o Alves.

La más que probable baja de Alexis conllevaría un reajuste de espacios en el campo y el vestuario. Renovarse significa oxigenar, y el espacio vital de Suárez no es precisamente pequeño. Y no hablo de egos, cuyo desequilibrio puede destruir imperios enteros, sino de imposibilitar el desarrollo de Messi y Neymar. Ni ambos conectaron, ni se hicieron mejores. Es más, Messi brilló cuando era la única estrella, y el Neymar de Brasil asume más responsabilidades que en el Barça.

¿Qué puede aportar Suárez cuando dos de las tres plazas de la delantera tienen dueño? Mucho, seguro. Pero imposibilitará el rápido crecimiento del brasileño y la mejor versión del diez. El brillo de uno conlleva las sombras de los otros, así como la grandeza del primero oprime a segundo y tercero. Cuestión de espacios. Como entre parejas y amantes; tres son multitud.

Gastarse cerca de 200 millones por dos delanteros en dos temporadas, cuando Piqué no ha tenido recambio en tres años, suena tan extraño como fichar a dos buenos porteros por 24 millones, teniendo al mejor de la Liga por 36. El Barça tendrá un grandísimo álbum de cromos, pero hay algo en Can Barça que parece seguir oculto. Como un amante.