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20/08/2013 07:42 CEST | Actualizado 19/10/2013 11:12 CEST

Reflexión de verano: La historia repetida

Nuestra realidad política actual no tiene nada que envidiar a la que consideramos como la más decadente de nuestra historia. "¿No es España, después de todo, el país en que la Historia -y de qué monótona manera- se repite una y otra vez?" Me adhiero a una reflexión de Francisco Cambó: "Teniendo en cuenta las circunstancias que atraviesa la nación, lo más conservador que se puede ser es ser revolucionario".

Entre mis aficiones en vacaciones está, junto a pasear, nadar, navegar, la buena mesa y recuperar el sueño atrasado, la de devorar libros de todo tipo. El que estoy leyendo ahora, en la recta final de mis vacaciones, contiene un fino análisis de la realidad política española, del que extraigo (reorganizando con cierta libertad distintos pasajes del texto para darle fluidez) el siguiente extracto:

"España ha vivido bajo la apariencia de un régimen democrático constitucional, sin que el pueblo haya tenido nunca, directa o indirectamente, la menor participación en el Gobierno. Los mismos hombres que le dieron sus derechos políticos tuvieron buen cuidado de hacer que no los pudiera ejercitar nunca y arreglaron las cosas de modo que gobiernos conservadores fueran regularmente reemplazados por gobiernos liberales.

La separación de poderes es cosa que jamás ha existido en España, y los magistrados eran simples empleados del Gobierno que recibían órdenes de arriba. Pero este tipo de injusticia no venía a ser otra cosa que un síntoma de un mal mucho más general aún: la corrupción de todas las clases de la sociedad. En el mundo presidido por aquella política, todos, con la excepción de algunos políticos preeminentes que no manifestaban por lo demás la más mínima repugnancia en vivir sobre la corrupción de los demás, todo el mundo estaba cortado por el mismo patrón. La mayoría de los diputados eran periodistas o abogados, duchos solamente en los sutiles enredos y maniobras del juego político. Constituían una clase reducida y cerrada. Padecían de una enfermedad cuyo principal síntoma era la disociación entre su sistema político y la clase social que lo manejaba, de un lado, y las necesidades económicas y sociales del país, de otro. El rey, desgraciadamente, era la última persona en quien se podía tener confianza.

Los principales intereses industriales de España, sobre todo bancos y ferrocarriles, estaban muy estrechamente ligados a la política; de los políticos dependía el que se consideraran favorablemente sus intereses, mientras que los políticos, a su vez, dependían de ellos en lo que concierne a puestos en consejos de administración y cargos lucrativos para miembros de sus familias.

Solamente un pueblo tan paciente y fatalista como el español puede haber aguantado tales condiciones de vida, desamparado de la justicia más elemental.

Tal vez la máquina política hubiera seguido funcionando algún tiempo más por cauces relativamente tranquilos, derramando sus beneficios sobre la pequeña casta dirigente y sus paniaguados, de no haber surgido un problema, demasiado urgente para poder ser soslayado: la cuestión catalana, que durante más de veinte años había envenenado la atmósfera política en España. Argumentaban que 'aunque su población es solamente un octavo de la de toda España, ellos pagaban la cuarta parte de los impuestos del Estado, y sólo un décimo del presupuesto total volvía a sus provincias'. España ha existido únicamente como nación cuando se sintió bajo la influencia de alguna gran idea o impulso; tan pronto como declinaba esta idea, los átomos de la molécula se separaban y empezaban a vibrar y a chocar unos con otros".

Fin de la cita

Me resulta difícil pensar en un texto que resuma mejor el sentir general sobre la situación política que ha llevado a la crisis total (económica, de valores y de modelo social) que nos ha tocado vivir.

Sin embargo, como a mí, les sorprenderá saber que esta cita no se le puede endosar a un fino analista actual, sino que corresponde a reflexiones y citas recogidas por el hispanista Gerald Brenan en su libro El laberinto español (1943, Ed. Ruedo Ibérico, ParÍs) y que se refieren a las políticas y pensamiento de Antonio Cánovas del Castillo, Antonio Maura y Francisco Cambó, actores de la política española en nuestro período de mayor decadencia (1868 a 1920).

Solo cabe admirarse de la relevancia y actualidad de este texto, que sugieren que nuestra realidad política actual no tiene nada que envidiar a la que consideramos como la más decadente de nuestra historia, y concordar con Brenan cuando reflexiona: "¿No es España, después de todo, el país en que la Historia -y de qué monótona manera- se repite una y otra vez?"

Concluyo adhiriéndome a la reflexión de Francisco Cambó: "Teniendo en cuenta las circunstancias que atraviesa la nación, lo más conservador que se puede ser es ser revolucionario" y deseando a todos un buen regreso de vacaciones.