BLOGS
01/10/2013 07:47 CEST | Actualizado 30/11/2013 11:12 CET

Carta abierta a Benja Serra

No caigas en la tentación de volver, aguanta el tirón. Aquí encontrarás lo de siempre, por mucho que parezca en la distancia nada ha cambiado. Nunca cambia. Ah, y en Londres no se acaba el mundo. No dudes en buscar oportunidades en Latinoamérica, Singapur o EEUU, pero no vuelvas.

"Este pueblo está maldito. ¡Vete!, vete y no vuelvas nunca. Y si algún día te gana la nostalgia y regresas... Busca algo que te guste y hazlo, ámalo como amabas de niño la cabina del Cinema Paradiso. Desde hoy, ya no quiero oírte hablar; ahora, quiero oír hablar de ti...".

(de Cinema Paradiso)

Querido Benja,

Permíteme comunicarme contigo en forma de carta (si, ya se que es un modo obsoleto de comunicarse para los de tu generación aunque yo tampoco sea tan mayor) y sin ánimo de sermonearte, ya que imagino que de éstos habrás recibido muchos estos días. La hago pública, en la inteligencia de que te puede servir, y si no la tiras a la papelera sin problema, al igual que a muchos otros como tú que estos días se están replanteando las cosas desde Londres o muchos otros lugares.

Aguanta el tirón, Benjamín. La tentación vive abajo. España está a solo dos horas y quizás a unas pocas libras de distancia si te pillas un vuelo low cost. Sí, llegar a tu casa seguro que está a un precio inferior de lo que probablemente cuesta tomar el transporte público en Londres unas cuantas veces.

Supongo que estarás recibiendo mensajes de algunos miembros de tu familia diciéndote que vuelvas, que qué necesidad tienes tú de meterte en estos líos, que al final como en España no se vive en ninguna parte, que aquí tienes tus amigos y puede que alguna novia o medio novia que dejaste atrás. Te dirán que las cosas se están moviendo, que un amigo tuyo ha encontrado trabajo hace poco, que puedes seguir estudiando una tercera carrera o un segundo máster, que puedes hacer un nuevo periodo de prácticas en alguna empresa, que en las empresas de trabajo temporal hay cosas, que en ningún lado atan los perros con longanizas.

Si tienes propensión a la nostalgia o a la melancolía, te acordarás de los guisos de tu madre, de los arroces, de los purés de verdura, de los cocidos, de todos los platos de cuchara que antes despreciabas y de pronto cobrarán un relieve especial. Algo inevitable, cuando uno no se cansa de rastrear las ofertas o las secciones de productos a punto de caducar a precio reducido de Tesco o Safeway. Incluso puede que eches de menos la forma que tenía tu madre de hacerte la cama, con embozo incluido si es old-fashioned. El áspero tacto del cobertor de la cama de la casa compartida en las afueras de Londres donde vives nunca estará a la altura de esos recuerdos. La calidad de las duchas tampoco, incluso si tienes la suerte de no tener que echar unas monedas para que se ponga el calentador en marcha como sucedía hace veinte años. Ya sabes que para los anglosajones siempre ha sido importante saber el precio de cada servicio.

Sé lo que estás pasando. A estas alturas no necesitas a nadie que te recuerde que Londres, a diferencia de las irreales y utópicas imágenes que transmiten las secciones de viajes de los periódicos o el cine de consumo, es una ciudad inhóspita para el emigrante. Una ciudad en la que uno se puede sentir muy sólo y donde la mayor parte del tiempo uno la pasa, especialmente si trabaja en la hostelería, investigando las mejores maneras de sobrevivir. Una ciudad propicia al desarraigo, impenetrable si se empieza desde abajo y en la que los precios de las etiquetas de los productos transmiten hostilidad.

Pese a todo te digo que no vuelvas, que no mires atrás, que pierdas toda la esperanza en que las cosas cambien. Sí, aunque estés harto de ver cómo para que la gente lo pase bien en el restaurante en el que trabajas, tu eres uno de los que estás jodido, contando las horas mientras otros ligan o tienen una conversación agradable con un grupo de amigos.

No caigas en la tentación de volver, aguanta el tirón. Busca otro trabajo en las pocas horas que te queden libres, gana y pierde novias o novios, emborráchate con moderación, haz deporte, conecta con quien puedas en persona o a través de las redes sociales, lee a Bukowski, a Hemingway, escribe un diario. Sí, ya sé que son tópicos, algunos de ellos manidos, pero de todas formas no vuelvas.

Aquí encontrarás lo de siempre, por mucho que parezca en la distancia nada ha cambiado. Nunca cambia. Muchos de tus compatriotas que aprendieron inglés viviendo con familias, haciendo el curso preuniversitario en Estados Unidos, yéndose todos los veranos a estudiar inglés a Irlanda, también están a verlas venir. Aunque hayan tenido oportunidades que quizás tu nunca tuviste y a veces los veas por Londres pasando un fin de semana y comprando en las tiendas de moda.

Pero tampoco caigas en la soberbia de pensar que los títulos valen de mucho. Los estudios de comunicación, te lo digo por experiencia, se han devaluado. Son al fin y al cabo lo que los anglosajones llaman soft skills a diferencia de los hard skills que tienen los médicos o los matemáticos. Son un punto de partida si sabes inglés, tienes curiosidad intelectual, eres un nerd en algún tema o industria, una persona proactive y con iniciativa. Si te quedan ganas, aunque lo normal es que ya estés harto de estudiar y con razón, aprende algún hard skill, por ejemplo en materia de economía, proceso y análisis de datos o informática.

Ah, y en Londres no se acaba el mundo. No dudes en buscar oportunidades en otros sitios, en Latinoamérica, Singapur o Estados Unidos, pero sobre todo no vuelvas.

Esto último es lo más importante.

Y perdona por el uso de tanto anglicismo.

Un abrazo fuerte y a tu disposición,

César