El Mundial de los horarios imposibles: cómo media España está reorganizando vacaciones, bodas o trabajo por los partidos
España disputa uno de sus tres primeros partidos a las 2:00 hora peninsular.
Hay algo que distingue a un Mundial de fútbol de casi cualquier otro acontecimiento deportivo. Durante un mes, el planeta parece sincronizarse alrededor de un balón. Personas que apenas ven fútbol durante cuatro años se descubren mirando alineaciones. Quienes jamás discutirían sobre táctica acaban opinando sobre un lateral derecho o un delantero suplente. Y, de repente, la agenda de millones de personas deja de girar alrededor del trabajo, las vacaciones o los compromisos familiares para hacerlo alrededor de los horarios de los partidos.
Pero este Mundial es diferente porque es al otro lado del planeta. Es un campeonato más largo, con más equipos que nunca. Es más grande y, por ende, también más complicado.
Por primera vez, el torneo se disputa simultáneamente en tres países -Estados Unidos, México y Canadá- y eso ha provocado una situación compleja para los aficionados europeos: una parte importante de los encuentros se jugarán cuando en España sea de madrugada.
La consecuencia ya es visible en grupos de WhatsApp, calendarios familiares, cuadrantes laborales y reservas vacacionales. Hay personas que están pidiendo días libres, cambiando cenas o retrasando viajes para no perderse determinados encuentros.
Y todo ello por un fenómeno que solo consiguen dos acontecimientos deportivos en el mundo: un Mundial de fútbol y unos Juegos Olímpicos.
El Mundial que no entiende de horarios europeos
Durante décadas, los aficionados españoles se acostumbraron a que los grandes torneos internacionales se adaptaran más o menos al horario europeo, con algunas excepciones, obviamente.
Incluso cuando se jugó en Sudáfrica, Brasil, Rusia o Qatar, los partidos importantes podían seguirse sin grandes sacrificios. Hubo excepciones, claro, pero nada comparable a lo que ocurre ahora. La diferencia horaria con buena parte de Norteamérica convierte algunos encuentros en auténticos desafíos para los espectadores españoles.
Le va a ocurrir pronto a la selección nacional. Su tercer partido de la fase de grupos -ante Uruguay- comenzará a las dos de la madrugada en España. Es decir, un horario incompatible con cualquier rutina laboral convencional, algo que, por otro lado, no debe causar mayor revuelo ya que cae en la madrugada del viernes al sábado. Dios aprieta, pero no ahoga.
No hablamos de trasnochar hasta las doce o la una. Hablamos de empezar a ver un partido cuando muchas personas llevan ya varias horas durmiendo. Y, sin embargo, no tengan ninguna duda: miles de aficionados ya tienen claro que lo verán y ya se están organizando para ello.
Las nuevas vacaciones del Mundial
Cada cuatro años se repite el mismo fenómeno, pero esta vez adquiere una dimensión distinta. Las conversaciones ya no giran sobre dónde ver el partido. Ahora la pregunta puede ser otra. "¿Trabajas al día siguiente?", "¿madrugas?"... No es una generalización, es algo que está en el día a día, así lo confirma Alberto Antonio, madrileño, opositando y dispuesto a ver el Mundial "como si no hubiese un mañana", según confirma a El Huffington Post. "No tengo problemas en reconocer que he retrasado mis vacaciones para ir a la playa cuando ya haya terminado el Mundial"
Para muchos españoles, el verdadero problema no será ver los encuentros, sino sobrevivir a las jornadas posteriores. "Trabajo en Decathlon, suelo hacer turno de tarde, así que creo que las noches y las madrugadas van a ser diferentes a lo normal. En familia a ver los partidos, al menos los más interesantes", cuenta Jonatan Martínez, responsable de Servicios y Deportes Colectivos de la multinacional del deporte, con una sonrisa del que se ve capaz de disfrutar de un México - Sudáfrica como si de una final de Champions se tratase.
Los grupos de amigos empiezan a planificar auténticas operaciones logísticas. Hay quien ha pedido vacaciones coincidiendo con determinados partidos. Otros trabajan desde casa al día siguiente para reducir el impacto de dormir tres o cuatro horas.
Algunos incluso reconocen que ya están calculando qué encuentros merecen realmente la pena y cuáles tendrán que resignarse a seguir mediante resúmenes. Porque el Mundial tiene una característica única: nadie quiere perderse precisamente el partido del que hablará todo el mundo a la mañana siguiente. Un Brasil - Marruecos puede llegar a ser el plan más apetecible para la madrugada de un sábado.
El torneo que altera ¿bodas y celebraciones?
Las redes sociales ya están llenas de bromas, memes y advertencias. Novios consultando calendarios, invitados comprobando horarios o familias negociando televisores en medio de celebraciones. Pau Dolz, profesor de secundaria en el IES Federica Montseny de Burjassot, nos confirma que fue tema de debate en su grupo de amigos el Mundial a la hora de abordar las vacaciones. "Nosotros hacemos un viaje de unos diez días cada verano y este año los que queríamos ver el Mundial nos hemos hecho fuertes para retrasarlo al mes de agosto"
Puede parecer exagerado, pero cualquier organizador de eventos sabe que un Mundial tiene capacidad para alterar planes de una forma que pocos acontecimientos consiguen.
Ya ocurrió en 2010 con la final de Sudáfrica. También en 2018 o en Qatar. Pero ahora la dificultad añadida es que algunos partidos importantes coinciden con franjas horarias completamente atípicas para Europa.
Dormir puede esperar
Hay algo fascinante en la relación entre los aficionados y los grandes eventos deportivos. Una persona puede negarse a madrugar para cualquier otra cosa durante meses. Pero si juega España en un Mundial a las dos de la mañana, la lógica desaparece. Se le llama pasión. Y es un fenómeno que los psicólogos deportivos conocen bien.
Los grandes acontecimientos generan una sensación de excepcionalidad. El cerebro entiende que se trata de algo irrepetible. Algo que ocurre una vez cada cuatro años. La falta de sueño, el cansancio o la incomodidad pasan a un segundo plano porque existe la percepción de estar participando en un acontecimiento colectivo.
No es solo España
Lo más curioso es que este fenómeno no afecta únicamente a los partidos de la selección. Muchos aficionados ya tienen marcados en rojo posibles enfrentamientos entre Argentina y Brasil, Inglaterra y Alemania o cualquier eliminatoria entre grandes potencias.
Porque el Mundial tiene una capacidad única para convertir en imprescindible un partido entre dos países que, en cualquier otro contexto, apenas despertarían interés. Durante este próximo mes, la competición se convierte en una conversación global.
El otro gran fenómeno: las madrugadas compartidas
Existe además un componente generacional. Para muchos aficionados jóvenes será la primera vez que vivan un Mundial en horarios tan extremos, algo que generaciones anteriores recuerdan perfectamente de otros torneos celebrados en Asia o América.
Y uno sabe que aquellas madrugadas frente al televisor tenían algo especial. Sabes que las calles están vacías y los sofás llenos. Sabes que puedes mandar un whatsapp y vas a recibir respuesta. Y este es un Mundial que recupera parte de esa atmósfera, máxime porque la selección española, que es la que nos atañe, despierta más interés e ilusión que en los últimos quince años.
Un mes en el que cambia el reloj
Así que sí. Es lo que toca: dormir menos, cambiar el horario, alternar ciertas rutinas y pestañear en el trabajo al día siguiente. Vayamos pidiendo perdón de antemano, para que no nos pille el toro.
El deporte no entiende de racionalidad, se mide a través de las emociones y pocos eventos despiertan tantas como un Mundial de fútbol, así que a este ya podemos ponerle un nombre: el Mundial de los horarios imposibles. Que no nos lo cuenten.