Pedro Porro, 26 años, sobre su refugio: "Siempre que voy, intento estar en casa con la familia. Si salgo, voy al parque con mis amigos e intento ser lo más humilde posible"
El lateral del Tottenham reivindica la importancia de mantener los pies en la tierra pese a su éxito en la élite.

Anoche, Pedro Porro se coronó como MVP del partido en la semifinal contra Francia, cuyo marcador quedó 0-2. Ese segundo gol marcado por Porro en el minuto 58, sentenció el paso de España a la gran final. Pero más allá de sus éxitos deportivos, Porro insiste en que hay algo que no ha cambiado desde que abandonó Don Benito, Badajoz, siendo un adolescente. Se trata de su manera de entender la vida.
Pese a jugar en la Premier League y haberse consolidado como uno de los futbolistas españoles con mayor proyección internacional, el lateral asegura que cuando regresa a su pueblo intenta recuperar la normalidad. "Siempre que voy, intento estar en casa con la familia. Si salgo, voy al parque con mis amigos e intento ser lo más humilde posible", explica.
Porro afirma que nunca ha querido que el fútbol cambie su forma de relacionarse con quienes le conocen desde niño. "Soy un chico normal. En mi cabeza no pienso que soy profesional ni internacional. Mantengo mis amigos de allí, voy a ver a la familia... Eso no cambia", asegura.

Un niño que solo pensaba en jugar al fútbol
Nacido en el municipio de Don Benito, Pedro Porro dejó su casa con apenas 14 años para ingresar en la cantera del Rayo Vallecano y perseguir el sueño de convertirse en un grtan futbolista profesional. Y así lo hizo, de hecho, antes incluso de terminar su etapa juvenil ya despertaba el interés de grandes clubes europeos.
Debutó en Primera División con el Girona, pasó por el Manchester City, brilló en el Sporting de Portugal y terminó consolidándose en el Tottenham Hotspur, donde recientemente renovó su contrato hasta 2031 tras convertirse en el jugador con más minutos disputados de la plantilla la pasada temporada. Sin embargo, el camino no fue sencillo. "Me fui muy pequeño de casa. Fue uno de los momentos más difíciles de mi vida", ha recordado en varias ocasiones.

La figura clave de su infancia
Detrás de la carrera del internacional español aparece siempre el mismo nombre: Antonio, su abuelo materno. Mientras sus padres trabajaban durante largas jornadas, fueron sus abuelos quienes asumieron buena parte de su crianza. "Yo le digo siempre a mi abuelo que es el gran culpable de que todo esto vaya como va hoy en día", confesó emocionado.
Antonio fue quien le inculcó la disciplina y quien le acompañó cuando tuvo que marcharse a Madrid siendo apenas un adolescente. "El mayor orgullo que tengo es cuando me da un abrazo. Él siempre ha sido mi ídolo", asegura el futbolista. Su abuelo recuerda que desde pequeño solo tenía una obsesión: jugar al fútbol. "La cartera la escondía en un albañal. La cosa era ir al fútbol", relató entre risas al recordar la infancia de su nieto.
Porro nunca ha escondido que gran parte de su formación llegó lejos de las academias. "Yo soy un futbolista de calle", afirma. Cada vez que vuelve a Extremadura sigue jugando con sus familiares más pequeños y conserva el mismo grupo de amigos con el que creció. Ese vínculo con sus orígenes es, para él, una forma de mantener los pies en la tierra pese a competir en algunos de los escenarios más importantes del fútbol mundial.
