Una España mucho más reconocible luce músculo ante Perú a menos de una semana de su debut en el Mundial
El equipo de Luis de la Fuente se gusta y, a pesar de algunas bajas reseñables, ofrece una gran versión y demuestra estar lista para el gran reto de conquistar su segunda estrella.

Queda un suspiro para que arranque el Mundial y España tiene el motor listo. O eso parece. Tras las dudas del duelo ante Irak, el equipo de Luis de la Fuente ha hecho los deberes durante estos días y su rendimiento ante Perú nada ha tenido que ver con lo que se vio en el césped de Riazor el pasado jueves. Esta España ya es otra cosa.
Salió con un equipo mucho más reconocible el seleccionador, con una alineación que podría ser la del debut ante Cabo Verde el próximo lunes. Y vaya sí se notó. España mandó desde el inicio, gobernó el partido con autoridad y goleó con cierta comodidad, sin tener que ofrecer una versión excelsa de sí misma.
Oyarzabal sigue en racha
Apenas habían transcurrido dos minutos cuando Mikel Oyarzabal volvió a hacer lo que mejor sabe hacer últimamente: marcar. El delantero de la Real Sociedad, cada vez más asentado como referencia ofensiva de la selección, recibió de espaldas, se giró con rapidez y aprovechó la mala colocación de Pedro Gallese para firmar el primer tanto de la noche con un disparo lejano y preciso.
El gol terminó de afianzar a una España que ya había arrancado con personalidad. Pedri asumió el mando entre líneas, Baena aportó movilidad y Ferran Torres volvió a mostrarse especialmente activo por la banda derecha. El valenciano generó varias de las mejores ocasiones del primer tiempo y fue precisamente una acción suya la que terminó sirviendo el segundo gol español.
En el minuto 32, Ferran encontró a Pedri dentro del área y el canario no perdonó. El centrocampista culminó una jugada en la que Oyarzabal volvió a resultar decisivo sin tocar el balón, arrastrando a los defensores peruanos con sus movimientos para liberar espacio a su compañero. El 0-2 hacía justicia a lo visto sobre el césped y confirmaba que la distancia entre ambos equipos era considerable.
Perú, inmersa en plena reconstrucción y ausente del próximo Mundial, apenas encontró argumentos para inquietar a una selección española que dominó la posesión y el ritmo del encuentro. La sensación era que el partido estaba completamente controlado.
Minutos para todos
Luis de la Fuente aprovechó entonces la segunda mitad para empezar a repartir minutos. Introdujo varios cambios, entre ellos el de Unai Simón por David Raya en la portería, pero el funcionamiento colectivo apenas se resintió.
De hecho, el tercer gol llegó poco después. Un centro de Yeremy Pino parecía destinado a perderse sin encontrar rematador, pero Gallese calculó mal su intervención y terminó introduciendo el balón en su propia portería. El 0-3 reflejaba la superioridad española y dejaba el encuentro prácticamente sentenciado.
Con el paso de los minutos España bajó una marcha. Era lógico. El objetivo principal ya estaba cumplido y nadie quería asumir riesgos innecesarios a menos de una semana del debut mundialista. Esa relajación permitió a Perú encontrar algo más de espacio y aprovechar una de las pocas grietas que mostró el conjunto español.
Jairo Vélez recortó distancias en el minuto 66 tras aprovechar un desajuste defensivo en una acción lateral. El tanto no cambió el guion del encuentro, pero sí dejó un pequeño recordatorio de uno de los aspectos que todavía deberá vigilar España: la gestión de los espacios a la espalda de la defensa cuando el equipo adelanta líneas.
Fue, en cualquier caso, una nota menor dentro de una noche que dejó muchas más certezas que dudas. España ganó, recuperó sensaciones, encontró ritmo competitivo y, quizá lo más importante, pareció reconocerse de nuevo a sí misma.
Ahora sí. Después de una concentración marcada por las incorporaciones tardías y un primer amistoso poco representativo, la selección empieza a parecerse al equipo que llega a México con la ambición de pelear por todo. El Mundial ya asoma en el horizonte. Y España, al menos por una noche, dio la sensación de estar preparada para afrontarlo.
