Confirmado por Bruselas: la Unión Europea se encamina a la "estanflación" a pesar de la tímida reapertura del estrecho de Ormuz
La Comisión Europea advierte de bajo crecimiento y subida de precios incluso tras el alto el fuego entre EE.UU. e Irán: el impacto económico ya está en marcha.
La tregua entre Estados Unidos e Irán ha dado un respiro… pero no una solución.
Y Bruselas lo tiene claro: la economía europea se enfrenta a un escenario complicado en los próximos meses. Y tiene nombre técnico, pero consecuencias muy reales: estanflación.
Es decir, una combinación de crecimiento débil y subida de precios que puede afectar directamente al bolsillo de los ciudadanos.
Qué está pasando realmente
El aviso llega desde uno de los máximos responsables económicos de la Unión Europea.
El comisario Valdis Dombrovskis ha reconocido que, aunque el alto el fuego de dos semanas en Oriente Medio es "un paso positivo" y puede aliviar parcialmente la crisis energética, no cambia el fondo del problema.
"Está claro que nos enfrentamos a un shock estanflacionario", ha advertido.
En otras palabras: la economía europea ya está sintiendo el golpe.
Crecimiento más débil de lo previsto
Antes del conflicto con Irán, las previsiones eran moderadamente optimistas.
La Comisión Europea estimaba un crecimiento del 1,4% este año. Pero ese escenario está a punto de revisarse a la baja.
Los nuevos cálculos apuntan a que el crecimiento podría reducirse entre 0,4 y 0,6 puntos porcentuales, dependiendo de cuánto tarden en estabilizarse los precios de la energía.
Y ahí está una de las claves.
El papel decisivo del estrecho de Ormuz
Aunque el alto el fuego incluye la reapertura parcial del estrecho de Ormuz, la incertidumbre sigue siendo enorme.
Este paso marítimo es uno de los puntos más importantes del mundo para el transporte de petróleo y gas. Y cualquier limitación o control sobre él tiene impacto directo en los precios energéticos.
De hecho, inversores y analistas coinciden en que la verdadera recuperación dependerá de lo que haga Irán con ese estrecho más allá de estas dos semanas.
El otro lado del problema es la inflación.
Las estimaciones de la Comisión apuntan a que los precios podrían subir hasta un punto porcentual más este año. Y si la crisis energética se prolonga, el aumento podría ser aún mayor en los próximos ejercicios.
Eso significa energía más cara… y, en cadena, productos y servicios más caros.
Medidas de urgencia… con límites
Varios países europeos ya están reaccionando.
Países como España, Italia o Polonia han aplicado medidas para amortiguar el impacto, como recortes de impuestos sobre el combustible. El objetivo es proteger a empresas y consumidores.
Pero Bruselas lanza una advertencia clara: no se puede gastar sin control.
El margen fiscal es más limitado que en crisis anteriores, y existe el riesgo de que la respuesta económica termine generando nuevos problemas, como un aumento excesivo del déficit.
Un equilibrio delicado
La Comisión Europea se enfrenta ahora a un dilema complejo. Por un lado, necesita actuar para evitar que la crisis energética golpee con más fuerza. Por otro, quiere evitar que el gasto público se dispare.
Y todo ello en un contexto de alta incertidumbre, donde el conflicto en Oriente Medio sigue sin resolverse del todo.
Un escenario que ya está en marcha
La clave es que el impacto no es futuro. Ya está ocurriendo.
Aunque la reapertura de Ormuz ha evitado un escenario peor, no ha sido suficiente para frenar el deterioro económico. La inflación sigue presionando y el crecimiento pierde fuerza.
En mayo, Bruselas actualizará sus previsiones oficiales. Pero el mensaje ya está sobre la mesa: Europa se adentra en un periodo complicado, en el que crecer será más difícil… y vivir, más caro.
La palabra puede sonar técnica. Pero sus efectos serán muy concretos.