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Congelación, no; metamorfosis, sí: cómo los aranceles de Trump han cambiado el comercio mundial

Congelación, no; metamorfosis, sí: cómo los aranceles de Trump han cambiado el comercio mundial

El 1 de agosto de 2025, las aduanas y puertos de EEUU comenzaron a aplicar la orden ejecutiva más ambiciosa y controvertida en materia de política comercial desde la Gran Depresión. Las reglas del juego han cambiado.

Ilustración fotográfica con doble exposición que muestra a Donald Trump, presidente de EEUU, sobre las banderas de su país, de China y de la UE.
Ilustración fotográfica con doble exposición que muestra a Donald Trump, presidente de EEUU, sobre las banderas de su país, de China y de la UE.Omar Marques / SOPA Images / LightRocket via Getty Images

El 1 de agosto de 2025, las aduanas y puertos de Estados Unidos comenzaron a aplicar la orden ejecutiva más ambiciosa y controvertida en materia de política comercial desde la Gran Depresión. Tras meses de retórica inflamatoria, anuncios de tarifas universales y amenazas de represalias globales, la administración estadounidense puso en marcha su nuevo régimen de aranceles recíprocos y barreras sectoriales contra socios y rivales por igual. Con muchos cambios, alteraciones, vueltas y revueltas, pero lo hizo. 

Un año después, el balance de esta ofensiva proteccionista dista mucho de los escenarios catastróficos proyectados por los modelos económicos más alarmistas, pero también de las promesas de una reindustrialización autárquica inmediata en territorio estadounidense. Ni se han hundido los mercados ni el presidente norteamericano, Donald Trump, es el dios salvador del proteccionismo patrio. 

Lo que ha emergido es un mapa comercial fragmentado, sumamente complejo y dominado por la diplomacia transaccional, una arquitectura en la que las normas multilaterales de la Organización Mundial del Comercio (OMC) han sido relegadas por pactos bilaterales, cuotas de importación y exenciones estratégicas. Si me interesa, lo negocio. Entre tú y yo. Da igual cómo y con qué consecuencias. Tal cual está pasando en la diplomacia y las relaciones exteriores, de Naciones Unidas a la OTAN. 

No cabe duda de que "aranceles" fue elegida por la RAE como palabra del año en el 25 con argumentos sólidos. Prometían con cambiarlo todo. Sin embargo, a lo largo de los últimos 12 meses, los flujos comerciales de bienes y servicios no se congelaron, pero sí sufrieron una metamorfosis radical. Mientras que las relaciones con China y ciertos países del Sudeste Asiático experimentaron un distanciamiento profundo y el encarecimiento drástico de las cadenas de valor, la arteria comercial transatlántica entre EEUU y la Unión Europea logró mantenerse como el eje de gravedad económica de Occidente gracias a un histórico apretón de manos negociado en el último minuto.

Cómo se evitó el desastre para Europa

Para comprender por qué el comercio global no colapsó con el trumpismo aplicado a los negocios es necesario remontarse a los días previos a la entrada en vigor de los gravámenes. El 27 de julio de 2025, tras semanas de duras negociaciones a puerta cerrada en Washington, la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, y el presidente de EEUU, Donald Trump, anunciaron un acuerdo político de contención comercial, formalizado y detallado posteriormente.

La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, estrecha la mano del presidente de EEUU, Donald Trump, el club de golf Trump Turnberry (Escocia), el 27 de julio de 2025.
La presidenta de la CE, Ursula von der Leyen, estrecha la mano del presidente de EEUU, Donald Trump, en el club Trump Turnberry (Escocia), el 27 de julio de 2025, para firmar el acuerdo arancelario.Andrew Harnik / Getty

El riesgo era colosal. La relación entre Bruselas y Washington representa la mayor asociación bilateral de comercio e inversión del planeta. Según datos de la Dirección General de Comercio de la Comisión Europea (DG TRADE), el comercio transatlántico de bienes y servicios alcanzó los 1,8 billones de euros en 2025, lo que significa que cada día cruzan el Atlántico aproximadamente 4.900 millones de euros en mercancías y servicios. Las inversiones cruzadas acumulan una cifra superior a los 4,9 billones de euros.

El pilar fundamental del pacto operativo desde hace un año consistió en la implantación de un límite arancelario único y global del 15% aplicado por la primera potencia mundial a la gran mayoría de las exportaciones procedentes de los 27 países miembros de la UE. Este tope máximo sustituyó las gravosas tarifas de hasta el 25% -más los aranceles de Nación Más Favorecida (NMF)- con las que Washington había amenazado a la industria automotriz y manufacturera europea.

Se imponía un tope arancelario del 15% para la industria manufacturera y del automóvil, por el que se garantizaba que los vehículos europeos y sus componentes no sufrieran tasas punitivas, protegiendo las cadenas de valor profundamente integradas de las cuales dependen miles de pequeñas y medianas empresas en España, Alemania, Francia e Italia. Además, se fijaba el restablecimiento de aranceles preexistentes en sectores estratégicos: las aeronaves comerciales y sus piezas, los productos químicos industriales y los medicamentos genéricos esenciales recuperaron de inmediato las tarifas reducidas previas a 2025, protegiendo a gigantes como Airbus y a la industria farmacéutica europea.

Se logró, a su vez, la sustitución de aranceles polemiquísimos, como los previstos al acero, aluminio y cobre por contingentes históricos: en lugar de mantener gravámenes del 50% sobre los metales industriales, ambas potencias acordaron cuotas contingentarias basadas en volúmenes históricos de exportación, blindando a las acerías de la UE frente a la competencia desleal externa y permitiéndoles mantener el acceso al mercado estadounidense.

Entre las concesiones del mercado europeo, la UE eliminó sus ya bajas tasas NMF sobre bienes industriales procedentes norteamericanos, otorgando a los importadores europeos un ahorro estimado en 5.000 millones de euros anuales. También abrió cuotas de acceso preferencial por valor de 7.500 millones de euros para productos agrícolas estadounidenses "no sensibles" (como aceite de soja, frutos secos, semillas y alimentos procesados como galletas y cacao) y productos pesqueros (como el salmón del Pacífico y el abadejo de Alaska), manteniendo intacta la protección a sectores sensibles como la carne de vacuno y las aves de corral.

El pacto se cerró con compromisos de compra de energía e Inteligencia Artificial. En un movimiento interpretado como una compensación geopolítica, la UE ratificó su intención de adquirir unos 750.000 millones de dólares (700.000 millones de euros) en gas natural licuado (GNL), petróleo y combustibles nucleares estadounidenses en un plazo de tres años para sustituir definitivamente los suministros rusos. Paralelamente, las empresas europeas se comprometieron a la compra de chips de IA de diseño estadounidense por valor de 40.000 millones de euros y anunciaron inversiones en EEUU por valor de casi 250.000 millones de euros solo en 2025, dentro de un plan marco proyectado en 600.000 millones de dólares hasta 2029.

El pasado junio, el Europarlamento aprobó dos actos legislativos finales para aplicar los compromisos arancelarios asumidos por la UE con la Administración Trump. El reglamento principal elimina los aranceles sobre todos los bienes industriales estadounidenses y concede acceso preferencial al mercado de la UE a una amplia gama de productos pesqueros y agrícolas procedentes de Estados Unidos. El segundo prorroga el régimen de importación libre de aranceles para el bogavante estadounidense y amplía su alcance al bogavante transformado. Ambos textos reflejan el acuerdo alcanzado entre los negociadores del Parlamento y del Consejo, que introdujeron varias mejoras con respecto a la propuesta inicial de la Comisión.

¿Mucho ruido y pocas nueces?

El contraste entre las estridentes advertencias políticas de Trump y la realidad cotidiana del comercio internacional ha llevado a numerosos analistas a calificar este primer año de aranceles como un episodio de "mucho ruido y pocas nueces" en términos del impacto estructural destructivo que se presagiaba. Publicaciones especializadas como Euractiv e investigaciones del Budget Lab de la Universidad de Yale y del Tax Policy Center coinciden en que la aplicación práctica de los aranceles estuvo condicionada desde el primer momento por una maraña de excepciones y parches burocráticos.

Según los informes de Yale, que ha seguido al detalle la aplicación de las tasas importadoras en EEUU, el tipo arancelario medio efectivo pagado por las importaciones estadounidenses subió sustancialmente en comparación con los niveles de 2024, pero quedó muy por debajo de las cifras promocionadas por los discursos de la Casa Blanca.

"La retórica del ejecutivo estadounidense prometía un muro arancelario insuperable. Sin embargo, la realidad de las cadenas de suministro obligó a conceder miles de exenciones temporales a empresas locales que no podían sustituir de la noche a la mañana los componentes electrónicos o la maquinaria especializada importada", señalan los investigadores del Tax Policy Center.

Este "pragmatismo forzado" provocó que el impacto sobre el Índice de Precios al Consumo (IPC) en EEUU fuera moderado. Los consumidores estadounidenses terminaron pagando precios ligeramente más altos por ciertos electrodomésticos,  prendas de vestir y vehículos importados fuera de cuota, no se produjo la espiral hiperinflacionaria que vaticinaban los economistas más pesimistas. Los importadores estadounidenses asumieron parte de los costos reduciendo sus márgenes de beneficio, mientras que los fabricantes extranjeros ajustaron sus precios de exportación para no perder cuota en el mercado más lucrativo del mundo.

Ronda informativa planetaria

Aunque el pacto la Unión Europea funcionó como un amortiguador para el comercio atlántico, la aplicación de la política de aranceles recíprocos golpeó con distinta intensidad a las diversas regiones del globo. El mapa del comercio internacional tras un año de vigencia arancelaria muestra una marcada divergencia geográfica, en realidad, que depende en parte de los vaivenes de Trump, de las presiones internas y de los cambios de juguete, según se iba cansando del anterior. 

En el caso que tenemos más cercano, el europeo, lejos de sufrir una contracción, los datos oficiales del primer año posterior al acuerdo UE-EEUU muestran una solidez notable. Las exportaciones de bienes de la UE hacia la otra ribera atlántica aumentaron un 3,5% en 2025, pasando de 536.000 millones de euros a 555.000 millones de euros, consolidando a la UE como el primer proveedor de bienes del mercado estadounidense. Por su parte, las exportaciones de EEUU hacia el bloque comunitario crecieron un 5,4%, situándose en 356.000 millones de euros.

El saldo comercial global cerró con un superávit de bienes para la Unión de 198.000 millones de euros, mientras que EEUU registró un superávit en el comercio de servicios de 178.000 millones de euros. De este modo, la brecha neta real entre ambas potencias se redujo a unos 20.000 millones de euros, lo que representa apenas el 1% del comercio total. Esta "complementariedad", como la llaman en Yale, basada en bienes manufacturados de alto valor europeo frente a servicios financieros, digitales y suministros energéticos estadounidenses ha permitido mantener un equilibrio estable.

En el caso de China y el Sudeste Asiático, la realidad des de "fragmentación" y "gran triangulación". Y es que el verdadero frente de batalla arancelario se libró en el Pacífico. Con tarifas que superaron el 60% en numerosos sectores tecnológicos, industriales y de bienes de consumo masivo, el comercio directo entre Pekín y Washington sufrió una severa reducción.

No obstante, análisis de centros de investigación como HKTDC Research (Hong Kong Trade Development Council) revelan que el flujo de productos chinos hacia el mercado estadounidense no desapareció, sino que se transformó mediante procesos de triangulación comercial y cambio de origen. Países como Vietnam, Malasia, Indonesia y México se convirtieron en los grandes intermediarios del comercio global. Por ejemplo, componentes fabricados en China eran ensamblados o procesados marginalmente en países de la región ASEAN para posteriormente ser exportados a suelo norteamericano bajo esquemas arancelarios más favorables, un fenómeno que ha obligado a las autoridades aduaneras de Washington a intensificar las inspecciones y endurecer las reglas de origen.

Para América Latina, el balance de este primer año es agridulce. México, que fue una de las primeras dianas del trumpismo, junto a Canadá, logró preservar en gran medida su posición privilegiada gracias al Tratado entre estos dos países más EEUU, el T-MEC, aunque se vio sometido a un escrutinio sin precedentes por parte de las autoridades estadounidenses en relación con el contenido de acero y componentes de origen asiático en sus exportaciones automotrices.

Las economías de América del Sur que exportan materias primas y alimentos no procesados (como Brasil, Chile y Colombia) experimentaron un impacto directo moderado, dado que EE. UU. eximió de altos aranceles a recursos naturales no disponibles localmente. Sin embargo, estas naciones sufrieron los efectos indirectos de la desaceleración del comercio industrial chino y las fluctuaciones en las tasas de cambio de las divisas emergentes.

Vista interior de una tienda de H-E-B, preparándose para abrir sus puertas en el norte de Texas (Estados Unidos), el 19 de mayo de 2026.
Vista interior de una tienda de H-E-B, preparándose para abrir sus puertas en el norte de Texas (Estados Unidos), el 19 de mayo de 2026.Juan Figueroa / The Dallas Morning News via Getty Images

Fractura interna en lugar de El Dorado

Dentro de las fronteras de EEUU, la política arancelaria ha generado ganadores y perdedores claramente diferenciados. Por un lado, el Departamento del Tesoro estadounidense ha registrado ingresos fiscales récord por concepto de derechos aduaneros. Decenas de miles de millones de dólares ingresaron en las arcas públicas, fortaleciendo el discurso del gobierno sobre la captación de recursos procedentes del comercio exterior.

Por otro lado, la comunidad empresarial estadounidense presenta un balance amargo. Las pequeñas y medianas empresas industriales que dependen de maquinaria, piezas de recambio o materiales especializados no fabricados en el país se han visto obligadas a lidiar con aumentos de costos operacionales y largos trámites aduaneros para solicitar exenciones.

Un informe de la Red de Periodismo Económico de la BBC en Washington destaca que la prometida reactivación masiva del empleo industrial en el Rust Belt (el cinturón industrial estadounidense) ha sido desigual. Se han anunciado importantes inversiones en plantas de semiconductores y baterías -respaldadas por los compromisos de compra e inversión asumidos por socios europeos y asiáticos-, la construcción y puesta en marcha de estas instalaciones requiere años, lo que deja a los fabricantes locales expuestos en el corto plazo a insumos más caros.

No es de extrañar, pues, que el 65 % de los estadounidenses considere que las políticas arancelarias perjudican la economía del país, según la media de las encuestas aportada por El País. El descontento ciudadano con las medidas de protección comercial se ha intensificado tras la reciente aprobación de una orden ejecutiva que impone nuevos aranceles de entre el 10 % y el 12,5 % a más de 60 socios comerciales, incluidos España y el resto de la Unión Europea, del pasado julio. 

De acuerdo a una encuesta de ABC News, el Washington Post e Ipsos, aproximadamente siete de cada diez estadounidenses afirman gastar más en alimentos que el año pasado y cerca de seis de cada diez dicen gastar más en servicios públicos. Otros cuatro de cada 10, aproximadamente, afirman gastar más en atención médica, vivienda y gasolina que el año pasado. Y eso lo notan en los bolsillos no sólo los demócratas, sino los republicanos y los independientes, cuando en noviembre hay elecciones legislativas de mitad de mandato y el partido de Trump puede perder la mayoría de la Cámara de Representantes o del Senado. 

Según se supo en junio, la inflación anual alcanzó su nivel más alto en tres años y se situó en el 4,2 %, según datos de la Oficina de Estadísticas Laborales. Los precios subieron un 0,5 % mensual, impulsados por la guerra entre Estados Unidos e Israel e Irán, según el último Índice de Precios al Consumidor (IPC). El aumento del precio de la energía representó el 60 % de dicho incremento. A los aranceles se han sumado las subidas generalizadas por la guerra de Irán, lanzada en febrero pasado tanto por EEUU como por Israel, que ha bloqueado el paso en el estrecho de Ormuz. Por allí pasaba antes de la contienda el 20% del crudo mundial.

Una mirada por sectores

El sector automotriz, el de los coches, era el candidato número uno a sufrir un colapso. Con los aranceles del 15% aplicados bajo el acuerdo UE-EEU. en lugar del gravamen punitivo amenazado del 25%, gigantes como BMW, Mercedes-Benz, Volkswagen y Stellantis reestructuraron sus cadenas de suministro. Aumentaron la producción de sus plantas ubicadas en territorio estadounidense (como en los estados norteamericanos de Carolina del Sur y Alabama) para abastecer el mercado local, al tiempo que mantuvieron las importaciones de vehículos de gama alta desde Europa, absorbiendo parte del arancel en sus márgenes operativos.

Unos trabajadores ensamblan versiones eléctricas e híbridas del nuevo sedán Mercedes-Benz CLA en la planta de la firma en Rastatt (Alemania), el 4 de junio de 2025.
Unos trabajadores ensamblan versiones eléctricas e híbridas del nuevo sedán Mercedes-Benz CLA en la planta de la firma en Rastatt (Alemania), el 4 de junio de 2025.Florian Wiegand / Getty Images

Por otro lado, el compromiso de la UE de adquirir 750.000 millones de dólares en energía estadounidense durante tres años ha redefinido la mapa energético mundial. Las exportaciones de GNL desde la costa del Golfo de México hacia los puertos de Alemania, Países Bajos y España han alcanzado máximos históricos, consolidando a Estados Unidos como el principal garante energético de Europa tras la desconexión total de los hidrocarburos rusos.

En el ámbito tecnológico, la alianza Pax Silica y el Plan de Acción sobre Minerales Críticos acordados entre Washington y Bruselas han establecido un frente común frente al dominio chino en la cadena de valor de los semiconductores y la Inteligencia Artificial. La UE garantizó compras masivas de microchips avanzados por valor de 40.000 millones de euros, asegurando el suministro para su industria digital a cambio de quedar blindada ante futuros aranceles sectoriales basados en razones de "seguridad nacional" (Sección 232).

El mundo, en su conjunto, ha demostrado en este año una notable capacidad de adaptación, aunque a costa de renunciar al ideal del libre comercio multilateral sin fronteras. Triste, cuando los países, globalmente, se habían dado un marco de actuación, normativo y ético, que funcionaba y que el sistema de Trump prácticamente ha enterrado. La lección principal de este periodo, según se extrae de los informes citados, es que la interdependencia económica entre las grandes potencias occidentales es demasiado profunda para ser desmantelada por decreto. Esa es la conclusión más optimista, pese a todo, que se puede sacar. 

El acuerdo UE-EEUU es la mejor referencia, porque demostró que la diplomacia pragmática y la negociación basada en intereses mutuos pueden contener el proteccionismo de "línea dura", permitiendo que el comercio transatlántico no solo sobreviviera, sino que alcanzara cifras récord en 2025. Ha habido cesiones y nadie puede decir con triunfalismo que ahora estamos mejor, pero se han salvado los muebles, que es lo que defienden las capitales europeas. Como dijo el presidente español, Pedro Sánchez, el acuerdo se "respalda", pero "sin ningún entusiasmo". 

Los retos persisten. Y los que vendrán. El acuerdo político entre Bruselas y Washington carece de un tratado jurídico vinculante permanente y requiere un mantenimiento diplomático continuo. La incertidumbre sobre posibles revisiones arancelarias (sobre todo por las presiones de Bruselas sobre las tecnológicas), el endurecimiento de las normas de origen sobre las importaciones asiáticas y la creciente primacía de la "seguridad económica" -citando al Tax Policy Center- sobre la eficiencia de costos sugieren que las empresas de todo el mundo deberán seguir operando en un entorno donde la política aduanera es tan crucial como la oferta y la demanda.

El comercio global no ha muerto, pero las reglas del juego han cambiado. Si es para siempre o sólo mientras los defensores del MAGA, del Make America Great Again, sigan en el Despacho Oval, el tiempo lo dirá.  

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Redactora especializada en Global. Licenciada en Periodismo y experta en Defensa y Comunicación Institucional por la Universidad de Sevilla. Corresponsal en Jerusalén durante cinco años, colaboró con la SER, El País o Canal Sur. Trabajó en El Correo de Andalucía y fue asesora en la Secretaría de Estado de Defensa. Es autora de 'El viaje andaluz de Robert Capa', Premio de la Comunicación Asociación de la Prensa de Sevilla y jurado del Premio Internacional de Periodismo Manuel Chaves Nogales.

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