Evan, el chico de 16 años que ha ganado 46.000 euros con su tortuga robot que caza microplásticos: "Al principio se iba al fondo de la piscina, era como un ladrillo"
Construído con inteligencia artificial, tiene una autonomía de ocho horas y ni lleva ni motor ni hélices y ni interfiere en los ecosistemas que analiza a su paso.

"Surrealista": esto es lo que le pareció a Evan Budz, de 16 años, que le hayan otorgado un premio de unos 46.000 euros, el pasado mayo, en una feria científica juvenil de la UE Eucys para desarrollar su proyecto de robot autónomo cazador de microplásticos en el agua. Pero, entre sorprendido y encantado, este joven emprendedor cuenta cómo empezó todo. En el verano de 2024, este joven se pasaba el día, a sus 15 años, al borde de la piscina de sus abuelos, en Canadá, intentando lograr algo muy singular, que su robot tortuga marina autónoma nadara. "Recuerdo algunas de mis primeras pruebas, Metía mi robot en el agua y se hundía hasta el fondo. No nadaba, no regulaba su profundidad, era como un ladrillo", explica Budz, que vive en el pueblo canadiense de Dundas, según ha publicado Business Insider.
Evan se había quedado prendado de las criaturas acuáticas durante un viaje de campamento con su familia, a principios de este año, por la zona rural de Ontario, en el centro este de Canadá. "Vi una tortuga mordedora nadando en el agua con movimientos muy naturales y me inspiró para desarrollar un robot que la imitara", relata.
El robot tortuga de Evan se llama BURT (Underwater Robotic Turtle, en sus siglas en inglés) y usa inteligencia artificial para vigilar ecosistemas acuáticos y detectar señales de deterioro ambiental. Su gran logro es que puede estudiar lo que ocurre bajo el agua sin alterar lo que intenta proteger, es decir el entorno marino. Para ello, según cuenta este joven inventor, imitar el nado de una tortuga tiene mucho más sentido del que parece.
Lo que diferencia a BURT de otros robots de este tipo es precisamente que imita el movimiento de una tortuga. Se desplazarse de una manera suave por el agua, sin apenas ruido y sin impacto sobre los animales y los hábitats delicados, lo que ha logrado inspirándose en la biomimética. Ésta consiste en copiar soluciones de la naturaleza para resolver problemas técnicos, por lo que su creador evitó usar una hélice o un motor agresivo y lograr que se impulsara con el movimiento natural de unas aletas.
Con él se pueden identificar amenazas como especies invasoras, blanqueamiento de coral y microplásticos. En concreto, en pruebas de blanqueamiento de coral, el sistema alcanzó una precisión del 96%, lo que es un primer paso para crear una herramienta de bajo coste basada en la IA, y que puede perfeccionar este joven gracias a la primera beca que le han concedido por su genial idea.
El cuerpo de BURT es acrílico y dentro tiene todos los componentes que necesita, como un microordenador Raspberry Pi, encargado de ejecutar los modelos de inteligencia artificial, registrar información y transmitir los datos recogidos durante la misión. También cuenta con una batería de litio que le da una autonomía de ocho horas, así como una cámara frontal, un GPS para orientarse y varios sensores. Y la IA permite a esta pequeña tortuga robótica controlar la profundidad a la que se mueve y seguir patrones de búsqueda definidos previamente.
